lunes, septiembre 24, 2007

German Yanke, Muerte en Afganistan

martes 25 de septiembre de 2007
Muerte en Afganistán Germán Yanke

Dos soldados muertos y tres heridos en Afganistán. El Ejército español vuelve a sufrir el esfuerzo por pacificar un país que necesita la cooperación militar internacional para poder vivir, para superar el bárbaro embate de los totalitarios talibanes y para poder ir acercándose a los mínimos de un sistema democrático. No es sólo una ayuda a Afganistán, sino también a nosotros mismos, porque los enemigos contra los que se lucha allí son también los que propician el terrorismo internacional del que todos somos objetivo.
Desde luego, no estamos ante una cooperación llamada “humanitaria” si por tal se entiende sólo ayudar a la población, poner a disposición de algunas aldeas conocimientos tecnológicos o colaborar para reducir la pobreza. Estamos en Afganistán en acciones militares en el seno de coaliciones militares con objetivos militares. Todo lo demás es palabrería.
La oposición pedía ayer al Gobierno que se reconozca el riesgo de estas operaciones y que se considere a las víctimas, a efectos de honores, caídos en acción de guerra. La primera parte del ruego ya ha sido cumplida: nunca el Ministerio de Defensa, y desde luego después de la muerte de otros soldados, ha negado el peligro, nunca se ha dicho que la zona en la que están los militares españoles en la base de Herat sea una región simplemente hortofrutícola. En la segunda parte de la petición tiene seguramente razón el PP y el Gobierno debería dejar a un lado la retórica burocrática sobre lo que sea una acción de guerra y honrar a nuestros soldados, estos de ahora y los de antes, con las máximas distinciones. No es un consuelo para las familias de los caídos, sino un derecho que corresponde a su entrega y a sus misiones.
Lo lamentable es que, nada más conocerse las muertes en Afganistán, el dolor y las declaraciones de pesar se vean empañadas por un debate político que, en una política de Estado como las misiones militares en el extranjero, debería de una vez por todas ser obviado mediante un pacto serio entre el Gobierno y la oposición, entre el PSOE y el PP. Que debería haber sido ya pactado y no estar al albur de aparecer en momentos tan trágicos como los de ayer mismo.
Si el Gobierno debe olvidar la retórica pacifista que no encaja ni con la realidad ni con nuestras obligaciones internacionales, el PP no puede —ni por decoro— volver a lo del reconocimiento del peligro cada vez que hay un muerto y olvidarse de una política internacional en la que sería interesante conocer su voz y su compromiso. El líder de la oposición conservadora en el Reino Unido, David Cameron, ya ha estado en Afganistán para apoyar a sus tropas y conocer de primera mano la situación… y los peligros. El del PP aún no.

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