jueves 19 de julio de 2007
EL ÚLTIMO TREN A LA MONCLOA
Félix Arbolí
C OMO cualquier español que se precie y enorgullezca de serlo, siento todo lo relativo a la política de mi país como algo trascendental y de suma importancia. No me gusta escribir sobre el tema, como habrán podido observar, ya que puedo herir susceptibilidades o ideologías y no me agrada ser causante de enfados, decepciones y mucho menos crearme enemistades por cuestiones que ninguna de las partes íbamos a solucionar, ya que es difícil pasar de lo bueno a lo malo o viceversa sin hacer parada intermedia en el razonamiento y la discusión civilizada. A veces, cuando he querido profundizar en un tema fundamental o de notoria relevancia en nuestras vidas, me ha dado cuenta tarde que mis intenciones no han sido interpretadas como yo esperaba, posiblemente porque no he sabido exponerlas con la claridad y los fundamentos debidos. Es mi dichosa manía de escribir con el corazón y no con la mente. Y me ha dolido enormemente que algunas personas a las que admiro y respeto, que aprecio en suma, se hayan podido sentir ofendidas y no hayan captado la idea que me inspiraba el comentario. Por culpa exclusivamente mía, lo reconozco. Mi afán de escribir con frecuencia, no por otra causa que la de romper mi obligada ociosidad y tener un aliciente en cada nuevo despertar, me hace descubrir y no corregir como debiera mi descarada sinceridad e intuitiva inspiración y evitar consideraciones, criterios y hasta afirmaciones que a la postre me han perjudicado. Porque queridos lectores y compañeros no soy un acaparador de espacios, sino un ser que busca la terapia a su no tener otra cosa que hacer y distraer su nostalgia, que pretende endulzar las añoranzas de un tiempo pasado irrecuperable, a base de desahogarse ante la pantalla de un ordenador y teclear lo que en ese instante le pasa por su mente tan llena de recuerdos y rescoldos. A veces cala en los lectores y otras me supone un tremendo patinazo. Siento la necesidad de explayarme con alguien, contar mis sensaciones, exponer mis anhelos y buscar una posible respuesta a mis dudas. Necesito levantarme pensando que tengo algo que hacer, que debo hablar de ese asunto que me ha estado machacando el coco en horas vacías, que leeré la correspondencia que compañeros, lectores y amigos han enviado, que sigo siendo buena persona; en suma, que sirvo para algo y no he dado ya el salto a ese abismo donde caen los que esperan la muerte como una liberación para él y para los suyos. Perdonad mi pesadez, os lo ruego, pero necesito escribir para sentirme útil y vivo y en estas páginas he encontrado mi necesaria panacea. Hoy quisiera hablarles de Rato y su oportuno y prodigioso regreso a España. Es un todo terreno necesario a la convulsionada política que padecemos. El único, a mi criterio exclusivamente personal, capaz de retomar la dirección de un PP que se halla apepinado en la mediocridad desde hace años. Que sea el revulsivo que aliente las esperanzas de una derecha civilizada que ha perdido su brújula y anda a la deriva. Prestigio, integridad, experto en economía, hábil político, persona afable y asequible, etc, etc, reúne todos los ingredientes necesarios para plantarle cara a una izquierda desconcertante y desconcertada que nos está lanzando cuesta abajo por esa espiral de tergiversaciones, socarronerías y desmembramientos que terminará por colocarnos en el “culo” (perdón) de Europa. Una izquierda paridora de recuerdos que avivan el rencor entre los españoles y que ha declarado una guerra sin cuartel contra nuestras creencias mayoritarias y nuestros ancestrales valores éticos y morales, para intentar “evangelizarnos” o “comernos el coco”, en el lenguaje coloquial, con esos absurdos e inquietantes intentos de las alianzas de civilizaciones, educación de la ciudadanía y otras perlas por el estilo. La que está retrocediendo España a unos años de incultura, odios y enfrentamientos que ya habíamos logrado superar. ¿En qué se basan para decir que España va bien y mejor que antes?. Será que antes del diluvio universal, porque nunca digan lo que digan los forjadores de sueños engañosos ha estado el español tan económicamente débil como en la actualidad. Han regresado los demonios del pasado y han traído con ellos su fábrica de truenos. Hasta tenemos que hacer acopio de soldados extranjeros para defender nuestra patria y sus fronteras. ¿Tan denigrante era el servicio militar obligatorio que nos quitó el señor Aznar?. Yo lo hice durante