jueves, julio 19, 2007

Ferrand, Zapatero y el mitridatismo

jueves 19 de julio de 2007
Zapatero y el mitridatismo

POR M. MARTÍN FERRAND
ES muy posible que José Luis Rodríguez Zapatero sea un magnífico esposo y padre de familia. Resulta incluso admisible -ellos sabrán- que ejerza con destreza y provecho para los suyos el empleo de secretario general del PSOE; pero decir de él que es un buen gobernante resulta tan injusto como calumnioso. Del mismo modo que, en la mitología cinematográfica, John Wayne ponía la bala de su Winchester allí donde había dirigido la mirada, nuestro Zapatero es capaz de colocar un error, sin riesgo de acierto alguno, en cualquier punto y circunstancia en los que pueda o quiera fijarse. Es infalible para el fracaso y solo nos queda por averiguar si esa es su naturaleza o si se trata de un fruto de la voluntad.
En coherente desarrollo de su pertinaz campaña para el fomento de la enemistad con los EE.UU., no ha dejado pasar la oportunidad de la cercanía para, en la solemne ocasión de la cena oficial que le ofreció en el Palacio Nacional el presidente mexicano, Felipe Calderón, decir que «no hay muro (...) que pueda imponerse al sueño de una vida mejor». Eso es eficacia, matar dos -o más- pájaros de un tiro. Sirve para afearle a Washington su política de fronteras y su persistente acción para el freno de la inmigración ilegal, algo muy en la línea que inició cuando permaneció sentado al paso de la bandera de las barras y las estrellas en un protocolario desfile militar, y, al tiempo, es una buena carta de acogida para cuantos desvalidos sin documentación quieran llegar hasta nosotros por tierra, mar o aire. Incluso saltando los muros que su Gobierno ha levantado en Ceuta y Melilla.
Cabe suponer que, en imitación de Mitrídates VI, rey del Ponto y enemigo de Roma, Zapatero tema ser envenenado y practique el mitridatismo. Cada día, su eficaz y ponzoñoso equipo de propaganda le suministra dosis no letales, pero crecientes, de todos los venenos políticos al uso. Así el líder que siempre sonríe va disponiendo su metabolismo para la insensibilidad frente a las sustancias mortíferas. Un ejercicio de cuerpo y espíritu que exige constancia. De ahí que no pase fecha sin que le veamos fabricar enemigos, ofender a los amigos, romper territorios, dilapidar oportunidades, fomentar deslealtades y, en suma, abundar en el error para habituarse a él.
La actitud antinorteamericana de Zapatero resulta especialmente sorprendente. Algo tiene que haber en sus experiencias infantiles que le dificulte, ya de mayorcito, la asimilación de los valores y méritos de la que es, gústenos o no, la primera potencia mundial y la que más puede afectar a nuestros intereses, incluidos los culturales. Quizás nunca pudo llegar a sheriff en el patio del colegio, cuando los vaqueros peleaban contra los indios, y es ahora cuando le sale el ramalazo. En ese caso, no debiera ignorar que Mitrídates, después de ser derrotado por Pompeyo, se retiró a Crimea y quiso suicidarse, pero no le valió ningún veneno. Tuvo que pedirle a un soldado que le alanceara. No creo que María Teresa Fernández de la Vega llegue tan lejos en su abnegación.

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