lunes, septiembre 24, 2007

Josep Borrell, ¿Quien es el culpable?

martes 25 de septiembre de 2007
Política monetaria y sistema financiero. ¿Quién es el culpable? Josep Borrell

Bernanke decidió jugar fuerte bajando medio punto el tipo director de la Reserva Federal y las bolsas mundiales, que esperaban menos, respondieron con fuertes alzas. Pero Bernanke ha aprendido de la experiencia de Greenspan que, en 1998, se quedó corto en su reducción para hacer frente a la quiebra de los fondos especulativos y tuvo que aumentarla 15 días después.
Tal como están las cosas, una reducción menor no hubiera aportado la necesaria confianza ni evitado que un endurecimiento de las condiciones del crédito agravase la caída del mercado inmobiliario. Y el comité de política monetaria de la Fed no ha podido ser más claro al explicar las razones de una decisión que rompe el ciclo de 17 subidas consecutivas de los tipos de interés americanos iniciado en junio del 2004: evitar que la crisis de las subprime degenere en una recesión.
Razones no le faltan a Bernanke para actuar enérgicamente y aliviar la situación de las familias peligrosamente endeudadas. En el mercado inmobiliario americano lo peor está por venir y el 2008 será peor que el 2007. El número de fallidos hipotecarios aumenta y, según el Federal Deposit Insurance, 1,5 de las 2,5 millones de familias modestas que han contraído una hipoteca no podrán hacer frente al aumento de sus cuotas.
Para el 60% de ellas sus cuotas aumentarán un 25% y para el 20% hasta un 50%. Ello se debe al aumento de los tipos de interés, recuérdese que el tipo director de la Fed era el 1% en el 2004 y ha escalado hasta el 5,25%. Pero también a las condiciones extremadamente arriesgadas en las que se han concedido mucho créditos hipotecarios, a tipos artificialmente bajos los primeros años a cambio de tipos muy altos después.
Un continuo incremento de valor de los inmuebles era el parachoques con el que contaba el comprador. Y la entidad financiera se quitaba de encima el riesgo convirtiendo el préstamo en títulos que colocaba en el mercado secundario. “Titulizar” es la palabra clave de esta crisis.
Pero con los precios a la baja y los mercados paralizados por la desconfianza, ni unos pueden vender sus casas ni los otros pueden ya colocar sus bonos. Y si este año se han incrementado las cuotas de 400.000 millones de dólares de hipotecas subprime, se estima que el año que viene el aumento afectará a 680.000 millones ya concedidos.
Ante este panorama, subir los tipos de interés hubiera sido echar leña al fuego de un incendio provocado por los excesos de la sofisticación y la falta de regulación y transparencia del sistema financiero y de sus productos derivados. Con razón los ministros de Economía europeos han pedido, el pasado día 15, que se estudie la forma de mejorar la transparencia de los instrumentos “complejos” que se han desarrollado a medida que los bancos convertían en títulos negociables los créditos que concedían.
Pero estas piadosas intenciones llegan tarde. La crisis desatada por las subprime está cambiando muchas cosas y los inversores huyen de productos cuyo nivel de riesgo real nadie parece ser capaz de evaluar.
También parece llegada la hora de saldar cuentas y buscar responsables del desaguisado. Las críticas se han vuelto hacia el venerado Greenspan, al que se quiere tirar del pedestal en el que se le había colocado, culpándole de haber mantenido una política monetaria laxista, de tipos de interés demasiado bajos durante demasiado tiempo, que ha empujado a las familias americanas a un endeudamiento insostenible.
A Greenspan le cuelgan hoy el sambenito de bombero pirómano por haber atajado el fuego de la larga serie de crisis del capitalismo, especialmente la del 2000 ligada al fin del espejismo de la “nueva economía”, con la gasolina de rebajas de tipos.
La valoración que se hace de la política monetaria de Greenspan es especialmente interesante porque enfrenta las responsabilidades de los gestores de la política monetaria con las de los gestores del sistema financiero.
Ciertamente, una política de tipos bajos ha impulsado a las familias americanas a endeudarse para pagar a los obreros que construían sus casas, y lo mismo ha pasado en España. Pero habría que preguntarse qué hubiera pasado si ese endeudamiento no hubiese contribuido a sostener la demanda de una economía mundial en la que los países emergentes y los productores de petróleo generan un exceso de ahorro del orden de 800.000 millones de dólares. Seguramente una recesión económica que hubiera afectado gravemente a las economías occidentales, entre ellas la nuestra, y una grave guerra comercial.
Pero los males que se evitan no se resienten tanto como los que se padecen. La política de tipos bajos de Greenspan ha evitado esa recesión planetaria y no creo que sea la responsable de la crisis de las subprime. Los responsables son los agentes financieros que, para expandir su negocio, han concedido créditos que nunca se hubieran debido dar, a tipos de usura y a clientes poco solventes, sabiendo que el riesgo que asumían lo iban a “titulizar” y transferir al mercado de obligaciones con la complicidad o la inoperancia de las agencias de evaluación de riesgos.
Las lecciones que se pueden sacar de esta experiencia se refieren más al funcionamiento del sistema financiero, al comportamiento de sus agentes y a la vigilancia que se ejerce sobre ellos, que a la política monetaria.
Nos guste o no, la realidad es que hoy hay regiones del mundo que producen un exceso de ahorro que tiene dificultades para circular. Y el verdadero problema es que se dirige hacia donde la dinámica especulativa lo aspira más que a financiar las inversiones necesarias para un crecimiento equilibrado, y socialmente más equitativo, de la economía global.
josep.borrellfontelles@europarl.eu.int

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