martes, septiembre 25, 2007

Zapatero, ecologismo electoral

miercoles 26 de septiembre de 0207
Zapatero, ecologismo electoral
EN términos objetivos, la dimensión internacional de España durante la presente legislatura es muy inferior a otras etapas recientes. Alérgico a la política exterior, Rodríguez Zapatero realiza gestos y cultiva amistades que sitúan a nuestro país en un nivel de influencia en el mundo y la Unión Europea muy por debajo del que le corresponde. Su reducida agenda de contactos bilaterales en Nueva York es fiel reflejo de ese papel secundario, que supone una rémora para los intereses nacionales en el mundo globalizado. Lejos de rectificar, el presidente del Gobierno sigue empeñado en una cruzada inútil contra la Administración Bush, que se traduce ahora en la negativa a que Washington asuma el liderazgo de la lucha contra el cambio climático. La retórica multilateralista y el empeño en presentar a la ONU como una especie de asociación benéfica son la expresión del «buenismo» a escala universal, una vez que los hechos han reducido la Alianza de Civilizaciones a su verdadera condición de ocurrencia inconsistente. En contraste con el giro que han imprimido en sus respectivos países Merkel o Sarkozy, Zapatero parece incapaz de cambiar el paso de unas posturas anquilosadas en los momentos determinantes de la guerra de Irak, tal vez para continuar practicando esa insólita oposición retrospectiva que desarrolla el PSOE desde que ganó las elecciones. Sin embargo, un país desarrollado, situado a las puertas del G-8 y con notables intereses empresariales y sociales que defender, no puede practicar una política exterior inspirada en discursos propios de una asamblea de facultad en la época «progresista».
El cambio climático es un asunto muy serio que la comunidad internacional debe afrontar con rigor y buen sentido. Es notorio que Estados Unidos se muestra renuente a cumplir con Kioto, pero hay muchos que no están en condiciones de tirar la primera piedra. Sin ir más lejos, España se sitúa hoy día con un 33 por ciento más de emisiones tóxicas de las permitidas y, en cifras globales, es el país desarrollado que menos CO2 logra reducir. Estos datos no se compensan con la aportación de fondos a los organismos internacionales o con la organización de reuniones de expertos en nuestro país. Convertir una materia que afecta al bienestar de las próximas generaciones en un pretexto político de carácter coyuntural supone la utilización oportunista de un peligro cierto. Por supuesto, Zapatero actúa también aquí con fines electoralistas, alzando la bandera del ecologismo a efectos puramente internos para hacer guiños a los sectores más sensibles al mensaje «verde». A diferencia de su resignación en otros actos más relevantes, es llamativo que Miguel Ángel Moratinos haya movilizado esta vez a nuestra diplomacia para conseguir un lugar en la cena organizada por Naciones Unidas. En todo caso, los resultados prácticos son muy limitados y no parece que los grandes medios internacionales hayan prestado atención alguna a las palabras del jefe del Ejecutivo español.
Más allá de las simpatías o antipatías que suscita su figura, Al Gore ha conseguido alzarse al estrellato universal gracias al cambio climático. Esta es la expresión de que la gente se preocupa de verdad por un problema de máxima trascendencia social, económica y geoestratégica. La calidad de vida en los próximos años depende decisivamente de un enfoque inteligente y solidario de la política de medio ambiente, orientada hacia la búsqueda de soluciones eficaces y no hacia protagonismos estériles y coyunturales. Una vez más, Zapatero ha mostrado su irrelevancia en la escena internacional. Así seguirá mientras actúe como un líder marginal que desconoce las exigencias del realismo diplomático y pretende plantar cara a una superpotencia que se limita a ignorar su existencia, con las desventajas que ello supone para nuestros intereses. El PSOE prolonga artificialmente una legislatura ya agotada en busca de algunos gestos útiles a la hora de conseguir votos. Esta vez, ha pinchado en hueso. Como siempre que se asoma al exterior, el presidente del Gobierno no ha conseguido nada concreto y ha vuelto a pasar inadvertido.

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