jueves 19 de julio de 2007
MIS BODAS DE PLATINO VITALES
Félix Arbolí
C UANDO hago repaso de mi vida, especialmente en estos días que se cumplen los setenta y cinco años de mi aterrizaje en este disparatado mundo, me doy cuenta que toda persona es como un libro, donde en sucesivos capítulos o etapas se desarrollan historias diferentes más o menos insólitas, salpicadas de hechos, sucesos, alegrías, tristezas, amores, decepciones y toda esa gama de circunstancias que suele acompañar al ser humano en su peregrinaje terrenal sin que ni él mismo en muchas de las ocasiones pueda alterar o modificar el desenlace. Somos una especie de marionetas en manos del destino que nos mueve a través de unos hilos invisibles sin que podamos evitar seguir el impulso de sus tirones y voluntad. Destino que para los creyentes está en manos de Dios y para los que no lo son obedece a otros mecanismos y fuerzas de ignota naturaleza y más desconocidos aún orígenes y formación. Alguien dijo que cada vida es un mundo lleno de complejos y determinantes que no se mide por los años que se cumplen, sino por los hechos. La edad no la marca el calendario sino la manera como hemos vivido el paso inexorable de nuestro tiempo. Hay jóvenes envejecidos que se dejan llevar por la indiferencia pesimista del que no aspira a nada y ancianos llenos de vitalidad y esperanza, que confían en el futuro con la misma ilusión que si tuvieran un largo y prometedor camino a recorrer. No puedo creer que haya llegado a esa edad donde antes colocaba el cartel de precaución, carretera cortada. No me siento falto de fuerza y libre de sueños. Sinceramente, me miro ante el espejo y veo a un ser maduro, animado y lleno de proyectos que espera llegar a los cincuenta, tal como se siente y refleja en ese cristal que hoy por hoy, se ha convertido en cómplice de mi entusiasmo vital y ganas de comerme el mundo. Siento deseos de vivir al máximo, de aprovechar cada instante de mi existencia como si fuera el “último que se me brinda”. De olvidarme de problemas, tristezas, políticos, males patrios y demás causas que me deberían atormentar y amargar y extasiarme oyendo en soledad esa canción que me habla de amor y belleza como elementos indispensables y maravillosos que podemos gozar todo ser humano. De salir a la calle y abrazar a todo el que se cruce en mi camino, pero no como un acto de enajenación mental, sino como afán de transmitirle mi optimismo. Mi fe en el prójimo, mi solidaridad con todo aquel que me necesite y que me ame, que me quieran todos, porque yo quiero a todos, siento “mono” de humanidad, de abnegación, de fraternidad, de amor, de fe, esperanza y caridad, que quisiera convertir en clave y modelo a seguir a lo largo de los años que me queden para estar con todos vosotros, con los que me rodean, con los que se acuerdan de mi, incluso de aquellos que me quieren mal para que Dios les ablande el corazón y cambie esa enemistad por amistad. Me da tristeza que alguien pueda sentirse ofendido con mis cosas. Me arrepiento en muchas ocasiones que a veces mi corazón me haga trastadas y tergiverse mis pensamientos y sentimientos expresados en ideas, comentarios y reflexiones que debería haber omitido. Siempre soy yo el único culpable de estos deslices y normalmente suelo errar con el que menos se lo merece. Olvido el consejo que leí en cierta ocasión y me he repetido muchas veces: “ Cuando hables (en mi caso, escribas), procura que tus palabras sean mejores que el silencio”. No se en que podrá influir en mi vida este aniversario, pero estimo que contra todo pronóstico no será nada negativo, sino tremendamente positivo, porque me he dado perfecta cuenta, viviendo la experiencia, que es una cifra muy digna de tenerse en cuenta para sentirse una persona nueva, aumentar la cilindrada y potenciar el motor al máximo para que esa curva que creíamos peligrosa y triste, sea todo lo contrario, tan prometedora y segura como la recta en una autovía. Un poderoso acicate para agradecer a Dios tanta como inmerecida bondad y alegrarme de haber llegado a esta altura del edificio sin haber sufrido un mínimo vértigo. A vosotros mis queridos compañeros, lectores y amigos (el orden de los factores no altera el producto), os debo gran parte de este alentador empujón existencial. Sin este confesonario sin sacerdote, pero con sincera contrición y propósito de enmendarme, donde he desnudado mi alma y descubierto mis sentimientos sin pudores, ni complejos ante vosotros, debo haber podido alcanzar este entusiasmo que hoy siento y disfruto, porque al exponer en esos artículos mis intimidades, sin farisaicos camuflajes, se que entraba en vuestras vidas que tan generosamente me habéis brindado para mitigar mis penas y duplicar mis alegrías. Y soy inmensamente rico al pensar que tengo tantos amigos dispuestos a perder su tiempo leyendo mis elucubraciones de hombre desfasado y excesivamente sentimental. Gracias a todos y perdonadme tantos fallos. Cuando este viernes, si Dios quiere, marque el calendario la fecha prevista y esperada, me gustaría abrazaros a todos y haceros partícipe de este evento tan importante en mi vida. Tomar unas copas y brindar por nuestra amistad y nuestros mejores deseos. Sería un digno remate a estas bodas de platino con mi vida, pero desgraciadamente, y bien que lo siento, no podrá ser. Espero, no obstante, que me tengáis presente en vuestro recuerdo de forma cariñosa y los que como yo creáis en el Más Allá y en ese Jesús y su Bendita Madre, me dediquéis una simple jaculatoria para que Ellos estén junto a mi en todo momento. Gracias amigos y compañeros, yo os puedo asegurar que si me acordaré de todos vosotros porque sois mi familia, mis amigos y mi aliciente desde que la luz del sol me indica que ha llegado el nuevo día. Un abrazo para todos.
miércoles, julio 18, 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario