martes 25 de septiembre de 2007
Jaque al Rey Pablo Sebastián
La nación española, “discutida y discutible”, que devaluó Zapatero ante los ojos de todos los españoles para hacer sitio a la “nación catalana” en el nuevo Estatuto de Cataluña, con el que el jefe del Gobierno pretendió abrir la puerta a la negociación con ETA de cara al nuevo Estatuto vasco, está siendo objeto de toda una cadena de ataques y de amenazas por parte de los partidos nacionalistas. Los que no han dudado en implicar al Rey entre sus objetivos, vista la gran influencia mediática de estas agresiones —en la que ha entrado a saco la “televisión del corazón”—, que se acompañan con otras a la bandera de España y permanentes desafíos a la legalidad, cuando no a las instituciones.
Y a no perder de vista otras insidias contra la Corona y la persona del ex presidente Adolfo Suárez, quien, por enfermedad, no puede responder a las palabras que se ponen en su boca en un libelo del eurodiputado del PP Luis Herrero, conocido colaborador de la COPE (la emisora episcopal donde no se pierden las oportunidades para atacar a la familia real) con citas sobre ciertas insidias económicas, una presunta petición de Suárez de abdicación al Rey y la actuación del monarca en el golpe de Estado del 23F. Asunto este último sobre el que el eurodiputado del PP (impuesto por Aznar en las listas del partido) debería explicar aquella portada del diario Mediterráneo (que en ese tiempo dirigía) en la que destacó los “almendros en flor”, la consigna para el inicio del golpe.
Las agresiones y despropósitos de los nacionalistas no sólo emanan de sus sectores más radicales, sino que también parten de dirigentes de nivel en PNV, EA, CiU y ERC, con provocativas declaraciones de personajes como Ibarretxe, Pujol, Maragall, Carod-Rovira, Puigcercós y Erratzi, entre otros, y en las que el común denominador incluye un llamamiento a favor de una desobediencia cívica al Estado, es decir, a la legalidad (reuniones con Otegi, huelga fiscal, referendos ilegales, etc.).
La causa de todo este revuelo no es otra que la decisión de Zapatero de dar alas a una España confederal que no existe, creando en Cataluña y el País Vasco expectativas de autogobierno soberanista hacia la independencia, que luego el presidente del Gobierno ha tenido que rectificar de manera brusca, al chocar contra la Constitución y fracasar su pueril intento de apaciguamiento del nacionalismo moderado y radical, ETA aquí incluida. La consecuencia de todo ello es que muchos dirigentes del nacionalismo, por distintos motivos, se han visto engañados por el jefe del Gobierno, que no cumple lo prometido —“apoyaré el Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”, dijo en Barcelona ante Maragall, como prometió a Artur Mas la presidencia de Cataluña si CiU sacaba, como ocurrió, más votos que el PSC— y ha empezado a dar marcha atrás, ante la deriva de sus disparates y de la proximidad de las elecciones generales del próximo mes de marzo del 2008.
Elecciones en las que tampoco convendría descartar que algunos partidos nacionalistas o no —ayer en el diario El País el articulista Antonio Elorza le sugería a Rosa Díez y Savater que incorporaran a su nuevo partido UPD la cuestión republicana, para diferenciarse del PP—, incorporen la cuestión de la monarquía en su programa electoral.
En todo caso, la nueva bronca nacionalista, que también está en campaña, tiene visos de empeorar si se confirma que, tras las elecciones del 2008, ni el PSOE ni el PP van a conseguir una mayoría suficiente para gobernar, lo que anuncia una crecida del poder y de la influencia de los nacionalistas, hoy subidos a las barbas del Estado a no ser que, tras un mal resultado de Zapatero, se dé paso a una gran coalición PSOE-PP, al estilo de la alemana.
Pero mientras tanto, y cuando las grandes cadenas de televisión ocultan el fracaso y las graves consecuencias de la cabalgada confederal de Zapatero, estamos asistiendo a un continuado ataque a la Corona, considerada flanco débil del Estado por el eco mediático que esta agresión alcanza en toda la prensa nacional, sin que el Gobierno sepa qué hacer, después de haberse equivocado con el secuestro de la revista El Jueves.
Dando, con todo ello, una imagen de inestabilidad institucional a la que se suma la crisis económica en ciernes, y la debilidad y escasez de liderazgo de los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP. Y aunque es cierto que, por el momento, estamos más en el campo de la polémica y del ruido que de las consecuencias políticas y económicas inmediatas, no es menos cierto que todo ello abre en el horizonte un tiempo de inestabilidad.
lunes, septiembre 24, 2007
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