jueves 19 de julio de 2007
Apuntaciones diversas
Antonio Castro Villacañas
1. Esperanza Aguirre es la Presidenta de la Comunidad de Madrid que más votos ha obtenido en toda la historia de la democracia, leo en un periódico afín a la política pija. Es una verdad como un templo, pero también es una muestra de ese periodismo de nuestros días que se caracteriza por decir verdades a medias, o incluso por disfrazar la verdad de modo que cada lector pueda escoger el buscar lo que se oculta tras lo que se muestra o el conformarse con lo que se le enseña. Teniendo en cuenta que en toda la historia de la democracia -por cierto, ¿en qué año situamos el comienzo en España de este peculiar fenómeno?- la tan alabada Esperanza es la primera política que ha sido candidata al puesto que hoy ocupa, parece evidente que también ha sido nuestra primera Presidenta, y por eso mismo la más votada, cualquiera que sea el número de papeletas depositadas con su nombre en las urnas. Su ciclón electoral -sigo leyendo- no sólo se ha llevado por delante a su adversario (el pertinaz Sr. Simancas), sino que ha provocado una auténtica crisis en el socialismo madrileño. Tampoco aquí -pienso yo-se nos dice la verdad entera, porque siendo también evidente que su ciclón electoral se ha llevado por delante al candidato socialista y a los dirigentes que le apoyaban, lo cierto es que la auténtica crisis del socialismo madrileño -como la crisis de todo el socialismo, español, europeo e internacional- tiene otros orígenes y otras soluciones. Pero como este tema bien merece ser tratado aparte, lo dejo para otro día y vuelvo a nuestra Esperanza, que -leo de nuevo- apenas se ha dado un respiro para disfrutar de las mieles del éxito. Desde que ganara las elecciones el pasado 27 de mayo, todo el mes de junio lo ha invertido en preparar su debate de investidura, en escoger los miembros de su gobierno, en presentar sus respetos al rey... Aquí me detengo. Me parece muy bien que los Presidentes de las Comunidades Autónomas presenten al rey sus respetos tras haber sido elegidos o reelegidos para tal puesto, aunque mucho me temo –el tiempo lo dirá- que no todos ellos serán tan diligentes como Esperanza Aguirre en hacerlo. Ni tan apresurados ni tan pelota, añado por mi cuenta y riesgo. Sólo a una política pija puede ocurrírsele el ofrecer al rey bautizar dos hospitales de reciente creación con los nombres de las dos hijas -Leonor y Sofía- de los Príncipes de Asturias. Como si en la historia de la medicina madrileña, española o universal, no hubiera nombres dignos de recuerdo y respeto. 2. Urbanismo y corrupción.- El problema de fondo en este campo de Marte de nuestras ciudades y nuestras costas, tan denunciado desde hace poco por tirios y troyanos, extranjeros y nacionales, es la tendencia generalizada entre nuestros políticos democráticos a obtener beneficios económicos -para sí mismos o para sus respectivos partidos- mediante un muy sencillo procedimiento: convertir en edificable el suelo de su municipio dedicado hasta entonces a otros menesteres, tan tradicionales como mucho menos rentables... Todos estamos de acuerdo en la simple descripción de este fenómeno político y económico, pero no en escarbarlo a fondo o en buscarle soluciones. Hay quienes lo ven como una variante de la tendencia generalizada por estos pagos, los españoles, a meter la mano en la caja ajena, con lo que para salvar o disculpar a unos pocos convierten a todos en delincuentes efectivos o potenciales. La verdad es muy diferente: la genuína corrupción urbanística no tiene nada que ver con la tradicional picaresca española, por otro lado común a las distintas identidades nacionales del mundo entero. El talar encinas centenarias para levantar media docena de chalés adosados se produce y se hace algo cotidiano y común desde que a partir de 1975 se presenta en España el problema de financiar los partidos políticos y las personas que los dirigen y representan. Simultáneamente, y siguiendo ejemplos regios, se instala en la conciencia nacional la idea de que para ser una verdadera y ejemplar democracia sólo hay que hacer todo lo contrario de lo que se hacía antes de que muriera Franco. Así, puesto que la Ley del Suelo franquista exigía que los planes de urbanización de pueblos y ciudades fueran estudiados y aprobados por Comisiones Provinciales o Nacionales de Urbanismo compuestas por personas competentes e idóneas, la Ley del Suelo demócrata concedería esa potestad a los Ayuntamientos, integrados en su casi totalidad por personas fácilmente proclives a dejarse impresionar por toda clase de argumentos y razones, entre las que más destacan el din-don del poderoso caballero Don Dinero y el triqui-traca de las listas electorales y la disciplina de partido. De igual modo, puesto que la franquista Ley de Régimen Local exigía que los Secretarios, los Interventores y los Depositarios de los Ayuntamientos y las Diputaciones Provinciales, encargados de controlar y garantizar la legalidad de la vida administrativa y económica de dichos entes, no pudieran ser nombrados ni cesados por los alcaldes, concejales, presidentes y diputados, sino que para garantizar y defender su independencia toda su carrera profesional dependiera de la Dirección General de Administración Local, que los nombraría por medio de oposiciones y concursos abiertos y los cesaría o trasladaría tras expediente público. Una democrática Ley de Régimen Local diría todo lo contrario, de modo que tales funcionarios no podrían en la práctica poner el más mínimo reparo a las decisiones de sus señores políticos, porque de estos dependerían tanto su nombramiento como su permanencia en el cargo, y de hecho toda su vida profesional. Consecuencia de estos cambios es que de 1975 para acá haya aumentado de forma enorme en toda España el número y la calidad de las irregularidades urbanísticas.
miércoles, julio 18, 2007
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