martes, noviembre 06, 2007

Jose Javaloyes, Un guion marroqui ajeno a la realidad

miercoles 7 de noviembre de 2007
Un guión marroquí ajeno a la realidad
José Javaloyes
Es insostenible la calificación de Ceuta y Melilla como “territorios coloniales” hecha el lunes por el primer ministro marroquí, Abás el Fasi, como prólogo al comunicado de la Casa Real Alauí sobre la visita de los Reyes de España a Ceuta y Melilla. El calificativo de colonial aporta el fondo a lo posteriormente manifestado en esa nota de Palacio. Lo de Abás el Fasi es el marco y el fondo de la cuestión. La calificación de un territorio como colonial debe hacerla la Organización de las Naciones Unidas. Y es algo que se instrumenta por medio de la inscripción en la correspondiente Agenda.
Siempre le fue rechazada a Marruecos esa inscripción cuando la solicitó, lo cual viene a significar que estas descalificaciones hechas ahora carecen de todo soporte jurídico. Únicamente tienen un significado político; lamentable y hostilmente político para España. Las cosas son así y de nada vale cual sea, al respecto, el esgrimido sentimiento del pueblo marroquí. Será de una manera o será de otra conforme haya sido el tratamiento que el sistema haya dado a esta cuestión o a cualquiera otra en referencia a España.
Conforme a la legalidad internacional, por tanto, ni el primer ministro marroquí, Abás el Fasi, ni la Casa Real de Rabat tienen derecho alguno a considerar, explícita o implícitamente, como colonial la condición de Ceuta y Melilla. Y por consecuencia, esgrimir esa calificación, especialmente con ocasión de la visita de los Reyes, no sólo es acto jurídicamente irrelevante sino un proceder específicamente inamistoso.
Para “praxis” colonialista efectiva y presente, todo cuanto se deriva del hecho que ayer celebraba el Imperio Jerifiano. Esa Marcha Verde que interrumpió el proceso decolonizador en que se encontraba el Sahara Occidental. Y que, no se olvide, fue el primer problema internacional con el que hubo de lidiar Don Juan Carlos, que a la sazón se encontraba en funciones de Jefe de Estado, ya que Franco había entrado en su larga agonía, que le llevaría a expirar dos semanas después.
Habrá llegado por tanto la hora de suspender, en tanto esta actitud marroquí no cambie, la calificación de “excelentes” en que todavía se insiste por parte del Gobierno español, dentro del marco de su lamentable y ruinosa diplomacia.
No cabe pasar por alto, ante este cuadro de desvaríos jerifianos, el hecho de que la constatación por parte de Hassan II de que era imposible meter en Naciones Unidas las pretensiones anexionistas sobre Ceuta y Melilla, le llevó a la propuesta aquella de que se estableciera una “célula de reflexión” hispano-marroquí sobre el futuro de las dos ciudades españolas. En esta onda, con la que ha podido sintonizar cierta izquierda española, puede haber estado el eje del cambio diplomático del ultraligero Rodríguez. Un cambio definido por la abjuración implícita del principio que llevó a recuperar Perejil al Gobierno de José María Aznar.
El rebote de la Casa Real alauí, la dureza de sus expresiones condenatorias de la visita de los Reyes, ha podido derivarse, en algún modo, de las expectativas generadas por el giro diplomático español, que ha puesto del lado jerifiano, tras de la retirada de las tropas españolas en Iraq, el apoyo norteamericano junto al apoyo francés que siempre tuvo.
Pero ¿qué autoridad, moral o política, tiene aquella Casa Real para “condenar” la visita, cuando ésta se inscribe en el interno ejercicio de la normalidad institucional española? Ninguna. ¿Qué títulos le apoyan para denunciarla? Ninguna. Y nada es lo que hay que negociar, puesto que todos los derechos concurrentes son españoles. Sobran además las amenazas sobre las eventuales consecuencias de la visita de los Reyes de España en el futuro de las relaciones hispano-marroquíes. Nada inalienable, no disponible, puede ser dispuesto por España para mantenerlas. Allá ellos.
Puestas así las cosas, la normalidad de las relaciones de España con Marruecos —pese a la repetida expresión aquella de Hassan II de que los dos países estaban “condenados a entenderse”— puede resultar más impracticable que lo del túnel de enlace entre las dos orillas del Estrecho de Gibraltar. La película sobre Ceuta y Melilla que se han montado nuestros vecinos, nada tiene que ver con el guión de la realidad.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=07/11/2007&name=javaloyes

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