jueves 19 de julio de 2007
La tortuga en lo alto del poste
Ismael Medina
C AVILABA como enhebrar la crónica de esta semana, tan repleta de fantasmas y fantasmadas, cuando el correo electrónico depositó en mi buzón una historieta que circula por Argentina. También allí andan enredados en periodo electoral. No me resisto recogerla: Un joven empresario se sienta en el banco de una plaza bonaerense junto a un anciano y comienzan a platicar sobre el país, el gobierno y su presidente. "¿Sabe? Kirchner es una tortuga en lo alto de un poste", comenta el anciano. Y ante el estupor del joven empresario, le inquiere: "¿Qué pensaría usted si encuentra una tortuga subida a los alto de un poste?. Pensaría sin duda alguna: que no entiende cómo llegó allí; que no puede creer que esté allí; sabe que no pudo subir allí; está seguro de que no debería estar allí; y que nada útil hará mientras esté allí". ¿Lo sensato? Bajar a la tortuga de lo alto del poste al que la subieron y dejar que se pierda entre las aguas turbias de las que la sacaron. Añado que el transmisor de la historieta se cura en salud y advierte que bajar a la tortuga del palo habrá de hacerse mediante democrático proceso electoral, no vayan a atribuirle que propugna un golpe de Estado y lo metan en chirona. Y subrayo que si importante es quien subió la tortuga a lo alto de palo, tanto o más lo es quien la amaestró para permanecer en tan difícil equilibrio y quien la alimenta mientras permanece allí. Una respuesta, aunque no la única, puede encontrarse respecto a la actual realidad española, nada dispar a la argentina, en el más reciente libro del historiador Ricardo de la Cierva: "ZP. Tres años de gobierno masónico". EL POPULISMO QUE CONDUCE A UNA RETRORREVOLUCIÓN DISOLVENTE ¿ERRARÍAMOS si nos aplicásemos el cuento y lo atribuyéramos a Rodríguez, en vez de Kirchner? Existen demasiadas analogías entre Rodríguez y sus cofrades de la izquierda iberoamericana que aconsejan una respuesta afirmativa. Kirchner, como Rodríguez, aspira a perpetuarse en el poder. Pero como la norma se lo veda, será su mujer la candidata para que todo quede en casa. Kirchner hace suya la herencia del peronismo: de Evita y de Isabelita, aunque de la primera sólo tenga Cristina la fachada y de la segunda la ambición a la sombra del marido. No es el caso de Rodríguez. Sonsoles, que lleva los pantalones de puertas adentro del palacio de la Moncloa, no aspira a ser diva en el escenario político sino en el de la ópera. El vodevil lo deja para su marido, al que un politólogo francés consideró más femenino que Ségolème Royal. Supongo, obviamente, que en términos políticos. La que a todas luces lleva los pantalones en el gobierno, y bien que los exhibe en cualesquiera pasarelas oficiales, es Fernández de la Vega, la paritaria disparitaria y disparitariadora. Kirchner, en la órbita bolivariana de Chávez, tiene mucho en común con Rodríguez. Tanto como con Morales, Correa o los Castro. Comparte con todos ellos la demagogia, el trágala, el arbitrismo y el agiotismo. Ha convertido la Justicia en un instrumento del poder político. Utiliza la "memoria histórica" para reabrir viejas heridas guerracivilistas. Se apoya en los sectores más radicales de la izquierda y sitúa a lo más granado de los antiguos y sanguinarios montoneros y tupamaros en sectores vitales de la Administración. Practica un laicismo de rígida estirpe masónica. Dilapida en su provecho partidista la riqueza nacional. Miente como un bellaco. Y concibe el Estado como una finca que se puede vender a cachos. Una forma esterilizadora de retrorrevolución que se ha dado en calificar de "populismo". Acertaba José Luís Navas en la portada del pasado martes al resumir en el F.I.N. (Federación Ibérica de Naciones) el objetivo final que persigue Rodríguez. No otra cosa que el fin de España. Y asiste la razón a Lorenzo Contreras cuando confirma la sospecha generalizada de que los cambios ministeriales y la repesca de Bono, el camaleón