jueves, julio 19, 2007

Zapatero se da contra el muro

jueves 19 de junio de 2007
Zapatero se da contra el muro
DADA la escasa y generalmente poco afortunada actividad internacional de Rodríguez Zapatero, su viaje oficial a México ha sido una buena noticia por el hecho mismo de haberlo realizado. Al menos, ha visitado Iberoamérica sin dar nuevas muestras de sus afectos populistas por Hugo Chávez, Evo Morales o Fidel Castro. El principal resultado del viaje al país azteca interesa más a su presidente, Felipe Calderón, pues ciertamente la visita de Zapatero es una manera de expresarle públicamente su respaldo frente a la campaña de deslegitimación en la que aún persevera el candidato izquierdista López Obrador y cuyos seguidores han criticado, por este motivo, al presidente español. En este sentido, Zapatero ha acertado al apoyar a Calderón y pronunciarse a favor de la estabilidad política en México. También ha sido oportuno el acuerdo de colaboración en la lucha contra ETA, especialmente en las redes de financiación que existen en México. Desde que José María Aznar acordara en 2001 con Vicente Fox, anterior presidente mejicano, una nueva etapa de colaboración antiterrorista, México ha expulsado o extraditado a España 14 etarras, algunos de ellos, como los 6 que fueron entregados en mayo de 2006, acusados por la Audiencia Nacional de blanqueo de capitales y recaudación de fondos con fines terroristas. También es un acierto que Zapatero, al menos en este capítulo, siga el camino trazado por Aznar.
El problema del Gobierno socialista es que no tiene un planteamiento estratégico para España y esta carencia hace que sus relaciones diplomáticas, además de escasas, estén desprovistas de objetivos ambiciosos y de voluntad de asumir compromisos. Hay una evidente superficialidad en los discursos del presidente del Gobierno ante los mandatarios extranjeros, a los que suele obsequiar con disquisiciones muy coherentes con su talante, pero sin contenido alguno para desarrollar la diplomacia de altura que merecería España. Más grave es que en este ámbito de las relaciones exteriores, el presidente del Gobierno suela ceder a su fijación con Estados Unidos. Lo hizo en su visita a Túnez, en septiembre de 2004, cuando invitó a los países aliados de Washington a que abandonaran Irak como hicieron, a su orden, las tropas españolas. Poco importó a Rodríguez Zapatero que su gobierno hubiera aprobado tres meses antes una resolución de Naciones Unidas que pedía a los Estados miembros exactamente lo contrario, el envío de tropas al país árabe para colaborar con la Fuerza Multinacional dirigida por Estados Unidos.
En México, Rodríguez Zapatero ha cedido nuevamente a sus prejuicios ideológicos. Despreciando la gran incidencia de la inmigración ilegal en las relaciones entre los gobiernos mexicano y estadounidense e ignorando la sensibilidad producida por este problema al sur de Río Grande, al presidente del Gobierno no se le ocurre nada mejor que criticar la iniciativa del muro que Washington quiere alzar en la frontera para impedir la entrada de inmigrantes sin papeles y, también, que sigan muriendo en el desierto de Sonora. Adornando su pensamiento con una lírica, Zapatero dijo que «no hay muro, por alto, ancho o largo que sea, y cualquiera que sea el material que lo conforme, que pueda imponerse al sueño de una vida mejor». Estas palabras son impropias del presidente de un Gobierno que tiene en su país el problema más grave de inmigración ilegal de toda Europa. Son, además, claramente inconvenientes porque suponen entrometerse en las relaciones de dos países extranjeros, por un lado, y enturbian, aún más, la imagen de España ante la administración Bush, quien ha defendido la regularización de doce millones de hispanos, iniciativa a la que no aludió Zapatero. Además, son inoportunas porque deslegitiman las demandas españolas de ayuda a la Unión Europea y a los países del África subsahariana para frenar la entrada de inmigrantes por las costas canarias. ¿Por qué unas patrulleras españolas o las vallas de Ceuta y Melilla sí pueden frenar «el sueño de una vida mejor» y un muro fronterizo no? Zapatero debería ser consciente de que, cada vez que habla en el extranjero, compromete la imagen y el prestigio de España, y no para bien, precisamente.

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