viernes 20 de julio de 2007
El chiste, una ironía terapéutica
Félix Arbolí
U N antiguo y muy querido amigo de la infancia, de esos que no olvidan los años “comuneados” en los pupitres escolares y los paseos por la inolvidable calle Real de San Fernando, la isla de mis amores, me envía con frecuencia correos con curiosas y divertidas historias, en su mayor parte sobre políticos, que son las que más se llevan actualmente; otros con escenarios realmente impresionantes de los lugares más remotos e interesantes, que aparte de regalar la vista deleitan el oído con la música que les acompañan y a veces colecciones de bellas modelos que adornan una bonita historia. Son mujeres prefabricadas, todo hay que decirlo, pero capaces de arrobar al que las contempla y hacerme chiribitas en la retina pensando en el pasado. Pero dentro de este conjunto de sorpresas que le recibo casi a diario, son los chistes los que más me divierten y animan. En su mayoría son de tema ó biografía política, un asunto muy generalizado. Gracias a mi amigo Eduardo Ramos Guillén, -me gusta citar los dos apellidos para no ningunear a la madre-, he podido admirar los paisajes, edificaciones y rincones más insólitos que uno pueda imaginar, en fotos y detalles que me han hecho considerar los enormes tesoros que nos ofrece la Naturaleza. Desde los limitados espacios de mi cuarto-estudio, (mi mujer lo llama “laberinto literario” y a veces “leonera”), donde paso las tres cuartas partes de mi actividad. he podido trasladarme y conocer sin levantarme del cómodo sillón, regalo de mi hijo mayor, países, cascadas, edificaciones caprichosas y casi inverosímiles y todas esas maravillas que el hombre es capaz de ofrecer cuando la naturaleza le es propicia a desarrollar sus aptitudes. Eduardo, he de aclarar, es de esas personas que desde que tuvo uso de razón brilló con luz propia y destacó sobre la mediocridad que le rodeábamos en las aulas. Pero es una persona que a pesar de haber escalado los más altos puestos profesionales, incluso a nivel internacional, es un amigo entrañable y sencillo que sabe ser leal y constante con las amistades adquiridas aunque hayan pasado lustros de ausencia y desconexión. Cuando a través de estas páginas nos hemos reencontrado, con una gran alegría mutua, nuestro contacto es frecuente y entrañable y hasta se ha convertido en animado y acertado forista de nuestras páginas donde su opinión es siempre interesante y aleccionadora. Es de los que sienten España hasta en las profundidades y se mantiene fiel a los principios y normas de nuestra religión, sin abrigar la menor duda. Un “chaval” extraordinario, aunque sea poco más o menos de mi quinta, de los que a uno gusta presumir de su amistad. Una rara avis, en suma, en estos tiempos donde lo normal es la indiferencia ante los conceptos y valores que deben sernos inmutables. De sus correos, que yo suelo reenviar a familiares e íntimos, he de aclarar que me quedo con los chistes. Ignoro de donde puede sacar tantos y tan buenos, aunque viviendo en esa tierra privilegiada donde esparcen la sal hasta los pájaros que vuelan, no es nada extraño. .El chiste, a mi juicio, es fruto de una ingeniosa improvisación. Algo que surge espontáneo, sin pretensiones. Es el que lo oye y advierte el ingenio y la gracia que contiene, el que lo cuenta divertido hasta convertirlo en jocosa e irónica historieta. Andalucía, es tierra propicia al chiste y a la sátira. Y de Andalucía, mi entrañable tierra gaditana es la que se lleva la palma y la medalla de oro en esta hipotética competición. No he visto gentes más dadas a sacarles sonrisas hasta a sus propias desgracias, convirtiendo penas y tragedias en alegres y satíricas letrillas que dan merecida fama a sus internacionales carnavales, sin omitir esos populares tanguillos y alegrías donde hablan y comentan sus sentimientos, sensaciones y pesares con gracia