viernes, julio 20, 2007

Chivite, Decepcion

Decepción
20.07.2007 -
F. L. CHIVITE f.l.chivite@diario-elcorreo.com

A menudo, los políticos me resultan decepcionantes. Peor aún, me entristecen. ¿A ustedes no? Oh, claro, sé que soy muy ingenuo al admitir a estas alturas que me dejo deprimir por eso. Y sé también que soy terriblemente injusto al referirme así, en general, a los políticos como si fueran todos iguales. ¿No lo son? Por supuesto que no. No todos están dispuestos a dejarse corromper estúpidamente por un puñado de euros. Ni a exhibir sin pudor la dudosa catadura moral que supone el hecho de subirse el sueldo uno mismo, a veces en unos porcentajes que suponen un agravio ofensivo para el resto de la gente. Pero aunque no todos son iguales, ni están ahí por lo mismo, sí hay algo en los políticos, un mínimo común denominador, que los asemeja y los define. Y ese algo tiene bastante que ver con el poder. La sustancia del poder es tenebrosa e imprevisible. Y genera adicción. En ocasiones, se experimenta con mayor intensidad controlando una simple concejalía de pueblo que presidiendo el gobierno de un país. Pero la fatalidad del poder, y me temo que son muy pocos los que se libran de ella, es la imposibilidad de renunciar a procurar extender y prolongar al máximo el poder obtenido. Eso se ve. La ambición de poder es algo que suele darse por supuesto. Y en ese sentido, el PSOE se ha equivocado en Navarra. Y fíjense que digo el PSOE y no el PSN. Antes de sanfermines, el Comité Regional de los socialistas navarros aprobó una resolución para pactar con NaBai, en la que el resultado fue de 106 votos a favor y uno en contra. Además, Zapatero dijo una y otra vez (y siempre con ese característico nuevo estilo suyo por favor, créanme, no soy Rajoy, les hablo con total sinceridad), que la decisión se tomaría en Navarra. Hay actitudes que en la derecha no importan pero que en la izquierda son imperdonables. Supongo que a esos 106 socialistas se les habrá puesto muy mal cuerpo. Y alma. Quizá la jugada le venga bien al PSOE en algún sentido. No sé. Allá cada cual con sus cálculos. De todas formas, un error habitual de los políticos, que tiene mucho que ver con el obligado pragmatismo de su oficio, es pensar que la gente acaba tragando con todo. Que todo se puede justificar sin necesidad de entrar demasiado en detalles. Sin embargo, hay cosas que no se olvidan fácilmente. Y me da la impresión de que, por desgracia, esta última jugada pertenece a esa clase de cosas. Muchos se han sentido engañados. Así de claro. Muchos se han quedado con un regusto amargo difícil de perdonar. El coste político, lo veremos. Las primeras reacciones no auguran nada bueno. Ah, y una última idea para molestar: quizá hayan faltado mujeres en la negociación. Inteligencia emocional. No sé, otro estilo.

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