miércoles, julio 18, 2007

Juan Urrutia, El espiritu de Ermua

jueves 19 de julio de 2007
El espíritu de Ermua
Juan Urrutia
L ÓPEZ GARRIDO y ACEBES, entre otros representantes de nuestra clase política, recorrieron las calles de Ermua durante la conmemoración del secuestro y cobarde asesinato de Miguel Ángel Blanco. Pero lo hicieron ignorantes de quién es el verdadero enemigo de la sociedad española. Debieron ir cogidos de la mano y no vergonzosamente separados. El enemigo son ellos, ETA lo sigue siendo, pero quienes tienen en sus manos acabar con la banda y por rencillas, intereses, votos, cigarros puros y otras majaderías, no hacen otra cosa que gastar sus energías en pueriles batallas dialécticas son tan nocivos como la propia banda al perpetuar con sus estériles idioteces la permanencia de los terroristas en el poder, que es lo que tienen ahora sobre España, terror mediante. Si nuestros políticos no son capaces de cumplir con su trabajo eficazmente, un mínimo de vergüenza les tendría que llevar a dedicarse a otras labores más acordes con sus capacidades como, por ejemplo, manufacturar agujeros para regaderas al por mayor. Usted es malo, señor Zapatero, piensan los populares, —y no se lo discuto— pero en esperpéntica asociación de ideas tal vez crean que eso les convierte en buenos. Tan culpable es quien obra mal como quien le deja hacerlo. Es inexplicable la apatía de los puros de corazón, o de los gilipollas que creen serlo, como prefieran, ante los escarceos gubernamentales con ETA que nos han llevado a donde estamos. Y ¿dónde estamos? En el punto de mira de ETA, no hace falta ser tan listo como el presidente Rodríguez para saberlo, manda coliflores. Ahora se detienen etarras por aquí y por allá, pero qué pasará el día que alguno se cuele y ponga su carga de odio cobarde bajo el coche de un demócrata. Tampoco hace falta ser tan listo como Rajoy para saberlo. Lejos de los intereses estratosféricos, de las corbatas de mil euros y del coñac de importación, los políticos locales, esos concejales que, como Miguel Ángel Blanco, exponen sus vidas para que siga existiendo una alternativa democrática a la que votar en este tugurio inhumano que es el País Vasco, dan ejemplo dándose la mano y tomando copas juntos porque les da igual eso de la izquierda, la derecha y el ranking electoral. Desean algo muy distinto: que sus hijos crezcan libres. Quizás ese sea el problema, el hecho de que nuestra clase política no tiene motivos reales por los que luchar o estos son erróneos. ¿Por qué murió Miguel Ángel Blanco? ¿Por qué morirán quienes sigan su triste destino? ¿Por un puñado de votos? No creo que arriesguen su vida por tan poco, aunque algunos así lo pretendan. Quiero dedicar este artículo a la memoria de un joven de veintinueve años cuya vida fue segada por las alimañas cobardes de ETA en mil novecientos noventa y siete, así como a todas las personas cuyas vidas se han visto truncadas por el salvajismo de... de los de siempre, como se dice aquí. También brindo estas líneas a quienes hoy día sufren en sus carnes la saña nacionalista por representar a una opción diferente a la suya, a los que lucharon y exhaustos abandonaron la batalla con demasiado perdido y nada ganado. Por supuesto también al espíritu de Ermua o a lo que queda de él.

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