y optimismo. Dicen que cada niño trae un pan debajo del brazo, (ahora con Zapatero son dos mil quinientos euros y si los padres tienen paciencia y esperan un tiempo, serán tres mil euros con Rajoy o mejor si fuera con Rato), pero el “peque” andaluz, sin haber sido desconectado aún del cordón umbilical materno, trae una chistera, -no me refiero al sombrero, sino al conjunto de chistes-, en su sesera. Allí brota el chiste instantáneo y agudo, con la misma facilidad que la blanca y amarillenta margarita en su campo inigualable, pero cada día más acotado y oprimido. Es una tierra especial, y no porque sea la mía y la quiera tan profundamente, que goza justa fama de alegre, ingeniosa y bullanguera más allá de nuestros límites regionales. Reza cantando en esas incomparables saetas pasionales; llora en esas peteneras, seguiriyas y bulerías que arrancan jirones del corazón y lágrimas del alma y se mofa hasta de su sombra, en esos tanguillos y alegrías que alivian penas y brotan sonrisas hasta de las piedras del camino. Todo es una canción íntima y sentida que surca los aires buscando que el viento o la brisa aleje los malos sentimientos y pesares. Cuando hablo de la espontaneidad del chiste andaluz, casi un hábito cotidiano, recuerdo una anécdota de mis años infantiles. Un chavalín de cuatro años, Emilio García Velázquez, perteneciente a una de las familias más queridas y entrañables, protagonizó una divertida historia que se hizo popular en toda Chiclana. Llegó un mendigo a la puerta de su casa, siempre abierta aunque entornada, y solicitó al pequeño que le pidiera a su madre “un cacho pan”, por amor de Dios, ya que tenía hambre. Emilito, así le llamábamos incluso ya de mayor, se lo hizo saber a su madre. Mamá, en la puerta hay un pobre que pide un “cacho pan”, por amor de Dios. - - Toma llévale este trozo con queso. . Pero no se te olvide que no debe decirse “cacho pan”, sino pedazo de pan. - Días más tarde, hallándose el chaval en la cocina oyó el comentario de las cocineras sobre sus aventuras del fin de semana. Una de ellas, la más joven, dijo divertida, “Pues yo me lo pasé estupendo. ¡Qué cachondeo nos tiramos!”. - El crío le recriminó al instante, - -- No se dice cachondeo, debes decir “pedazo de dedo” La carcajada fue general y la anécdota se extendió por toda Chiclana. El protagonista de esta historia murió joven, recién acabada la carrera de medicina. Una profesión que es auténtica tradición familiar, ya que médico era el abuelo, mi inolvidable Manolo Velázquez, al que debo me salvara de una grave neumonía a los pocos meses de vida, médico fue su yerno y padre del protagonista de nuestra historieta, su tío carnal materno, Guillermo, un hombre de los que nacen ya marcados por Dios, que llegó hasta general médico y médicos son algunos de los numerosos hijos de éste, entre ellos nuestro popular y querido “Negro”, general también y nuestra encantadora forista Paz, que es farmacéutica, o boticaria, como gusta autotitularse, para no perder el contacto con la medicina, la tradición de esa mi familia, a la que siempre llevaré entre mis más gratos e inolvidables recuerdos. - - Sobre contadores de chistes andaluces podría hablar largo y tendido. Ya cité en uno de mis pasados artículos al amigo y gitano Paty, que en mis tiempos de profesional de la hostelería, -¡vaya patinazo!