jueves 19 de julio de 2007
La primera comunión
Félix Arbolí
- ¿Has hablado ya con tu jefe? - ¿De qué? - ¡Pero hombre, cómo eres tan despistado, de qué va a ser, de lo de la Comunión de Quique!. - Aún no he podido hacerlo. Ahora tiene mucho follón y no encuentro un momento adecuado para hablarle de ese asunto. - Pues queda menos de dos meses y hay que encargar el vestido, elegir el restaurante y la comida y hacer la lista de invitados. Quiero que todo salga muy bien, para evitar el cotilleo de las vecinas y amigas, aunque nos tengamos que entrampar hasta las cejas, ya lo iremos pagando como podamos… - No creo que me ponga pegas para avalarnos el crédito del banco. El tiene el cobro en sus manos, con descontárnoslo a fines de cada mes, asunto concluido. Yo creo que con tres mil euros tendremos bastante, ¿no?. - Quizás fuera mejor pedir quinientos más, que luego surgen muchas cosas con las que no contábamos y hay que comprar y esos detalles de última hora, que no hay más remedio que encargar y pagar y nos vemos estrechos. Además, yo me tengo que comprar un vestido bueno, zapatos y bolsos y tú, como mínimo una nueva camisa y una corbata. El traje te puede servir el que compraste para la boda de tu hermano, que solo te has puesto una sola vez. Digo yo, ¿o te quieres comprar también uno nuevo?. - No, ese me viene muy bien. - Tenemos que pensar ya en la lista de invitados que dejar las cosas para última hora no es bueno. Al final, siempre se olvida alguien y tenemos problemas y piques… - ¡Hay que invitar a la tía Enriqueta, no lo olvides!. - El niño no quiere que venga. Dice que es muy pesada y pegajosa, y le da unos besos muy apretados que hasta le clava los bigotes… - ¡Anda ya!. La tía Enriqueta lo quiere mucho y le hace muy buenos regalos. Además es mi prima hermana y siempre nos hemos llevado muy bien. No olvidarás que en nuestros primeros años de casados nos salvó a veces de algún apuro…Hay que estar a las duras y a las maduras y ya verás como le hace al chaval un buen regalo. Posiblemente dinero, que nos vendrá muy bien. - Como quieras, un cubierto más o menos, poco importa, porque no creo que venga acompañada de algunos de sus hijos y nietos… - No lo creo. Además se pone en la invitación el nombre de ella exclusivamente y así se da cuenta que es la única invitada. - Tu lo que tienes que hacer es arreglar cuanto antes el asunto del dinero, que ya sabes lo que nos dijo el director del banco que con el aval y todo, puede tardar una semana larga en concedernos el préstamo y no podemos hacer nada sin tener el dinero asegurado y cobrado… - Lo intentaré mañana mismo, aunque creo que no habrá pega alguna Otros compañeros lo han hecho y no han encontrado dificultad alguna. Claro que también tenemos lo de la nueva lavadora, el Ocaso y el canal digital y nos suben mucho los gastos mensuales. La escena, con muy escasas variantes, habrá tenido lugar en cualquier casa, de cualquier ciudad, donde un niño haya hecho su primera Comunión. Lo mismo da la profesión que tenga el padre o los medios económicos de que disponga la familia. Se saca el dinero para los gastos hasta de las piedras, si fuera preciso, pero Quique ha de ir como un auténtico almirante, lleno de entorchados, cordones y todo cuanto sea necesario para intentar dar la campanada en el barrio y entre los amigos. Y la mamá de ese dechado de perfección lucirá sus mejores galas para que sufran las vecindonas y cotillas que se asomen para ver la comitiva. El restaurante amplio y conocido, con un menú donde no falten las almejas, el jamón y los restantes embutidos y los dos platos correspondientes, uno de ellos cordero asado, que siempre luce y suena muy bien cuando luego se comenta entre los amigos. La tarta gigantesca y muy apetitosa para que salga bien en las fotos. Todo ha de ser a lo grande, hasta los recuerdos que se repartan y los puros para los hombres y los ramitos para las mujeres. “!Mi niño se merece lo mejor del mundo y quiero que ese día vaya más guapo que ninguno!”