De buena fe
Rafael González Rojas
6 de febrero de 2007. Fui a la manifestación convocada el sábado por el Foro de Ermua de muy buena fe. Y observé que de muy buena fe habían ido cuantas personas me rodeaban. Esta vez no me impresionó, como la primera que acudí a una de estas manifestaciones, el cívico comportamiento de los manifestantes. Me sentí, como las veces anteriores, seguro entre una muchedumbre tan inmensa. No se oían groserías; se gritaba contra ETA y se le exigía al Gobierno que no dialogue con asesinos. Hubo, sí, gritos de "Zapatero dimisión", y "España se merece otro presidente". En una ocasión, cuando se hizo el silencio después de corear este último slogan, alguien gritó: "¡Aunque sea del PSOE!", y la gente celebró de buen talante la ocurrencia. La manifestación no iba, pues, contra el Gobierno. Iba contra una determinada política del Gobierno. La política antiterrorista. Por eso había tantos socialistas o votantes del PSOE entre los manifestantes. Incluso vi a un célebre actor que para mí siempre ha sido más bien de izquierdas. No oí que nadie gritara nada contra Rubalcaba, contra Blanco ni siquiera contra la señora vicepresidenta que les había atribuido mala fe al manifestarse. No sé de otros lugares, pero en la Plaza del Colón, donde estuve plantado durante hora y media sin poder avanzar, no oí nada salvo lo que he dicho. Tampoco se oyeron allí los acordes del himno nacional. Hubiese sido hermoso. Siempre me emociona oírlos, como cuando voy a mi pueblo en Semana Santa. Los pasos procesionales salen de las iglesias o se encierran a los acordes del himno nacional. Espero que cuando vaya la próxima vez continúe esa ancestral costumbre. Aunque vaya usted a saber. Porque ahora al Gobierno parece que le cabrea que los ciudadanos utilicen los símbolos nacionales en sus manifestaciones. No le irrita que los de Llamazares vayan con la bandera de la Segunda República, que no es constitucional, a pesar de que Santiago Carrillo aceptó la rojigualda, y la puso al frente de una manifestación del Partido Comunista, que partió de la plaza de Legazpi hacia Atocha una noche de 1981. Pero no nos llamemos a engaño. El debate sobre la utilización del himno nacional al concluir la manifestación del sábado es una maniobra de distracción. Al Gobierno le ha fastidiado el éxito de la concentración. Ya van siete en solidaridad con las víctimas de ETA y en contra de la negociación con la banda terrorista. Ésta ha sido la más numerosa. La cosa, lejos de cansar, va en aumento, porque cada vez hay más gente de buena fe –de extrema derecha, nada- que entiende que la política antiterrorista de Zapatero es un disparate, no es realista, se hace sin sentido común y carece de las más elementales exigencia de la justicia.
lunes, febrero 05, 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario