lunes, febrero 05, 2007

La España de clase media se viene abajo con tanto corsario de Levante

La España de clase media se viene abajo con tanto corsario de Levante
Aniano Gago

6 de febrero de 2007. España, sin necesidad de cambio climático, siempre ha sido de clima continental o extremado. Mucho frío en invierno y calor sofocante en verano. Este contraste, lejano a la moderación, tal vez ha sido una de las causas por la que los españoles somos tan extremistas: o blanco o negro, nada de grises. O derecha pura y dura, o izquierda dogmática y sectaria. El centro lo intentó Adolfo Suárez y duró cinco años llenos de zancadillas, acoso y derribo. Y eso que era un tiempo cogido con alfileres, delicado y poco apto para frivolidades. Pues ni eso: los socialistas del PSOE fueron a por él como buitres leonados, sin piedad y con insultos incluidos, que eran gratis y estaban aforados. Cuando le empezaron a ir mal las cosas a Felipe González, al acumulársele más "casos" que en los juzgados de Marbella, José María Aznar, que no aguantaba más en la oposición, empezó a decir aquello de "Váyase, señor González", que tanta fortuna hizo y que tras el apoyo a la Guerra de Irak fue un bumerán para el propio Aznar. Habitualmente "quien que a hierro mata a hierro muere", o como dice Alatriste en Corsarios de Levante, "hay un tiempo para matar, pero también hay un tiempo para morir". Aquí todos, cuando no están en el machito, no se cortan para nada intentando agotar y acogotar al adversario. Como los corsarios, se buscan la vida a base de acosar a las naves enemigas para hacerse con el botín. He escrito "botín" y he escrito "corsarios", dos palabras que tienen mucho en común aunque no procedan de la misa raíz lingüística, claro. Pero como el subconsciente tiene siempre razones acumuladas, sí quiero comparar aquí esa doble España ideológica y climática, con la España económica, la de los ricos y los pobres. Resulta que es en España donde florecen los millonarios como los cardos corredores cuando hace viento. Eso de la clase media parece que tiene los días contados. Empezó Mario Conde a dar lecciones de riqueza con doctorados honoris causa incluidos, y le siguieron un montón de viejos ricos, que necesitaban ser más ricos para ser alguien, como los March, los Albertos, Abelló, Botín o las Koplowitz. Pero es que ahora ese elenco de ricos, superricos, más que ricos, se ha disparado. Amancio Ortega, los Entrecanales, Del Pino, Fernando Martín, Florentino Pérez, Luis del Rivero, Luis Portillo… y un sinfín que me deja balbuciendo. Lo de Endesa, Gas Natural y E.On ha vuelto locos los mercados, pero es que de Levante, por donde andaba los corsarios de Pérez Reverte, ha aparecido como por arte de magia Astroc, una inmobiliaria presidida por Enrique Bañuelos, que ha dejado pequeños a todos. La locura del precio del suelo, con una adecuada administración de créditos, plazos y bolsa, ha sido capaz de generar nuevos monstruos millonarios, mientras Cáritas Española sigue diciendo que en España aumenta de forma alarmante las personas que están en el umbral de la pobreza. De estas dos Españas no sé cuál me hiela más el corazón. Los ricos desconciertan mi mente moderada y los pobres hacen que se soliviante mi corazón ante la injusticia. España no tiene remedio. Seguirá el camino de lo extremo, y lo acentuará a medida que el cambio climático genere más contrastes. Iremos paralelos al tiempo, como los molinos y el viento, olvidados los consejos de El Quijote de mesura, equilibrio y prudencia. Ahora la ostentación llega al extremo de convertirse en una disputa sobre qué banco gana más, mientras el pueblo llano mira atolondrado a fin de mes y deduce que de alguna parte sacarán los ricos el botín. De momento el Santander ganó en 2006 más de 7.000 millones de euros. Una vergüenza, vamos. Y el gobierno socialista de Zapatero, encantado de conocerse al ver que la distribución de la riqueza se queda entre cuatro. Rajoy no necesitará, si es que algún día gobierna, defender a los ricos. Zapatero se le ha adelantado ahí por la mano.

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