jueves 19 de julio de 2007
Errores como proyectiles Lorenzo Contreras
Una de las realidades más lamentables de la política al uso es la sistemática utilización del “tú más” en las disputas de los partidos sobre sus respectivos errores. El “tú más” va cediendo paso al “y tú, ¿qué?”, que ya parece indicar una profundización en las indagaciones del pasado. De la verdad general se salta, por tanto, a enunciados concretos, acusaciones sobre hechos notables que afectaron a los intereses y a la sensibilidad de sectores enteros de la población. Porque el “qué” obliga a documentar para comparar y medir la gravedad de los errores que unos se tiran a la cabeza de otros. Y lo primero que asombra cuando se recuerda lo que pasó y se considera lo que pasa es, en términos generales, la comprobación de la enorme incompetencia de los actuales dirigentes repartidos por las distintas comunidades autónomas.
Pero el pecado no acaba en la actitud de los políticos en activo, sino que es también atribuible a los politizados ciudadanos que desde distintas profesiones y dedicaciones, a menudo artísticas, procuran arrimar el hombro a la causa de los dirigentes de grupos gobernantes, incluido, naturalmente, el Gobierno central. El ominoso silencio actual de los ruidosos de otrora en Galicia convierte la inicial nobleza de las causas defendidas en torpes o inconfesables maquinaciones para que unos sectores políticos debiliten o intenten debilitar a otros en lugar de atender al drama de los ciudadanos directamente afectados por los distintos episodios.
Recuérdese el caso del “Nunca máis”, en la catástrofe ecológica del Prestige, del que “nunca máis” se supo. No se supo del barco que naufragó y al que las aguas cubrieron piadosamente como restos de un material incompetentemente manejado. En la superficie quedó flotando el combustible que un voluntariado social procuró achicar en las playas y en el litoral gallego mientras los “cooperantes políticos” de los partidos interesados en sacar provecho de la catástrofe agitaban banderas y pancartas con la esperanza de traducir los gestos en votos. Era lo que en los medios oficiales controlados por el PSOE repercutía, mientras los ciudadanos solidarios iban poco a poco retirándose sin recibir la gratitud pública oficial o institucional que merecían. Que se sepa, no se repartieron medallas entre ellos. Ni ellos, por supuesto, las pretendían.
Ahora, en Ibiza, otro barco, el Don Pedro ha repetido en cierta medida la “hazaña” del Prestige, y toda la incompetente autoridad responsable, ante las críticas que recibe en correspondencia con la memoria del pasado, no imagina otra argumentación defensiva que comparar la distinta magnitud de los vertidos contaminantes, como si el peligro potencial eximiera de su ineptitud, según su dimensión, a las autoridades responsables de la seguridad marítima. Y ahí tenemos a doña Magdalena Álvarez, ministra de Fomento, manifestando que jamás en casos similares se conoció una respuesta tan inmediata y con tantos medios. Una medalla, por favor. Y que, a ser posible, la financien o la reclamen para ella los afectados turísticos de la isla, cuyos ingresos no serán seguramente compensados en sus inevitables daños, menoscabos o detrimentos.
¿Hace falta recorder los riesgos que ha corrido recientemente la bahía de Algeciras, en otro episodio relacionado con la seguridad insuficiente de la navegación en la zona? Tampoco en este caso sonaron los estridentes ecos de los “nunca máis” de turno, que ya dejaron de reclamar turno en la denuncia de estos sucesos. Claro que vendrán tiempos más cívicos y denunciadores, sobre todo si los gobernantes cambian de color político.
La verdad es que esto del mar litoral se está llevando la primacía de la atención pública y mediática. Sólo algún que otro aniversario rememora algún que otro trágico incendio forestal, como, por ejemplo, el de Guadalajara, de cuyos directos encargados de velar por su seguridad sólo se sabe que el viento del tiempo los arrastró hacia las inmensas llanuras del olvido
jueves, julio 19, 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario