jueves, julio 19, 2007

Pablo Sebastian, El centro derecha, sobre el volcan

jueves 19 de julio de 2007
El centro derecha, sobre el volcán Pablo Sebastián

Da la impresión de que algo se mueve, aunque sea tarde, en torno al “centro derecha” español en el concepto más amplio de este espacio político que dice representar el PP que lidera Rajoy —lo que no es cierto al día de hoy— y en el que incluyen no sólo este partido sino también los nacionalistas de CiU y PNV, hoy sumidos en serias crisis internas y de identidad, así como otros poderes fácticos que van desde los medios de comunicación hasta las grandes empresas y representantes del sector financiero, la banca incluida. Partidos políticos y poderes fácticos a los que les une una generalizada preocupación por el devenir y la centrifugación de la España que lidera Zapatero, que podría empeorar de manera sensible si el PSOE renueva otros cuatros años el poder, camino de no se sabe qué modelo territorial del Estado, más bien confederal, y de un creciente deterioro de la convivencia nacional y de los pactos de la transición.
Es, en esta compleja situación, en la que destacan la próxima aparición de Rodrigo Rato en Madrid y la petición de Alberto Ruiz-Gallardón de más protagonismo en el PP con presencia en sus listas electorales, en la que se ha empezado a agitar el magma del volcán del “centro derecha”, ante el temor fundado de que Rajoy no sea capaz de liderar una victoria política frente a Zapatero. De la misma manera que toda esta agitación está incitando al palacio de la Moncloa a tomar muy en serio la oportunidad de adelantar las elecciones para impedir que tanto el PP como los nacionalistas y los poderes fácticos de este entorno provoquen una auténtica convulsión interna y acelerada en el epicentro del “centro derecha” español, con vistas a las elecciones de marzo del 2008, tal y como estaban previstas en un principio.
Buena prueba de la inquietud general que se vislumbra en este espacio político está en que, por primera vez, los poderes fácticos del mundo empresarial y financiero parecen ser conscientes de la gravedad de la situación, tanto a nivel nacional como autonómico. Y especialmente en Cataluña y el País Vasco. Ahora se dan cuenta algunos de que, por ejemplo, la operación de La Caixa —a través de Gas Natural— contra Endesa, apoyada desde el palacio de la Moncloa, no sólo fue un grave error que los llevó al fracaso, con esa pretendida fecundación de la OPA de Gabarró, sino que todo ello tuvo altos costes para la presencia financiera de La Caixa en el resto de España, lo que ahora intenta reconducir Fainé. A sabiendas la caja/banco catalán de que aquel golpe de mano fallido no sólo ha provocado daños al sistema financiero y empresarial, manipulando y desprestigiando órganos reguladores como la CNE y la CNMV, sino que todo ello ha traído consecuencias para el empresariado catalán en general (crisis del cava) y para los nacionalistas moderados de CiU, que han entrado en crisis y se ven, por muchos años, marginados en la oposición catalana frente al tripartito de Montilla que, con el poderío económico de la Generalitat —fomentado por Pujol— está consolidando un clientelismo político de muy difícil desarticulación. Algo parecido está pasando en el seno del PNV y en el entorno empresarial y financiero del País Vasco, donde Josu Jon Imaz ha levantado la bandera de la prudencia ante los disparates de Ibarretxe —que nada tenían que envidiar a los de Maragall en Cataluña— y el riesgo de que al PNV le pase en el País Vasco lo que ya le está ocurriendo a CiU en Cataluña, por los pactos de Zapatero con la Esquerra. Los que son similares a otros del PSOE con los independentistas del Bloque en Galicia, del Bloc en Baleares, o los que pensaban poner en marcha en Navarra con Nafarroa Bai, si no fuera por la proximidad de las elecciones, o en el País Vasco con Batasuna si no se hubiera roto el llamado “proceso de paz”, dibujando con semejantes alianzas el modelo confederal del Estado español.
Al horizonte de inestabilidad política que ofrecen los pactos “confederados” de Zapatero con los nacionalistas radicales e independentistas se une a la preocupación general por los varios avisos que está dando la economía española en el sector de la construcción. Y todo ello, y las propias crisis internas del PP, CiU y PNV, está obligando a una reflexión y a encuentros discretos y novedosos en el ámbito de ese “centro derecha”, político, autonómico y empresarial/financiero, en búsqueda de una salida razonable y a corto plazo, si es que —insistimos en ello— el Gobierno no adelanta las elecciones generales, lo que nadie debe descartar.
Las cosas han ido demasiado lejos, el mundo económico y financiero se ha olvidado mucho tiempo de la política, y los nacionalistas de CiU y PNV y el PP de Rajoy han perdido más de tres años. En especial el PP, que se ha quedado en la derrota del 2004, sin ser capaz de cerrar el capítulo siniestro de la conspiración del 11M, sin reconocer los errores de la guerra de Iraq, de sustituir en el PP a los autores de la derrota del 2004 (Zaplana, Acebes y la permanente sombra de Aznar/FAES sobre el partido), sin olvidar las soflamas de la Conferencia Episcopal, con su propia “memoria histórica” de los “Mártires de la Cruzada”, la bronca gratuita de la Educación para la Ciudadanía y los insultos permanentes de la COPE a todo el mundo, desde la familia real al Gobierno, pasando por el PP, las instituciones, los profesionales y los políticos más relevantes del momento, todo ello con la bendición o el consentimiento de Blázquez, Rouco y Cañizares.
¿Qué hacer? No hace mucho Miguel Roca, ex dirigente de CiU y abogado de prestigio, declaró, buscando soluciones y puntos de conexión estatal para CiU y PNV, que quizás la solución pase por el nacimiento de un nuevo partido de centro en España, como el que en su día intentó él con el PRD en compañía de Antonio Garrigues. La otra alternativa pasa por un giro al centro de manera urgente y radical por parte del Partido Popular que permita recuperar el diálogo con los nacionalistas moderados, lo que al día de hoy no parece creíble porque Rajoy, tras su oposición de activismo callejero, en compañía de Acebes, Zaplana, Aznar, El Mundo y la COPE, la AVT y la Conferencia Episcopal, difícilmente podría liderar semejante vuelco hacia el centro. Y ello por más que lo haya intentado moderando parte de su discurso y de sus modales, porque al final le sale la pasión inmovilista o la vena conservadora y bronquista, como se vio en el último debate de la nación. Ni le sirve un disfraz de última hora con un programa con el que dice que va a “romper moldes”, ni la indiferente incorporación de personas como Juan Costa —que no es nadie en la política nacional, y cuyo único pasaporte es el de ser amigo de Rato—, y no digamos si se anuncia el regreso de dinosaurios jubilados como Rafael Arias y compañía.
La renovación del PP pasa por un congreso urgente del partido en el que tendrían que ocupar altos cargos de poder y representación Rato y Gallardón. Lo demás son parches que no garantizan una derrota electoral de Zapatero, salvo que el presidente continúe haciendo disparates, o que ETA se decida a organizar una matanza de inocentes. Y si Zapatero adelanta las elecciones, pues entonces ni congreso del PP ni nada, porque Rajoy debió hacer esa convocatoria nada más ganar las elecciones municipales y, una vez más, no se atrevió. Y si hay elecciones anticipadas y gana el PSOE, o si no las hay (y no hay congreso revulsivo del PP) y el PSOE gana en marzo del 2008, entonces adiós al PP. Entonces la idea de Roca de un nuevo partido de centro tendría su razón de ser, porque en caso de derrota y de grave crisis interna del PP, Aznar intentaría recuperar la batuta del partido y ya se sabe para qué.

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