jueves, julio 19, 2007

Villacañas, Apuntaciones sobre el Toison de Oro y el retorno de Dios

viernes 20 de julio de 2007
Apuntaciones sobre el Toisón de Oro y el retorno de Dios
Antonio Castro Villacañas
1. EL TOISÓN DE ORO FELIPE III, Gran Duque de Borgoña, creó el 10 de enero de 1429 la condecoración del Toisón de Oro para conmemorar su tercer matrimonio, celebrado con Isabel de Portugal. A través de su nieto Felipe, conocido en España como El Hermoso, la Orden pasó a depender de la Casa Real Española. Carlos V amplió el número de sus miembros de un máximo de 24 caballeros hasta un máximo de 50. En la actualidad puede haber hasta 60, entre caballeros y damas. Esta condecoración es una joya de gran valor, puesto que consiste en un gran collar de oro, integrado por 26 eslabones dobles entrelazados, que contienen las armas del Ducado de Borgoña y sostienen brillantes, rubíes y un gran zafiro esmaltado en azul y rojo. Del collar pende el Toisón o Vellocino, pequeño carnero de oro que cae sobre el pecho de quien porta el collar. Esta valiosa joya no se concede en propiedad. El Rey de España solo otorga su posesión, con carácter vitalicio, a quien le parece digno de su amistad y aprecio. Tras la muerte de la persona condecorada, la Casa Real Española reclama a la familia del fallecido la devolución del collar. Este va numerado, por lo que se sabe quiénes han sido sus sucesivos poseedores y en consecuencia su pequeña historia. El Toisón de Oro no es una condecoración propia del Estado Español. No tiene carácter oficial. Es una muestra de amistad y aprecio personal del Duque de Borgoña, que de esta manera reconoce en público los servicios prestados a su Casa por el así recompensado. Desde 1977 hasta hoy, Don Juan Carlos ha distinguido con el Toisón a los titulares -reyes o reinas- de las 10 monarquías europeas todavía supervivientes, al rey Hussein de Jordania, al emperador del Japón y al rey de la Arabia Saudí. Los únicos españoles públicamente propagados hasta ahora "amigos del rey" han sido: en 1977, Torcuato Fernández Miranda y José María Pemán; en 1981, el príncipe de Asturias y el marqués de Mondéjar; y en este año 2007, Adolfo Suárez, que vive sin saber quién ha sido ni quién es. Por todo lo expuesto, yo me pregunto: 1) ¿cuál puede ser el motivo de que el Jefe de la Familia Real Española haya querido reconocer -tan tarde- lo mucho que le debe a este su leal servidor? 2) ¿A favor de quién, o en contra de quién, va dirigido el mensaje que está implícito en tan singular concesión? Y por último: ¿qué nos ha querido decir el Rey a todos los españoles con este extemporáneo recuerdo? 2. EL RETORNO DE DIOS DURANTE algo más de dos siglos, los autobautizados "progresistas intelectuales" han hecho todo lo que estaba a su alcance para desterrar de la vida social e individual de los hombres la idea de que por encima y dentro de lo humano existe un Ser que todo lo puede y todo lo ve... Fruto de esa continua campaña es el mundo que hoy vivimos. Un mundo laicista, en el que los poderosos embrutecen a quienes menos poseen y pueden por el sencillo procedimiento de imbuirles la creencia de que cada individuo es rey soberano de sus propios actos -puede hacer siempre lo que quiera, le apetezca o le convenga-, y en unión de sus semejantes soberano total de la vida común. Cualquier forma de religión está considerada en este mundo laicista como un invento prehistórico, fruto de la común ignorancia y del minoritario interés en mantener un determinado narcisismo político y cultural, una concreta forma de vida política y social estrictamente jerarquizada, y un entendimiento de la persona como ser oscilante entre lo vulgar o corriente y lo sobrehumano o lo heroico... Lo que a mí más me sorprende de toda esta continua campaña es la cantidad de energía que en ella gastan quienes la promueven, casi siempre ocultos, y quienes la realizan, por lo general gentes que así obtienen considerables beneficios materiales. En su contra y a favor de la existencia de Dios sólo encuentran, salvo contadas excepciones, personas y argumentos amparados por el manto de la fe. Pese a ello, el observador más lerdo puede comprobar que el número de creyentes en un Dios omnipotente y misericordioso se mantiene, o incluso crece, porque -con independencia de cuál sea su concreto credo- millones y millones de personas se afirman en la idea de que "donde no hay Dios, tanto la vida pública como la privada se rigen por una moral relativa y arbitraria". Cualquier religión proporciona a sus creyentes una explicación sobre el origen, el sentido y el final de la existencia, una exigencia moral de la conveniente compostura en ella, suficientes dosis de consuelo para soportarla mientras dura, y otras tantas de útil inspiración para mejorarla. El poder de la fe radica en que no necesita justificarse intelectualmente, y por ello está al alcance de cualquiera, haciéndole libre así de sabios y poderosos. Contemplando el actual mapa del mundo se llega a la conclusión de que en casi todas partes cuecen habas, y en la nuestra -España, Europa, Occidente- se hace a calderadas. Quiero decir que el conflicto religioso existe en todas ellas y que entre nosotros alcanza un especial relieve, pues bajo la capa de un ansia de laicidad y de libertad religiosa en realidad se da un constante empeño por la extinción de cualquier forma de vida individual o colectiva que busque ampare o se inspire en cualquier tipo de religión o en aquella estimada como radical enemiga de la que profesen las personas o los sectores que nos gobiernen... Lo que tiene de malo la beligerante laicidad, y sobre todo la aún más beligerante hostilidad religiosa, es que incita a personas normales al cultivo y el consumo de los frutos del mal, presentándolos como los únicos racionales, mientras que la religión enemiga o todas las religiones se consideran un simple producto de la ignorancia y un inevitable factor de violencia.

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