Las luchas fraticidas acaban con Piqué
Antonio Martín Beaumont
20 de julio de 2007. Mala, muy mala noticia la dimisión de Josep Piqué para Mariano Rajoy. En primer lugar, porque a escasos ocho meses de las elecciones generales quedarse sin su hombre en Cataluña, se mire por donde se mire, por más que se quiera tapar con un estúpido "la vida sigue", es un varapalo electoral complicado de resolver. Pero sobre todo es una mala noticia porque a lo largo de estos años el número uno del PP ha hecho una apuesta sin dudas, a piñón fijo, del "encantador de serpientes" catalán que Aznar atrajo a su proyecto político desde el nacionalismo moderado. Piqué ha sido uno de los hombres de plena confianza de Rajoy, que por más señas pertenece a su sanedrín político de maitines. Todo ello sin contar el sesgo que la dimisión va a dejar en la opinión pública catalana, ya saben: "Han ganado los catalanófobos del PP". ¿Quién es capaz de remontar tal imagen de aquí a que se abran las urnas?Ojo, quizá Piqué debió ser removido de su cargo hace meses, al ver que el Partido Popular en Cataluña no sólo no avanzaba sino que retrocedía paulatinamente, pero las cosas se quisieron dejar correr hasta que ahora, en el peor momento para Mariano Rajoy, han estallado.Y han estallado, precisamente, por culpa de una filtración malintencionada desde Génova a los medios de comunicación que impedía a cualquier persona con cierta dignidad seguir adelante mirando hacia otro lado como si tal cosa. Josep Piqué, esta vez, dijo con decoro "hasta aquí hemos llegado". No tenía más remedio, no le habían dejado más salida.Mariano Rajoy tuvo a lo largo del jueves en su mano parar la dimisión de Piqué. No lo hizo. No pudo siquiera suavizar la sonora -e inhabitual- desautorización que había recibido su "barón" catalán desde el Estado Mayor pepero de Madrid. No pudo hacerlo porque hubiese tenido que colocar a los pies de los caballos al secretario general y número dos de su partido. Esta vez, Rajoy, no tenía otra: optaba por Piqué o por Acebes. Y don Mariano, ahora mismo, tiene poco margen de maniobra. "Va a ser peor el remedio que la enfermedad", debió pensar un presidente nacional del PP que prefirió callar y despedir por teléfono a su bastón catalán arrastrado por luchas fraticidas envueltas en razones de partido.
viernes, julio 20, 2007
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