. Ninguna mención sobre el acto religioso en sí, verdadero protagonista de toda esa locura familiar. Es lo de menos. Aparte de la obligada preparación catequística del niño, al que llevamos a regañadientes, nada por nuestra parte. Eso sí, nos acercaremos a comulgar junto al chaval para que no nos critiquen los presentes, aunque sin pasar por el confesionario. “¿Para qué, si no tengo tiempo de poder pecar con tanto trajín en la casa y tener que preocuparme de todos?”. Hoy día una festividad que debiera ser íntima y recogida, religiosamente sentida, se ha convertido en una exhibición de poderío económico y apabullamiento vecinal por encima de cualquier otra consideración. El sentido y la naturaleza religiosa y mística del acto, ha pasado a segundo término, apenas se tiene en cuenta. Es un acto más en la vida del chaval, como la salida del primer diente, los primeros pasos y palabras y otras circunstancias que ocurren en nuestras vidas, a las que le damos una importancia íntima y familiar, sin pregoneo a los cuatro vientos, ni celebraciones pantagruélicas. Aunque en este caso, motivados por la agudeza comercial de una serie de marcas y empresas que buscan ocasiones para justificar obligados desembolsos económicos, nos hemos hecho esclavos de una serie de engañosas apariencias que nos hacen cometer “milagrosos errores” que luego hemos de pagar durante una larga y apretada temporada. La absurda y triste vanidad que domina nuestras vidas y acciones y que tan malas consecuencias nos depara. Como suele decirse “se tira la casa por la ventana y algo más”, por el afán de apabullar al vecindario y mortificar a la cotilla del primero que siempre está presumiendo de su tren de vida. No es celebrar el acto eucarístico, que muchos hasta ignorarán su verdadera dimensión e importancia, sino el poder económico y desahogado de la familia, porque ignoran las triquiñuelas y habilidades que han tenido que realizar para que el niño vaya hecho un cromo, limpio y preparado, aunque sepan que al final de la jornada quedará hecho un asco. Ni ese traje que le ha costado un ojo de la cara y parte del otro, tendrá ninguna otra utilidad posteriormente. El niño no pisará la iglesia los domingos y fiestas de guardar (que hoy están desapareciendo del calendario gracias a nuestros próceres políticos) y tampoco se acercará a comulgar. Salvo honrosas excepciones. Porque después del banquete, la recogida de paquetes, los besos que se dan pero no contactan y los parabienes con la boca pequeña a los papás, todo habrá terminado y empieza la dura realidad de tener que hacer frente durante muchos meses a esos tres mil quinientos euros que, por ese altruismo al que nos tienen acostumbrados nuestros banqueros se habrá convertido en una deuda que se le acercará mucho a los cinco mil y quizás le pase. Botín, González y demás tienen que vivir muy bien y necesitan que le ayudemos al mantenimiento sus lujos, mansiones, viajes y caprichos. ¡Pobrecitos míos, siempre ayudando al que los necesita!. Días más tarde, preguntar al pequeño que es en realidad hacer la Primera Comunión y te dirá que un día que le visten de blanco o marinero, le obsequian, le besuquean una serie de señoras a las que ni conoce, ni desea que le chupeteen la cara, que se van todos a comer a un restaurante y al final tiene la ocasión de disponer de una serie de juegos, útiles escolares y libros de cuentos, que muchos de ellos ni llegará a usar ni leer. Sí, puede que se acuerde que según la maestra o el cura recibió a Jesús en esa Hostia que le dieron por la mañana, pero que fue un tostón tener que soportar tantas horas de iglesia, charla del cura y saludos de tanta gente. Que lo único agradable fueron los regalos y los mimos recibidos en exclusiva, aunque hubo muchos de gente extraña, rara y pesada. Esto no se soslaya con la catequesis, que lo único que hace es fastidiar unos días y horas al chaval y a un miembro de su familia que debe acompañarlo, sino con las charlas, consejos y ejemplos familiares que se reciban desde que uno empieza atener uso de razón y es fundamental para que el crío comprenda y asimile la verdadera importancia de ese acto eucarístico, al que si le sobran algo son las pompas y vanidades, como dice el texto sagrado.
jueves, julio 19, 2007
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