siempre propicio al pasteleo, no son otra cosa que cortinas de humo para que "lo importante no parezca tan importante, ni lo grave tan grave, ni lo alarmante tan alarmante, y así sucesivamente". Y lo importante, lo grave y lo alarmante son la conversión de las autonomías en naciones, la dejación de la soberanía del Estado ante el terrorismo etarra, las componendas con los países que alimentan el terrorismo islamista, la degradación de las instituciones para convertirlas en serviles instrumentos de sus traiciones a España, la ocultación y manipulación de pruebas de sus desmanes, el fomento criminal del enfrentamiento entre los españoles, la supeditación del bien común a turbios intereses de partido, de secta, de apalancamiento en el poder y, en definitiva, el fin de España a través del F.I.N. REVERDECEN EL FEDERALISMO DE LA I REPÚBICA Y EL FOURERISMO EN la crónica de la semana anterior aludía al precedente fourerista de la política desintegradota del gobierno Rodríguez en todos los ámbitos de acción del Estado. No parece que Rodríguez haya aprendido la lección de la I República pese a su empeño en caminar hacia atrás en la historia. Y menos aún, la máxima de que estarán forzados a repetirla quienes la desconocen. Suele suceder a no pocos novelistas y dramaturgos que una vez creados los personajes son éstos quienes los arrastran y les fuerzan a desarrollos impensados. También los políticos suelen ser víctimas de parecido fenómeno al no prever los efectos reactivos que sus iniciativas, sean propias o inducidas, provocan en la sociedad, rebotan en el sistema y lo arrastran a una frenética huída hacia delante de dudoso desenlace. Una dinámica que condujo al fracaso de la primera y segunda repúblicas. Y que puede conducir ahora a la ruina de la "monarquía republicana" de Juan Carlos I, además de España. No es el momento de historiar lo que fue la efímera I República. Pero sí unas breves anotaciones aleccionadoras sobre su origen y fracaso. Emergió merced a un pacto coyuntural entre republicanos y radicales, nada diverso en sus fundamentos al de 1931 y en cierta medida al transaccionismo pseudemocratizador de 1977. Algo así como cruzar hienas con cabras. Los radicales aspiraban a un sistema que respetase los principios de la Revolución de Septiembre, cuyo fracaso desconcertó a Carlox Marx, quien en sus crónicas desde Londres lo justificó en el arraigo que la tradición municipal tenía en España. Los republicanos, en cuyo seno pugnaban tres facciones (la derecha conservadora, una izquierda extremista y un centro posibilista) defendían el federalismo como única solución para resolver los regionalismos en crecimiento, en particular el catalán, secuela de las guerras carlistas. Y fue en ese momento crítico cuando estalló el cantonalismo. Un fenómeno sin parangón fuera de España, resultado de una combinación explosiva entre el municipalismo que asombrara a Marx y la difusión que en los sectores obreros habían adquirido las ideas anarquistas de Bakunin, importadas por Fanelli desde 1969 y arraigadas sobre todo en las clases obreras de Cataluña, Levante y Madrid, aunque el cantonalismo las esparciría con aplicaciones peculiares por otras regiones meridionales e incluso Castilla. Fue este sustrato, combinado con el utopismo de Carlos Fourier, el que posteriormente haría de la CNT la fuerza sindical más poderosa de España, hasta su liquidación por el comunismo de rígida obediencia soviética durante la mundializada guerra que civil 1936-1939 No fue irrelevante la penetración en ese ambiente de las ideas de Carlos Fourier, escritor prolífico, cuyas ideas compendió en su "Théorie des quatre mouvements et des destinées génerales", (1808). Considerado como el precursor del socialismo, sería severamente criticado por Engels, Owen y Saint-Simon. Debe admitirse, no obstante, que en ambas ramas del socialismo es perceptible la influencia ideológica de la Orden de los Iluminados, creada por Adam Weishaupt en 1776 y de