lunes, septiembre 24, 2007

Lorenzo Contreras, Sin cuartel para el Rey; distinto es para Zp

martes 25 de septiembre de 2007
Sin cuartel para el Rey; distinto es ZP Lorenzo Contreras

Al mismo tiempo que ETA, a través de Gara, rompe ruidosamente el perfil confidencial de sus repetidos contactos con el PSOE y con los enviados de Zapatero, que viene a ser lo mismo, la ofensiva contra la Corona desde Cataluña y el País Vasco, por parte de los nacionalistas, se va acentuando. Al Rey no se le perdona que lo sea, y en las circunstancias en que lo ha sido, del mismo modo que a Zapatero no se le permite la entrada “bajo palio” en el templo de la reelección electoral, aunque se le facilite la victoria en marzo, que es lo que a ETA le conviene. Un aspecto de la realidad, este último, que ahora descubren algunos con carácter de hallazgo exclusivo, cuando en verdad algún que otro comentarista —yo mismo, por ejemplo— hace meses y meses que venimos señalándolo.
Ahora salen esos con “la novedad” de que “no matar” ha sido, desde que ZP gobierna, una de las premisas del entendimiento para que la operación de asegurarle al actual ocupante de la Moncloa un nuevo mandato de cuatro años, y los que puedan añadirse, se convierta en realidad. Pues claro. ETA no ha matado porque no ha querido, y si mató en la terminal de Barajas fue porque no pudo sospechar que dos ecuatorianos se habían quedado durmiendo en sus coches allí aparcados. Lo que la banda —diga lo que diga ahora— no descubre para nada es que el “quinto mandamiento” entraba en los iniciales términos del pacto y del precio político. Un precio que, extendido en plan de compensación a la impunidad de los etarras y al programa de brazos caídos de la Policía y de los jueces, no podía ser aceptado por el Gobierno antes de las elecciones de marzo. Luego ya se verá.
A ETA, con esta actitud negativa del Gobierno en ese punto concreto, se le facilitaba una temporal retirada, siempre relativa, a sus cuarteles preelectorales de invierno. Alguna bomba que otra, eso sí, procurando no matar todavía, encajaba en el marco de la componenda. Lo mismo que una intensificación de la kale borroka y un mantenimiento de las extorsiones a empresarios. La Guardia Civil era “avisada” en Durango, por ejemplo, de que ETA puede seguir matando, no faltaba más.
La banda sabe, y así lo manifiesta con toda crudeza en su extenso comunicado sobre el “proceso de negociación” (que Gara facilita), hasta qué punto Zapatero practica el silencio elocuente y permisivo cada vez que le preguntan cuáles son sus futuros planes “de pacificación”. Y de paso se hace de la Corona, en combinación con los nacionalistas más radicales de Cataluña, uno de los objetivos que pueden servir para perfilar el gran vuelco de la situación cuando llegue la coyuntura propicia.
La verdad es que el Rey ha procurado mostrarse flexible con quienes buscan su perdición. Se nos ha olvidado que en la Pascua Militar de 1999, siendo presidente del Gobierno José María Aznar, Don Juan Carlos comentó que convenía mantener los iniciales contactos con la banda o con su entorno, pese a que la organización terrorista había enviado a sus encapuchados, con cócteles molotov, a las proximidades de la casa Cuartel de la Guardia Civil en Getxo, Bilbao. Hablaba el monarca a los periodistas que cubrían la clásica ceremonia del palacio real. Y decía, contra la opinión de Aznar, que “los atentados son compatibles con el diálogo y la participación en las instituciones democráticas”. Todo un anticipo de lo que después ha venido y, en apariencia, se tambalea.
El Rey estaba en línea con aquella famosa frase suya dirigida al nacionalista republicano Benach, presidente del Parlamento de Cataluña: “Hablando se entiende la gente”. Y tanto. Ya se está viendo.
Meses después, Iñaki Anasagasti, senador por el PNV, atacó a la familia real, ya en el marco ambiental de la famosa viñeta de El Jueves. El senador profetizó que la permanencia de la familia real en los palacios de La Zarzuela y Marivent “tiene fecha de caducidad”. O sea, guerra política sin cuartel.

No hay comentarios: