martes, septiembre 25, 2007

Pizarro, adios con los deberes cumplidos

miercoles 26 de septiembre de 2007
Pizarro, adiós con el deber cumplido
MANUEL Pizarro se ha despedido de los accionistas de Endesa como un triunfador en la Junta General que ha aprobado el cambio de los estatutos para eliminar los blindajes. Con elegancia, ha entregado la empresa a sus nuevos propietarios tras una larga y tortuosa operación de acoso y derribo en la que ha sabido mantener la dignidad y, sobre todo, el valor de la compañía. Aunque el plazo de aceptación de la opa de Acciona y Enel no termina hasta el 1 de octubre, salvo una auténtica sorpresa todo está ya decidido porque estas compañías han aprovechado con inteligencia los resquicios de la legislación entonces vigente y controlan ya el 46 por ciento de las acciones.
Pizarro se va con la satisfacción del deber cumplido. Si el objetivo de todo administrador es maximizar el valor de la compañía, Pizarro puede presumir de haberlo hecho con creces. Sólo su resistencia numantina, sus aciertos en la gestión y su confianza en el valor de Endesa han hecho posible que esta empresa, que cotizaba a 16,80 euros antes de la opa de Gas Natural hace ahora poco más de dos años, termine vendiéndose a 41,3 euros más una prima de asistencia a la Junta de 0,15 euros. Quizá le quede la pequeña amargura de no haber podido asegurar el futuro de una empresa unida, pues es muy probable que, con su salida, Endesa se reparta entre sus nuevos propietarios y sea sacada de Bolsa tras la finalización del período de aceptación de la oferta.
Pero Pizarro ha tenido que jugar con las cartas marcadas por un Gobierno que ha hecho del acoso una política de Estado y no ha dudado en modificar las leyes para facilitar la toma hostil de la empresa, enfrentarse a la Comisión Europea y ser sancionado por ello, y derribar el prestigio e independencia de instituciones reguladoras como la Comisión Nacional de la Energía, el Tribunal de Defensa de la Competencia y la Comisión Nacional del Mercado de Valores. En esta hora agridulce de la despedida, Pizarro tal vez se acuerde de que no dirigía sus naves a luchar contra los elementos, pero su resistencia pasará a la pequeña historia de las batallas empresariales y su caso se estudiará en las escuelas de negocio de todo el mundo. Supo anteponer el valor de la acción a sus intereses personales y, al hacerlo, ha provocado un cambio en la legislación sobre adquisiciones empresariales para poner límite a la ventaja con la que jugaban los corredores agazapados en la segunda vuelta, como los describió con acierto el presidente dimisionario de la CNMV.
Es el Gobierno el que ahora debe recapacitar. No ha conseguido ninguno de sus objetivos: no ha garantizado la españolidad de la compañía, ni el mantenimiento de un proyecto empresarial autónomo; ni siquiera ha evitado que caiga en manos de una empresa pública. Sólo se ha cobrado una víctima personal en su afán revanchista y dominador del tejido empresarial. Manuel Pizarro ha evitado que, además, lo hiciera a precio de saldo.

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