jueves, julio 19, 2007

Dichosos chorrillos

viernes 20 de julio de 2007
Dichosos chorrillos
Tienen la manía los barcos de soltar chorrillos cuando descalabran. En el Gobierno del PP hubo quien habló de «hilillo» de chapapote, cuando el desastre tenía más peso que una foca monje en charco de Los Monegros. Y, ahora, con el desastre de Ibiza, se ha escuchado hablar de «chorrillos» o similares, de pequeñez, de escasa fuga mientras tintaba negra buena parte de una isla en plena campaña turística. Chorradas chorras que hablan de ágiles chorrillos-hilillos para escapar del betún, del embadurne, de la marea espesa.
Y si otra cosa ha quedado clara con el último episodio de un buque hundido en nuestras costas es que estos desastres no saben de colores gubernamentales. Los coros y danzas que los aprovechen, puede; pero el desastre, no. Y es bueno distinguir entre la sustancia y el arreglo, no se vaya a confundir el perejil con la chuleta.
Al hilo de lo anterior, la segunda lección que queda es que cuanto más en vertical se escupe, más riesgo hay de que el proyectil babee la cara en su caída libre. Y usar el desastre del «Prestige» como se usó tuvo un tanto de verticalidad babosa. Dejémoslo en eso, en un tanto, por ser bondadosos. Evidentemente, la distancia entre el desastre del «Prestige» y lo ocurrido en Ibiza es tremenda, pero la sustancia la misma en lo que el caso viene: que sacar rentabilidad a corto plazo se convierte en un riesgo. Y utilizar el accidente de un tercero para estrujar la rentabilidad de la urna es jugar con un «chicharro» bursátil.
Es recomendable la seriedad, para evitar chorras, chorradas y chorrillos a destiempo, y procurar prevenir con rigor desde donde se puede y como se debe. Buscar responsabilidades en la cadena administrativa de control es una cosa; apuntar con el dedo acusica a las primeras de cambio, otra, gobierne quien gobierne.
Eso sí, en todos los casos, y esto va para los políticos de turno, ni «hilillos» ni «chorrillos». Si consideran que la excusa es necesaria, por favor, cavílenla un poco. En Ibiza, sin ir más lejos, lo agradecerán seguro. Mientras tanto, echan cuentas del betún impertinente. Que vaya pena, por cierto.

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