Pavor electoral en el PSOE: llega la hora de "Ruiz-Inauguración"
Miguel Ángel Orellana
Más que en la encrucijada, algunos ven a Miguel Sebastián al pie del abismo, porque el alcalde de Madrid, a quien le han buscado en Ferraz un nuevo apodo, lo hará realidad a ritmo frenético.
13 de febrero de 2007. Llegan las elecciones municipales y ya se sabe la importancia que tiene en tales épocas el cortar la cinta correspondiente en la inauguración de turno. Tanto monta, monta tanto, sea cual sea el color del partido como el de la banderita de la ceremonia, todo político que se precie trata a toda costa de colocar su foto en la portadas, tijera en mano, y sonrisa ancha de deber cumplido. Ritual tan cíclico se repite, incluso, en materias tan poco dadas a ello como la Cultura. El impacto es mucho mayor cuando se trata de la inauguración de una carretera, por ejemplo, un tramo de la M-30. Fiebre constructoraNo en vano, vestida ya la novia es el momento de pasearla. Algo parecido deben haber dispuesto los máximos responsables del Ayuntamiento de Madrid con su alcalde a la cabeza, Alberto Ruiz-Gallardón, para vender las virtudes de su gestión. El principal exponente de la "campaña de marketing" lanzada desde el Consistorio por los medios de comunicación exalta el trabajo realizado por las aéreas de Obras e Infraestructuras y la de Urbanismo, las mismas que durante años han convertido la capital de España en un queso Gruyère, incansables -como aseguró años atrás el célebre actor Danny de Vito, de visita en la Villa y Corte- en la búsqueda del tesoro. La fiebre constructora ha sido imparable con Ruiz-Gallardón: alcantarillas levantadas, calles cortadas, desvíos convertidos en norma, hasta el punto de que el alcalde ha dejado a su antecesor, al bueno de José María Álvarez Manzano, convertido en un modesto albañil de esos que le alicatan a uno el baño hasta el techo. Lo de Ruiz-Gallardón viene siendo otra cosa; lo del regidor madrileño han sido obras con mayúscula, obrones como Escoriales, obras faraónicas, impresionantes proyectos destinados a cambiar la faz de la ciudad. El alcalde está logrando transformar la fisonomía madrileña, y tal vez lo que es más importante, renovar esas arterias que se esconden bajo la epidermis ciudadana, cuyo recambio es condición esencial para seguir creciendo como gran urbe.Así que, con el reloj electoral cuenta atrás, el ejercicio de autobombo de la Casa de la Villa ya es de tal calibre, que en verdad puede decirse que cualquier tiempo pasado fue peor. Sobre todo, por aquello de "¿qué pasaría si nunca pasase nada?". ¿Cómo, quién y cuándo decide lo que es institucional y lo que es electoral en un anuncio, aunque sea simbólico, de una obra pública de evidente interés para mejorar las comunicaciones en Madrid? Inauguraciones, cortes de cinta... Pues claro que esas fotos tienen intención electoral. No tiene nada de malo el oportunismo de un político si sale ganando el ciudadano. Es incluso justo y necesario. Seguro que es lo único que les importa a los madrileños, con foto o sin foto del alcalde, en campaña o fuera de ella. Un regalo envenenadoOtra cosa es la caza del voto desde la impostura o la promesa sin fundamento. No es el caso de Ruiz-Gallardón. Nada más lejos de la realidad. Que el político que gobierna vaya a la caza del voto es inevitable. Pero también es justo reconocer que el alcalde ha convertido la capital en un baluarte para el PP. "El Ayuntamiento va a dejar Madrid como los chorros del oro y, a partir de ahora, no se hará ninguna obra que no sea estrictamente necesaria", insisten en el equipo popular. En tiempo de elecciones, todo vale para hacer daño al contrincante. Esa máxima no escrita se aplica sin ningún tipo de miramientos. Por ello, el temor, casi pavor, se ha instalado en la sede de Ferraz. Y lo que atemoriza a responsables de la campaña socialista es que Alberto Ruiz-Gallardón comenzará la "etapa de las grandes inauguraciones" dentro de unas pocas semanas. "La media de cortes de cinta va a ser frenética. El furor inaugurador del alcalde es escalofriante", reconocen en petit comité fuentes socialistas de absoluta solvencia. Y... ¿el candidato socialista? Miguel Sebastián sigue sin "despegar" en algunos de los sondeos en poder del PSOE, ni en los que van a aparecer próximamente encargados por medios de comunicación. Sebastián, al parecer, ha conseguido acrecentar entre su electorado una cierta fama de hombre serio, concienzudo y trabajador. Pero la apuesta socialista fue un regalo envenenado, una manzana que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cual bruja de Blancanieves, le entregó a su otrora asesor para que la mordiera, una batalla en la que el PSOE quiso sin éxito escenificar una lucha de titanes, un enfrentamiento entre José Bono y Alberto Ruiz-Gallardón. Pero no pudo ser. Y ahora el problema añadido de Miguel Sebastián, unido a su escasa popularidad, a su desconocimiento entre el electorado, y al temor cierto a que un sector del PSM no ponga ningún entusiasmo en la campaña para apoyarle, es que, para colmo, Izquierda Unida está dividida y bajo mínimos. Ahora, cuando se pregunta en el Partido Socialista por la bronca en la coalición de izquierdas, se tuerce el gesto y se lanza un lacónico "sin comentarios". Sin comentarios, sí. Y es que la política no puede ser una moda, ni en los buenos tiempos, ni en los malos.
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