viernes 20 de julio de 2007
Amigo del Prado
Como no podría ser de otro modo, ya se han destacado con justicia los méritos de Rodrigo Uría como jurista, y como presidente del Real Patronato del Museo del Prado. En este sentido me siento obligado a recordar, resaltar y agradecer el apoyo y comprensión con los que, desde dicho puesto, distinguió a la Fundación Amigos del Museo del Prado que me honro en presidir. Su presencia, siempre cálida, nos estimuló en todas y cada una de las actividades organizadas por la misma, desde la ya lejana exposición «Goya y la mujer», con motivo de su vigésimo aniversario, cuando él sólo era vocal del Real Patronato, hasta los homenajes a Philippe de Montebello en 2004 o de Nigel Glendinning en 2005, pasando por los actos inaugurales de muchos de nuestros ciclos de conferencias.
Pero fue a lo largo del pasado año cuando, con motivo del vigésimo quinto aniversario de la creación de nuestra institución, el reconocimiento y cariño de Rodrigo Uría se hicieron más públicamente patentes en sus palabras de agradecimiento por su labor de apoyo al Museo. Casi finalizado 2006 y durante la presentación de la Enciclopedia del Museo del Prado, obra de nuestra fundación, calificó el evento como «el acto más esperado del mundo de la cultura española, fruto de la voluntad incansable de apoyo al Prado». Su entusiasmo y satisfacción por dar a conocer y compartir la materialización de cinco años de intenso trabajo fue para nuestra fundación una gran recompensa.
En definitiva, nos emocionará siempre recordar su intervención pública manifestando que uno de los mayores logros de la institución que presidía era el apoyo social de sus Amigos, factor esencial, cito textualmente, por lo que supone de enorme ayuda en la misión de extensión cultural del museo y de garantía de la presencia en sus actividades de una sociedad civil comprometida con la cultura y el arte.
La generosidad de la que siempre hizo gala impregnó el día a día de la relación entre la Fundación y el Museo, facilitando en todo momento la realización de todo tipo de proyectos en fiel cumplimiento de la misión de la Pinacoteca: la conservación y difusión del inmenso legado cultural en ella albergado. Por otro lado, su carácter tremendamente vitalista hizo que contagiara a cuantos le rodeaban de su pasión por el trabajo bien hecho, desechando cualquier atisbo de desfallecimiento ante la adversidad; si se aplicaba tesón y ánimo nada resultaba imposible, como él mismo demostraba día a día. Conocedor excepcional del especial momento que vive el Museo del Prado, siempre agradeció y destacó el trabajo desarrollado por todos y cada uno de los profesionales involucrados en ese gran proyecto que ha sido, y continua siendo, la ampliación de la Pinacoteca.
Aunque físicamente no contaremos con su presencia en el gran día de la inauguración de la ampliación del Museo, todos cuantos hemos tenido el privilegio de conocerle y de trabajar estrechamente con él, a buen seguro recordaremos su entusiasmo, su fuerza y, nosotros muy especial y emocionadamente, su comprensión y reconocimiento hacia la tarea que llevamos a cabo diariamente desde la Fundación.
jueves, julio 19, 2007
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