Se acaba el suplicio Caffarel
Santi Lucas
12 de enero de 2007. El próximo lunes toman posesión los nuevos miembros del Consejo de Administración de RTVE y termina formalmente la zarandeada etapa de Carmen Caffarel. En una hoja sindical del día 3 de enero la UGT distingue a esta señora como "la peor gestora que hemos conocido y la que más daño ha causado al servicio público y a sus trabajadores". Una despedida muy poco amorosa y apacible para quien ha trabajado con tanto esmero y dedicación para cumplir el encargo que le hizo personalmente Rodríguez Zapatero. La propia Caffarel desvelaba la encomienda en un acto público el 12 de enero de 2005: "Un buen día recibí la llamada de José Luis Rodríguez Zapatero. Me dijo que quería impulsar un cambio profundo en la radiotelevisión pública estatal, que ya estaba bien de que los políticos jugaran con la televisión pública. Y que él quería ser el presidente que rescatara RTVE de los políticos y se la devolviera a los ciudadanos. Y me preguntó: ¿estás dispuesta a ayudarme a eso?". La contestación fue la que ya sabemos todos y sus consecuencias las que están también a la vista: una radiotelevisión pública estatal cuarteada, sectaria, errática y desnutrida.Por desgracia, nadie escuchó a tiempo al hermano de Caffarel. "Si mi padre saliera de la tumba volvería a morir del mismo mal que lo llevó a la muerte. Mi hermana no es de izquierdas, está a la izquierda de la izquierda. Yo mismo le dije que no tenía ni idea de gestión, que no aceptara. Y cada día me demuestra que no estaba equivocado. Mi hermana va a hundir esa empresa". Recoge esta lindeza el periodista Alfredo Urdaci en su libro Cómo salir del infierno. Y dice también el pariente: "Las cenas de Navidad con ella son un infierno". Esto ya es el colmo. Mal que Caffarel se cargue un servicio público como RTVE y reparta los despojos entre la competencia, mal que licencie a la mitad de la plantilla por cometer el delito de tener cincuenta años, mal que trufe las emisiones de un baboso seguidismo al Gobierno, mal que pierda a chorros la audiencia, muy mal, pero, convertir las entrañables fiestas navideñas en un infierno para su familia es un acto de una crueldad, inclemencia y exceso realmente imperdonables. Con estos brochazos biográficos tan monstruosos no me extraña nada lo que nos ha hecho durante los últimos tres años a los que no somos allegados. Menos mal que lo deja el lunes.
jueves, enero 11, 2007
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