la que nacería el movimiento revolucionario sionista. Respecto a la influencia posterior del "socialismo utópico" de Furier, la cual llega nuestros días, conviene distinguir dos vertientes de sus ideas de una nueva sociedad, aunque integradas en los "falansterios", o unidades de convivencia, producción y consumo. Me refiero a la dinámica del cooperativismo que fomentó y al supuesto de que para su desarrollo sería esencial la satisfacción plena de las pasiones en sus miembros. Me interesa sobre todo este segundo aspecto por cuanto adquiere una llamativa actualidad, con superior énfasis desde que Rodríguez accedió al poder "por accidente". Advertiré, no obstante, que el cooperativismo foureriano derivaría en formas específicas de aplicación en el anarcosindicalismo y en el socialismo y el comunismo bajo el Frente Popular entre 1936 y 1939. Espontáneo y autónomo en las comunidades cenetistas, burocratizado e interdependiente en las ugetistas y rígidamente subordinado en las comunistas. El cooperativismo gozó de una gran expansión durante el siglo XX. Y prosperó en España durante el régimen de Franco, hasta convertirse con la concentración parcelaria y las unidades de colonización en uno de los factores de cambio de la economía rural. Es reducido, sin embargo, el número de cooperativas que se han adaptado a las exigencias del sistema capitalista actual. Una de ellas, de indudable crédito internacional, es la cooperativa Mondragón, de matriz jesuita vascongada. Hoy es un próspera y diversificada empresa industrial y de servicios, cuya Caja Laboral cumple la función de hígado financiero. Lástima que se haya convertido en soporte del nacionalismo radical vascongado, hasta el punto de avalar en buena parte la considerable fianza que la Justicia impuso al etarra-batasuno Otegui para disfrutar de libertad provisional. LA SATISFACCIÓN DE TODAS LAS PASIONES COMO FUNDAMENTO DEL SISTEMA FOURIER, y de ahí su rabiosa actualidad, no sólo en España, asentaba su teoría sobre dos pilares: el asociativo y el de la "atracción pasional". Es este último el que interesa ahora. Sostenía el fourerismo que para el logro de la felicidad universal era preciso conseguir la total satisfacción y desenvolvimiento de los apetitos, goces y sentimientos humanos de cada individuo, incluidos por supuestos los sexuales, en plena libertad para ejercitarlos. Las pasiones, defendía Fourier, no son otra cosa que la manifestación particular de la atracción universal que se registra en todos los órdenes de la naturaleza, especialmente en el mundo animal, del que el hombre es parte y cuya elusión equivale a una represión artificiosa. De tal suerte, cualesquiera coerciones de la "atracción pasional" y universal, como las ideas de vicio, virtud, deber y honestidad, entre otras, han de ser tenidas como falsas y opuestas al bien y a la felicidad. Y rechazadas en todas sus expresiones. La familia y la religión, sobre todo. Es evidente que la sociedad occidental está seriamente aquejada de forurerismo. En su presunción de que la felicidad universal reside en la generalización de la "atracción pasional", no ya sólo como una opción individual sino con amplio respaldo legal, en ocasiones imperativo. España entró en esa vía suicida de radicalismo fourerista de disolución de la familia y del laicismo militante con el transaccionismo democratizador, cuyo antecedente político más próximo hay que buscarlo en la II República y en la República Popular. Sobre todo en esta última desde que Rodríguez se hizo con el poder gracias a la matanza que precedió en tres días, y no por casualidad, a las elecciones de marzo de 2004. La constitución del 78 portaba en su vientre el clon embrionario del federalismo republicano del siglo XIX y en no pocos de sus artículos el germen fourerista de una sociedad instrumentada sobre la "atracción pasional". La asunción del aborto y del divorcio, por ejemplo, fueron los pivotes de medidas de mayor calado. De un permisivismo