jueves, julio 19, 2007

Javaloyes, La division islamista abre el camino a la paz

jueves 19 de julio de 2007
La división islamista abre el camino a la paz José Javaloyes

Pese a que el precio del barril OPEP alcanza cotas históricas, alabado sea Dios, porque la escisión de los más fanáticos de Alá y del islamismo antioccidental abre el camino a la paz entre Israel y los árabes. El semigolpe de Estado de Hamas en Gaza ha recompuesto sustancialmente el desgarrado proceso de negociación entre Mahmud Abbas, presidente de la ANP (Autoridad Nacional Palestina), y el Gobieno de Israel, y restablecido el flujo de las ayudas internacionales, interrumpido por causa de la entrada de Hamas en el Gobierno de los palestinos.
Tan claramente queda abierta la ventana de oportunidad en el Oriente Próximo, que el presidente Bush se tira en plancha para proponer esa conferencia internacional que se celebraría en el mes de diciembre próximo y que reproduce, como proyecto, lo principal de la propuesta del Rey de Arabia Saudí de sentar en la misma mesa de negociación al Estado judío y a los estados árabes. Salidos originariamente —aunque no sus respectivos regímenes— del mismo impulso occidental, tras de la derrota del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, a lo largo de un proceso que se prolongaría hasta bien acabada la Segunda Guerra Mundial, con sus severas revisiones de los distintos desarrollos de la Paz de Versalles, de los que se habían beneficiado allí, en el Mediterráneo oriental, por vía de protectorados o mandatos, británicos y franceses.
Hamas, pilotado de lejos por Irán —al igual que Hezbolá en el Líbano—, puede tener la virtud de sentar a la mayoría suní, prevaleciente entre los árabes musulmanes y abierta al nacionalismo, en la mesa negociadora de los palestinos con Israel. Ello puede resultar una experiencia piloto de gran utilidad orientadora para el problema de Iraq. En este otro escenario, sabido es, la diplomacia norteamericana intenta, de alguna manera, abrir puentes de contacto con la resistencia nacionalista de confesión suní para lograr dos objetivos bien diferentes.
Uno, el de drenar parte del poder que tiene la población chií: vencedora de las elecciones que se celebraron, por su enorme ventaja demográfica, y penetrada de la influencia de Irán. Otro, cortarle de alguna manera el paso el radicalizado sunismo integrista de Al Qaeda: demenciado en la pretensión de instituir un emirato talibán en Mesopotamia, semejante al que habían logrado establecer en Afganistán antes del 11 de septiembre del 2001. Establecimiento logrado por la inercia de las condiciones creadas al cabo de la contienda islámica contra la ocupación soviética del territorio afgano.
De cualquier modo, volviendo a la cuestión palestina y a la más avizorable consecución final de un Estado propio, desde el actual estadio político de la ANP, lo que se abre camino desde el cuadro creado por Hamas en Gaza es la evidencia de que la suma en el mundo árabe de islamismo y nacionalismo contra Israel y todos sus aliados es una acumulación de fuerzas que ha desaparecido. Siendo sustituida tal suma por una resta. Con lo cual se ha abierto brecha, ventana de oportunidad por donde la Casa Blanca, entrampada en Iraq, piensa quizá escapar del atolladero.
Es difícil negar que en Oriente Próximo pueda pronto cambiar el viento.
jose@javaloyes.net

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