viernes 20 de julio de 2007
La paradoja de Imaz
Josu Jon Imaz poniendo en solfa el proyecto de «consulta popular» de Ibarretxe... O, más bien, como después se ha visto, poniéndolo en el sitio en el que lo había puesto antes el PNV. Porque el PNV defiende, cómo no, el derecho de autodeterminación, aunque pretende que el modo en que se ejerza sea «consensuado» y en aquello que se dio en llamar «ausencia de violencia», que es expresión lo suficientemente ambigua como para que hoy no signifique exactamente lo mismo que ayer o que mañana. El artículo del presidente del PNV diciendo que, al no darse esas condiciones, no estaba la «consulta» en los planes inmediatos de su partido seguía en el tiempo a la declaración, improvisada en parte, del lehendakari Ibarretxe que, tras la ruptura formal del ya inexistente «alto el fuego» de ETA, se había animado a hablar de nuevo de un supuesto referéndum esta misma legislatura autonómica.
Una breve anotación para seguir enseguida adelante. No hay modo de hablar del País Vasco sin comillas, sin palabras que tienen significado porque se usan pero que no significan lo mismo para todos. En ocasiones son eufemismos, en otros casos intencionadas manipulaciones del lenguaje. Se alejan de las convenciones para entenderse, se acercan una y otra vez a convertirse en meros instrumentos políticos, con los que doblegar al adversario. ¿Podrá usted estar en contra del diálogo, de la consulta, del consenso, de la ausencia de violencia, de la normalización? El paraíso de palabras es una cárcel, diría Lord Byron, a pesar de tanta aventura, en un momento de lúcido pesimismo.
Pero Josu Jon Imaz, más que preocupado por Ibarretxe mismo y sus ensoñaciones, ha venido tomando nota de que lo que subyace tras la «consulta», es decir, el cambio del status político y constitucional del País Vasco, se está convirtiendo en un concepto que se identifica con el actual tripartito, en el que insiste EA para demostrar su existencia, en el que Izquierda Unida deja nadar -anestesiados por un tiempo- sus complejos. Es el concepto al que se aferra el sector crítico del PNV (debería decirse claramente oposición interna, sin ninguna lealtad) porque es el que abona la «unidad de los nacionalistas» -también Batasuna y los suyos, claro- para construir «una nueva Euskal Herria». Otra vez las comillas...
«Ha ganado Imaz la primera batalla», dicen algunos al ver que el Gobierno vasco afirma que sí, que el «consenso» y la «ausencia de violencia» son las condiciones del propio discurso de investidura de Ibarretxe. Pero me temo que todavía no se ha dado la batalla, que sólo han sido escaramuzas para colocarse en lugar apropiado para cuando llegue la batalla. Imaz no lo tiene fácil en la disputa interna en el PNV. Y no lo tiene aunque cuente con la mayoría de los afiliados. El partido, al otorgar similar representación a territorios en los que su militancia es claramente dispar, ha venido distorsionando la democracia interna desde antaño y, además, se ha sometido a la tensión pueblerina, siempre sobredimensionando la aldea en contra de los afiliados urbanos y más reflexivos.
Imaz cuenta con apoyo de Vizcaya, en donde está el mayor número de miembros del partido y en donde ha conseguido, en los recientes comicios, los mejores resultados. La paradoja es que su presidencia se vea ahora en peligro ante los menos -los menos afiliados- y los fracasados electoralmente. En concreto, el resultado de su adversario Egibar en Guipúzcoa habría llevado, en condiciones normales, a su inmediata dimisión.
El interés de un político como Imaz no es que sea, como a veces se le pinta (intencionadamente), un nacionalista aguado. La doctrina del PNV, incluso en los rasgos etnicistas de algunos de sus documentos, es la suya. El interés de Imaz es, de una parte, que no es un iluminado, es decir, que no quiere salirse con la suya sin contemplaciones y, de otro, que no quiere sacrificar sus objetivos a una alianza totalitaria con los que defienden, utilizan y se aprovechan de la violencia. Cuando Arzalluz dice que hay dos PNV y el suyo, a diferencia del de Imaz, quiere entenderse con Batasuna, lo deja muy claro. Cuando ETA y Batasuna hablan despectivamente del «PNV de Imaz» lo subrayan para los más escépticos.
La paradoja es que, si es vencido en la batalla interna del PNV, lo será por una minoría. Por una minoría de afiliados que, ganando por la mínima en territorios menores, impondrían a los mayores -en afiliados y en votos- una radicalidad atrabiliaria y pleistocénica. Sería un absurdo más de los muchos que en el País Vasco hay que escribir entre comillas.
jueves, julio 19, 2007
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