viernes 2o de julio de 2007
El negocio de la mentira
EDURNE
URIARTE
LA política se está convirtiendo en uno de los últimos reductos de la verdad en las sociedades desarrolladas. No es una ironía, ni una provocación, aunque lo parezca. Es una constatación del fuerte contraste entre los exigentes controles de la verdad en el ámbito político y los inexistentes controles en otros campos. Sobre todo, en ciertas parcelas de la creación y del mundo del espectáculo, en los que la noción de mentira como problema moral, simplemente, ha desaparecido. Aún peor, la mentira se ha convertido en una parte esencial del negocio. Con la más completa naturalidad.
Juan Carlos Blumberg es el alma y presidente de la Fundación Axel Blumberg de Argentina. Ha liderado un movimiento social de amplia acogida entre los argentinos en contra de la inseguridad ciudadana, a partir de la desgarradora experiencia de él mismo, que perdió a su joven hijo en manos de unos delincuentes en las calles de Buenos Aires. Suscitó la simpatía y el apoyo de toda la nación. Y, sin embargo, los perdió a la misma velocidad cuando un periódico destapó que Blumberg había mentido. No respecto a la sustancia, el asesinato de su hijo y la delincuencia, sino respecto a su propia biografía. Había afirmado que era ingeniero. Pero resulta que nunca obtuvo tal licenciatura, ni siquiera en la universidad alemana que inventó para los periodistas. Imagino los efectos destructivos de una mentira semejante en cualquier político y aún los calculo más letales en nuestro país que en Argentina.
En España, las hermanas Penélope y Mónica Cruz acaban de anunciar que han diseñado una colección de ropa para una conocida firma de moda. Nuestras nuevas diseñadoras han seguido la estela creativa de otras estrellas multifacéticas. Como la modelo Kate Moss, que, entre foto y foto, también diseñó una colección para una marca de ropa. O la mismísima Madonna, que, además de cantar, también diseña, como las anteriores, e hizo lo propio para otra conocida cadena.
No tengo datos que me permitan afirmar que las estrellas más arriba mencionadas tengan de diseñadoras lo mismo que Blumberg de ingeniero. O incluso menos, puesto que Blumberg tiene un título medio. Al fin y al cabo, si ustedes no conocieran, por ejemplo, que el espectacular aeropuerto bilbaíno de La Paloma es de Santiago Calatrava, al igual que uno de los bellos puentes que cruzan la ría, y yo me atribuyera su diseño, no podrían afirmar que no fue así. Entre otras cosas, porque no les habría facilitado la información de que mis mayores apuros escolares, además de en Labores del Hogar, aún existía aquella terrible asignatura, y en los dictados del Solfeo, se produjeron en Dibujo. No por falta de vocación para la arquitectura, que la tenía, sino por pura incompetencia.
Pero sé, al menos, que, en política, lo mío con el diseño de La Paloma, incluso con el diseño de un vaso, se investigaría. Aun sin conocer mis antecedentes escolares. Hay parcelas del mundo creativo, la moda, el diseño y, cada vez más, la creación literaria o ensayística donde la investigación ni se plantea. No porque el engaño no se sospeche, sino porque la mentira y la impostura se han convertido en institución. En puro negocio publicitario. Y el trasgresor es quien osa mover un dedo para acabar con esas prácticas.
El escándalo de la BBC que acabamos de conocer, sus dimensiones, sobre todo, con nada menos que siete concursos en los que se han constatado falsos ganadores y engaños varios, se produce en este ambiente. De total laxitud moral ante la verdad. Cuatro o cinco décadas atrás, un engaño semejante, en un solo concurso de televisión, no en siete, causó un tremendo escándalo en la sociedad estadounidense. Los ganadores amañados hicieron correr ríos de tinta y de indignación popular. E incluso dieron lugar a una película, Quiz Show, que contemplamos en España hace no mucho tiempo.
No creo que los ciudadanos hayamos cambiado tanto desde entonces. Y que ahora seamos indiferentes a la mentira. Quizás es que nos hemos especializado exclusivamente en la mentira de los políticos.
jueves, julio 19, 2007
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