dos años justos, (en algo sí podían haberlo acortado en lugar de eliminarlo) y no me arrepiento de ese tiempo en el que aprendí el manejo de las armas, por si acaso, la sujeción a una disciplina, el sentido del deber y de manera principal a tener respeto y veneración a España y su Bandera. Conceptos que hoy te califican como facha. Conste que no tengo resentimiento alguno contra las ideologías contrarias a mi manera de pensar e ir por la vida. Respeto la libertad de conciencia, creencia religiosa y tendencia política de cada individuo, ya que todos tenemos derecho a sentir de una forma y nadie debe estar capacitado para tirar por tierra nuestros ideales porque no se parezcan a los suyos. Soy tan contrario del fanático y exaltado que ve a los contrarios como personificación del mismo diablo, como los que intentan lavarnos la mente y llenarla de demagógicos conceptos y teorías que no queremos hacer nuestras. Ni los rojos tienen rabos y tridentes, como nos hacían creer en los años de nuestra infancia, ni los azules son los únicos paladines de Dios y de España. En ambos bandos hay buenos, regulares y malos y nadie goza de indulgencia en exclusiva. No me gusta hablar mal públicamente de alguien que es el presidente de mi Gobierno, me guste o no, elegido democráticamente, aunque nos pese a los muchos que no comulgamos con sus ideas, ni nos sentimos identificados con sus intenciones. Lo cortés no quita lo valiente. Como hay libertad de expresión, podemos enjuiciar la labor gubernamental y también la de la oposición, que no se va de rositas, pero ello no nos da derecho al insulto, la grosería y la calumnia personal en un medio de comunicación. Hay que ser moderado en el hablar, templado en el escribir e imparcial y honesto en el juzgar. No hemos de obviar que usando buenas palabras podamos convencer más que lanzando groserías a diestro y a siniestro. Siempre que nuestra opinión la fundamentemos en la verdad y la sostengamos con el debido razonamiento. Estamos faltos de políticos en todas las directrices en las que se mueve nuestro sistema. Ni en la derecha, ni en el centro, que no existe, ni en la izquierda, tenemos personas con la valía suficiente y necesaria para levar anclas y sostener el timón de esta vieja nave que harta de recorrer los más insólitos escenarios del planeta donde colocó su bandera y afianzó su dominio, ha llegado a una situación lamentable en la que parece no tener ni voz, ni voto en la Europa a la que pertenece geográficamente, mucho antes que lo decidieran los políticos e incluso que existieran naciones que hoy presumen de ser las locomotoras europeas. ¿Hasta cuando vamos a seguir con esta bajada de pantalones dentro y fuera de nuestras fronteras?. ¿Dónde está esa famosa furia española que dominaba y arrasaba por donde pasaba?. ¿Por qué nuestros pensadores, escritores e intelectuales, los capaces de inculcar ideales y remover sentimientos se han empecinado en hacer lo contrario de lo que deben?. Hablamos de Zapatero, de Blanco, de Caldera, de Alonso, de Chaves, etc, etc, y no mencionamos para nada en nuestras críticas a un Rajoy, un Acebes, un Zaplana , etc, etc, que adolecen de los mismos defectos, aunque con la salvedad de que al no gobernar se dedican al pataleo, al incordio y a la descalificación a todo cuanto hacen los otros, sin preocuparse de sembrar, educar y aclarar sus ideas y proyectos para poder recoger el fruto posteriormente. Con estos actores es imposible que la comedia termine felizmente y no se convierta en drama. Y el pueblo que no es tonto, aunque algunos lo crean, empieza a cansarse de este juego sucio y este vacío político mientras España, sus esperanzas y su futuro, se quiebra en mil pedazos irrecuperables. La llegada de Rato, supone una inyección de fe, esperanza y optimismo en un futuro mejor de cara a las próximas elecciones. Aunque Acebes, imprudentemente, nos quiera hacer creer que ha venido para ayudar a Rajoy a ganar las elecciones. Eso sería un tremendo error porque supondría matar inútilmente la gallina de los huevos de oro y quemar la última nave que nos queda por ahora para enderezar nuestra política. No creo que Rato, persona inteligente y eficaz gobernante, se preste a gastar su enorme bagaje personal y profesional en enderezar a unos políticos que han demostrado su incapacidad de ganar en las urnas el voto y la confianza de los españoles. Y esta es la realidad, aunque no nos guste.
miércoles, julio 18, 2007
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