lunes, febrero 05, 2007

Aznar y ZpM, dos pliticos distintos en situaciones similares

Aznar y Zapatero, dos políticos distintos en situaciones similares
Antonio Martín Beaumont

6 de febrero de 2007. En la sede de Ferraz andan de los nervios. La escandalera montada a cuenta de las banderas de España y los sones del himno nacional en la manifestación contra ETA del sábado es buena muestra. ¡Menuda cortina de humo! Entre bambalinas socialistas lo que se cuece es una pelea sorda entre la "vieja guardia" que cree imprescindible un cambio de rumbo y la "pandilla feliz" que sigue ensimismada con la España idílica que emite TelePSOE.Que fuese la escrupulosa derecha quien tomase las calles no entraba por supuesto en el guión de los dirigentes socialistas. Pero, mira por dónde, un PP que perdió el poder en 2004 en la calle ha pensado que para recuperarlo bien vale soplar las velas de por sí infladas por la indignación de la gente corriente. Y es que si la natural prudencia democrática no lo desaconsejara, la radicalidad y el empecinamiento en el error de Zapatero invitarían a agarrarse a la pancarta más a menudo todavía.Entre los manifestantes que el sábado en Madrid pidieron sin remilgos la anulación de la política "estrella" del Gobierno, hubo uno especialmente aplaudido. José María Aznar, además de ser él mismo una víctima de la barbarie de ETA y de haber sido el protagonista de una política antiterrorista totalmente diferente –y más exitosa- a la de Zapatero, es un hombre que ha vivido, salvando las enormes distancias, una situación similar a la que vive ahora su sucesor en La Moncloa.Aznar, siendo presidente del Gobierno, tomó una serie de decisiones políticas -en aquel caso, ante la crisis de Irak- que disgustaron a la oposición y que no fueron bien acogidas por millones de españoles. Tuvo que soportar grandes manifestaciones "por la paz" capitalizadas por el PSOE. Aznar creyó estar en lo cierto, pero ni acertó a explicar sus razones ni a cambiar de política cuando la calle pedía a gritos virar; y aunque demandó a sus adversarios "sentido del Estado" y consenso no obtuvo ninguna de las dos cosas.

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