Los mítines del fin de semana buscan en la televisión el gran aliado
Aniano Gago
13 de febrero de 2007. De la misma manera que las bicicletas son para el verano, los fines de semana son para que los partidos políticos celebren sus mítines. PSOE y PP, PP y PSOE son miméticos. Puesta en escena, jóvenes detrás de los oradores, aplausos de cla, camaradería, simpatía y cercanía con los acólitos, afiliados y simpatizantes. Banderas, globos, eslóganes y diseño por todas partes. La clave parte del tótem televisión. La política es un espectáculo, más que el Real Madrid actual, desde luego, y hay que hacerla digerible para todos, para los que van a los pabellones o a los auditóriums y para los que están "siguiendo la pantalla". De poco servirían estos mítines, estas fiestas políticas, si no llegara al paisano de a pie, ese cuyo voto vale tanto como el que más. Es ahí donde se centran todas las energías políticas: no se trata sólo de elaborar los programas, que para eso están los expertos y asesores, sino de saber trasmitir el mensaje. Sin mensaje no hay política; incluso más: puede no haber nada detrás del mensaje, pero el mensaje televisivo tiene que existir. Hoy los partidos políticos, con todos sus efectivos en plan mesnada guerrera, valen lo que valen en televisión. Eso es lo que tiene la democracia: que el voto del convencido, del teórico y del fanático, vale lo mismo que el del que pasa de política, pero al que hay que, si no convencer, sí engatusar. Por eso la televisión es el predicador más eficaz que existe. Decía el sociólogo italiano Edoardo Novelli que "los partidos clásicos y sus ideologías han quedado desplazados y la turbopolítica se rige por las reglas y los ritmos de la televisión y el espectáculo". ¡Que se lo pregunten a Silvio Berlusconi y a su Forza Italia! En La Razón Novelli argumentaba este fin de semana que "en las democracias modernas los líderes políticos tienen que ser seductores". Por supuesto, es sabido, se ha repetido una y mil veces lo de los cuatro debates de Kennedy y Nixon, pero hay que añadir que con eso no basta. La televisión es el medio de lo superficial, pero hay políticos que ni por eso. La Royal francesa es atractiva y seductora, y Sarkozy muy normalito, pero de momento le ha sabido ganar la partida por la vía televisiva, al arroparse por una estrategia coherente y conocimientos sobrados. En definitiva, que sí, que hoy sin televisión los políticos no son nada, pero deben poner al menos sentido común y un mínimo de preparación e ideas. La apuesta cada vez más clara de Mariano Rajoy a favor de una línea centrada y centrista del Partido Popular le va a ayudar a estar más cerca de sus objetivos. Su mensaje, también del fin de semana, de captar a los desencantados de Zapatero y a los que no votan al PP, es algo de pura lógica, pero que no siempre es aceptada por los populares tirados al monte y los amigos de lo extremo. Precisamente José Luis Rodríguez Zapatero ganó muchos adeptos y votos con su famoso talante y su inigualable capacidad para el diálogo. Los contrarios se reían, y hacían risas y chacota de lo de ZP, pero lo del talante y el diálogo caló, y lo de ZP se hizo popular, que es una de las cosas imprescindibles en los objetivos televisivos. Pero curiosamente, a pesar del diálogo y el talante que en muchas ocasiones ha practicado Zapatero, se ha extendido la idea, no sin razón, de que ha sido muy beligerante en muchos aspectos de su política, llegando al sectarismo, y por éste al revanchismo ideológico, lo que le ha empezado a destrozar su imagen "talantiana", al comprobar mucha gente que la obra centrista de la Transición se ha visto, o se ve, muy tocada en algunos aspectos trascendentales. Así las cosas, con la televisión por medio, el campeón no será Javier Arenas, que eso ya lo fue mucho tiempo; el campeón será Rajoy o Zapatero en función de la conquista de la moderación, el centro y el equilibrio. Y ese mensaje será el que más cale en el votante. A Felipe González le faltaron dos telediarios en 1996. A Zapatero y a Rajoy les van a faltar varios fines de semana, televisiones y satélites múltiples porque la cosa está que arde. En mayo siempre la sangre se altera.
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