-, se pasaba largas horas contando y empalmando chistes, con una gracia repajolera. Solo paraba unos instantes. El tiempo justo de refrescar la garganta con un trago de whisky y un taquito de pata negra. Nos dolía el estómago de tanto reír a mandíbula batiente. Hasta Julián el camarero, que era más serio que un guardia civil de los antiguos, no podía contener la carcajada y temblaba hasta la tarima de detrás de la barra con sus risas y contorsiones. Otro de los que tenían justa fama y constantes oyentes era José Luis Ayuso García, un amigo y paisano, de San Fernando, que no había quien lo parara cuando iniciaba su jocosa letanía, imitando incluso a las voces y gestos de los personajes que interpretaba, con una exagerada perfección. También nos dejó y se fue a chistear con San Pedro que, desde entonces no es tan pródigo en llorar y la lluvia nos tiene abandonados. Mi hijo el mayor, Félix Juan, mi clónico en el físico y el carácter, es otro venturoso narrador de chascarrillos, como también se llaman a los chistes. Los cuenta como si fueran surgiendo de una enorme tira inacabable que se halla oculta en su mente. Tiene gracia y es muy hábil en imitar y gesticular para darle mayor impacto ambiental. No se a quien sale con esa vena humorística, ya que soy incapaz de recordar el que me acaban de contar. - - En España donde desgraciadamente el pueblo se encuentra estresado, opino que los médicos se equivocan al intentar aliviarnos de esta extendida y extraña enfermedad. En lugar de atiborrarnos de medicinas,(lo siento Paz), de recomendarnos ejercicios y raras fórmulas, que por lo visto no tienen eficacia, deberían recetarnos la presencia del contador de chistes. Sería una terapia positiva y segura para espantar nuestros demonios mentales y llenar el aire de sonrisas. Porque el que es capaz de sonreír no siente nudos en su garganta ni cicatrices en su corazón y es el remedio capaz de vencer ese estrés y todos los malos presagios. Pero no todo andaluz tiene la habilidad de hacernos reír. Es horrible oír y contemplar a ese natural del sur de España que se la da de gracioso y ocurrente es más “esaborío” y más “sieso” que una suegra con bigotes. La gracia y el sentido del humor es un don que no todos poseemos aunque hayamos salido del mismo sitio y en idéntico lugar. Me enerva, por ejemplo, mi paisana Paz Padilla, gaditana que intenta hacernos gracia con sus exageradas poses y gesticulaciones, sus escandalosas expresiones que parecen dedicadas a sordos, y el alardear de comerse las letras y palabras y de un ceceo que quiere resultar natural y se convierte en fingido y barriobajero. Ese no es el habla de Cádiz, que goza justa fama de graciosa elegancia dentro de su peculiar pronunciación y jocosa manera de utilizar el vocabulario. Una cosa es ser de Cádiz y otra muy distinta utilizar a Cádiz para mediar y vivir exagerando sus vicios y virtudes. Porque lo que se intenta sin poseer ese arte tan especial y con el debido fundamento, suena a engañoso y grotesco. - -El último chiste recibido de Eduardo es el siguiente: “Un hombre vuela en un globo, cuando de repente, se percata de que está perdido. Entonces, maniobra y desciende lentamente hasta divisar a un individuo en medio del campo y le grita. - ¿Podría usted ayudarme?. He quedado en verme con un amigo a las dos de la tarde y llevo ya media hora de retraso. Y lo que es peor, no se donde me encuentro. - Claro que sí.- Le contesta el interpelado-. Se encuentra usted en un globo de aire caliente, a unos treinta metros de altura, entre los 40 y 43 grados de latitud norte y los 58 y 60 de longitud oest - ¿Es usted universitario, verdad?. - Si señor, lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado? - Es sencillo, porque todo lo que ha dicho es técnicamente correcto, pero es prácticamente inútil. Continúo perdido y voy a llegar tarde a la cita porque no se que hacer con su información. - ¿Y usted es político?.- Le pregunta el manzanillo. Si señor, ¿cómo lo ha sabido? - - Es muy sencillo. Porque usted no sabe ni donde está, ni para donde vá, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, se halla exactamente en la misma situación en que estaba antes de encontrarme, salvo que ahora, por alguna extraña razón ¡La culpa es mía!. - No se puede ser más preciso y ocurrente para describir e ironizar sobre el político en general.
jueves, julio 19, 2007
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