viernes 20 de julio de 2007
Imaz, el estadista
Ernesto Ladrón de Guevara
H ACE un tiempo buscaba las posiciones políticas del PNV para ir en la dirección contraria. Y siempre acertaba. Hoy me pasa lo mismo con el PSOE. Si D. José Blanco dice que Imaz es un fenómeno, pues ha dado en el clavo contradiciéndole a Ibarretxe con eso de la consulta, en esa búsqueda melancólica de la independencia vasca, yo busco argumentos que contradigan esa afirmación, o, al menos, interpretaciones que no rocen la superficie sino que indaguen en las profundidades de las intenciones estratégicas del PNV. ¿Por qué? Pues primero porque no me fío nada que venga del PNV, ya que siempre da gato por liebre (repasemos su historia próxima o lejana), y segundo porque las alabanzas del PSOE suelen ser igual al abrazo del oso, y no me sugieren nada más que mera táctica en clave de poder político. El PNV es el único partido de la escena española que tiene una estrategia a largo plazo, y que modula las tácticas en los escenarios a corto en función de las necesidades. Sigue el movimiento del calamar. Este se impulsa por contracciones y expansiones, o lo que es lo mismo por retracciones y extensiones de las fibras musculares del manto, y cuando observa algún peligro emplea el sistema de propulsión a chorro, al tiempo que se oculta entre el material opaco expelido. El PNV, en su larga trayectoria nos muestra que es capaz de defender una tesis y la contraria con el fin de sobrevivir al frente del poder político y modular el mensaje en función de sus necesidades de permanencia. Y en ocasiones se oculta generando “ruido” para confundir a las gentes. Unos utilizan el mensaje bronco y ultramontano mientras que otros parecen dar un mensaje conciliador y moderado que resalta mucho entre el histrionismo, pues por comparación, ese mensaje parecería nimio si no hubiera una exaltación envolvente de los sentimientos. ¿En qué situación se encuentra el PNV? Gracias a Zapatero, el mundo proetarra que tradicionalmente ha competido con el nacionalismo llamado moderado en posiciones independentistas ha restado protagonismo al PNV lo que ha conllevado una sustancial pérdida del voto por ambos lados: por el más moderado por una parte que se ha ido hacia el socialismo y por el radical por otro que se ha fugado hacia ANV, arrastrando, también, a la casi desaparición a la rama escindida del PNV: EA. Esa fuga de votos por el lado más conservador había que taponarla, cosa que Imaz ha intentado hacer con las últimas declaraciones. Y a continuación ha tenido que restañar la imagen de división en las filas nacionalistas predicando a favor de la concordia y la concertación de estrategias con Ibarretxe. Pero, por otra parte, el problema es que la cohesión del tripartito también ha quedado erosionada, sencillamente porque cada partido coaligado ha tenido que pugnar por sus respectivas franjas electorales para no desaparecer de la escena institucional. Y además, con la ambición de quien supedita el “bollo a la melancolía”, han hecho pactos municipales con quien más convenía; no con el punto de mira en la coherencia en los pactos. Con lo cual la situación política para el PNV es realmente complicada, pues se puede quedar sin socios. O, -lo que sería un grave error a largo plazo si cae en la tentación el PP- podría poner la alfombra a un socio inaudito, que sería el partido de Rajoy, ante la ausencia de “mejor” compañía, lo que requeriría una dulcificación del mensaje. No en vano hay dos dimensiones en el PNV: el recorrido a largo plazo en clave soberanista, pues los procesos de independencia a corto asustan a su electorado más adinerado y burgués, y la conservación del poder político con lo que ello implica de control social y económico. Endiablado movimiento de piezas en el ajedrez vasco. Pero no nos engañemos… la capa roja de Caperucita no siempre esconde a una inocente criatura. Mirando con detenimiento podemos observar unas oscuras y picudas orejas. ¿De quién serán?
jueves, julio 19, 2007
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