despenalizador y de una constante incitación anticatólica que la izquierda se encargaría de fomentar y frente a la que una derecha acomplejada no se rebeló e incluso favoreció desde su centro liberalista. Comparecieron de nuevo en la escena política similares repartos partidistas y tendencias que en 1873. Y que en 1931. También los mismos centros ocultos de instigación que, cual la tortuga del cuento argentino, subieron a Rodríguez a lo alto del poste como el más idóneo para llevar el proceso de descomposición de España hasta sus últimas consecuencias. Hasta el F.I.N. E incluso hasta el fin del F.I.N. LOS CAMBIOS MINITERIALES VAN MUCHO MAS ALLÁ DE UN MERO MAQUILAJE PREELECTORAL LOS recientes cambios de gobierno promovidos por Rodríguez van mucho más allá de una operación de maquillaje. E incluso de finta para acicalar el rostro gubernamental de cara a las próximas elecciones generales, las cuales tienen todos los visos de ser anticipadas. Insisten desde el P(SOE) y su medios afines, los más, en que Rodríguez está decidido a celebrarlas en marzo de 2008. Si Rajoy da crédito a tal presunción y ahorma su campaña electoral a ese plazo, puede encontrarse en fuera de juego cuando llegue octubre. Es lo que buscan los consejeros en la sombra de Rodríguez. Los tres nuevos ministros y la sustitución de Sevilla por la Salgado, gran protegida de Fernández de la Vega por afinidades no sólo ideológicas, no obedecieron a la necesidad de soltar el lastre de ministros incapaces. El cambio de gobierno habría abarcado en tal caso a numerosas carteras. Además de quitarse de en medio a Sevilla, reacio a desmanes federalistas, como lo era López Aguilar respecto a una brutal ocupación partidista de la Administración de Justicia, los nuevos nombramientos estaban encaminados, como los anteriores de Fernández Bermejo y la Cabrerra, promotora de engendro totalitario de "Ecuación para la ciudadanía", a consolidar la deriva hacia el F.I.N y hacia un maximalismo fourerista en materia de emporcamiento de la sociedad y de lucha despiadada contra la Iglesia Católica. No dejan lugar a dudas las biografías de los nombrados y sus intervenciones en las ceremonias de toma de posesión, siempre con la zanquilarga Fernández de la Vogue en vestes de eufórica muñidora y protagonista. Pero sobre todo, en las más desahogadas e informales declaraciones posteriores a sus nombramientos. Bernat Soria, que tiene más de farsante que de investigador (la Universidad de Harvard desmontó la validez científica de la utilización de células madre embrionarias para salvación de los diabéticos), no sólo ha evacuado promesas para resolver unos problemas sanitarios que no competen al ministerio de Sanidad a causa de las transferencias a las taifas. Su descarada zalamería hacia Rodríguez le ha llevado hasta la astracanada de proponerlo para un presunto Premio Nobel de la Honestidad. Pero lo importante respecto de su actitud estriba en sus ataques a la Iglesia Católica, a la que acusa de retrógrada por oponerse a la utilización de embriones para ensayos de investigación, una práctica que, por si fuera poco, se ha demostrado tan inútil como contraproducente y rechazan incluso gobiernos inequívocamente laicistas e investigadores agnósticos. Ya circulan por Internet biografías el nuevo ministro bajo el título de "Bernat Soria, el homicida", una vez que los embriones sobrantes de la fecundación artificial se han demostrado inservibles y con riesgos para la salud de quienes reciben sus células madre. Y aunque valenciano, a Bernat Soria se le sitúa en la llamada "cuota catalana". O si se quiere, defensor del catalanismo expansivo e imperial. Carmen Chacón, tan devota de Rodríguez, que sólo le falta arrodillarse ante su fotografía antes de acostarse, es consciente de que su paso por el ministerio de la Vivienda es ocasional y mera cuestión de lanzadera política. Y de que la Ley del Suelo, un fiasco heredado de su predecesora, la inefable Trujillo, apenas si le deja margen para otra cosa que no sean proclamas demagógicas. Pero su natural imprudente y envanecido le han hecho poner de manifiesto lo que Rodríguez quiere de ella. Estas tres frases lo subrayan: "El gran aliado de Cataluña es Zapatero"; "Zapatero es la garantía de que Cataluña sigue siendo el motor de la descentralización de España"; y por si no estuviera del todo claro, se ha mostrado resueltamente partidaria de "combatir las inercias centralistas del Estado". Es evidente que Rodríguez no ceja en su empeño de que el estatuto catalán salga adelante en su aplicación más extremosa, aunque para ello deba forzar una mayoría artificiosa del Tribunal Costitucional a su favor, nada diversa de la utilizada por Felipe González para encubrir el expolio de Rumasa. Si no fuera así habría cortado en seco las extralimitaciones y extravagancias en su aplicación por el "tripartito", entre ellas la creación de representaciones diplomáticas de la Generalidad en el extrajero, incluida una en Madrid, puesto que "Cataluña no es España", según proclaman carteles fronterizos de ERC. Y la de esta semana misma de creación de la Agencia Tributaria de Cataluña que rompe definitivamente la unidad fiscal de la Nación, ya cuarteada por los derechos forales de Navarra y Vascongadas. Y en otros aspectos por la capacidad de las taifas para alterar a su conveniencia determinados impuestos, como es el caso del de Sucesiones. Y la expuesta por Carmen Chacón será la tarea encomendada a la Sagado, igualmente partidaria de "combatir la inercias centralistas de Estado". O lo que es lo mismo, salvar a toda costa el estatuto de Cataluña, con la complicidad de Fernández Bermejo, y extenderlo a Vascongadas tras la absorción de Navarra pactada con ETA-Batasuna y a Galicia en un primer envite. La expeditiva terquedad de Elena Salgado en promover excentricidades, de sobra conocida, será utilizada por Rodríguez para su empeño en transformar España en una "nación de naciones", algo más allá del federalismo o el confederalismo. Uno y otro configuran una asociación de Estados, no de naciones, bajo un gobierno común que asume las competencias esenciales que corresponden a un Estado moderno y que, ni en su mínima expresión logra establecer la Unión Europea tras el fallido Tratado para la Constitución que arbitró Giscard d´Estaing y al que se sumó Rdríguez con servil apresuramiento. El de César Antonio Molina ha sido el nombramiento más elogiado desde todas las esquinas. Se han alabado sus méritos como escritor, periodista y "conseguidor ("El Mundo" dixit), amén de la gestión realizada al frente del Instituto Cervantes, precedida de la que consumó con anterioridad en el Círculo de Bellas Artes, bastión como se sabe del radicalismo cultural de izquierda. Y precisamente en este punto parece oportuno recordar unas declaraciones de Molina en las que se vanagloriaba de haberle guiado en su ejecutoria profesional y política la fidelidad a la de su padre y abuelo republicanos que con su conducta ha reivindicado en todo momento. Lo mismito que Rodríguez, quien no pierde ocasión de mostrarse como encarnación de los ideales de su abuelo republicano. "La figura de mi abuelo ha tenido un peso decisivo en mis convicciones", insistió en la entrevista concedida a los periodistas italianos Marco Calamani y Aldo Garzia para el libro "Il socialismo dei cittadini", según recuerda Miguel Porta Perales en "ABC". Una apología en realidad de populismo de izquierda que se extiende por Iberoamérica bajo la batuta histriónica del venezolano Chávez y a la que Rodríguez se suma con mimético entusiasmo. Creo que las anteriores precisiones sobre el verdadero talante humano y político de los titulares de los cuatro ministerios removidos dejan harto más claras las intenciones que guían a Rodríguez en el cumplimiento de l guión trazado por quienes lo subieron a lo alto del poste y en él lo mantienen.
miércoles, julio 18, 2007
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