domingo, febrero 11, 2007

Carlos Luis Rodriguez, Del vale todo al nada vale

lunes 12 de febrero de 2007
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Del vale todo al nada vale
En las medidas urgentes de ordenación del litoral, se debería recoger la diversidad de características ambientales, económicas y sociales para el conjunto de la costa gallega, las diferentes tipologías de ordenación urbana existentes y los distintos niveles de protección medioambiental.
El fino olfato de algunos habrá detectado en esta parrafada un tufo sospechoso. Todos los indicios llevan a una promotora rabiosa por perder sus negocios costeros, a la patronal, siempre dispuesta a dar la cara por los privilegios, o a algún regidor que ya había dado órdenes a su banco suizo para preparar una inminente transferencia.
Tras esa prosa en apariencia neutral, sólo pueden emboscarse intereses bastardos. Aunque su argumentación parezca razonable, no hay que engañarse, porque todas estas objeciones sólo están destinadas a implantar la marbellización. Con ellas sólo se pretende limar los quinientos metros de prohibición para que las constructoras prosigan su trabajo de sanguijuela.
¿Pero quién es el autor de esa sentencia de aroma tan inequívoco, en qué sector de la alianza entre la derecha y el capitalismo del ladrillo se sitúa? Pues en ninguno. En ocasiones las apariencias engañan, y en tiempos como los que vivimos, el ansia de catalogar las opiniones lleva a errores notables. La frase en cuestión tiene estampado el sello de un signo, que ni es partidaria, ni sindical, ni inmobiliaria, ni empresarial. ¿Quieren un último intento para adivinarlo?
El autor es el Consello Económico e Social, integrado como se sabe por las principales organizaciones sociales del país, y entre cuyas funciones no figura, por el momento, la promoción de grandes urbanizaciones en el litoral gallego. Las consideraciones se contienen en un dictamen encargado por la Xunta, al que finalmente la Xunta no hizo demasiado caso.
El Consello se limita a constatar que el tratamiento para una dolencia como la desfeita urbanística, que admite todo el mundo, no debiera ser la generalización que pasa por encima de casos y circunstancias particulares. Dicho en otros términos, que no pueden pagar justos por pecadores. Si en algunos sitios los quinientos metros son una pena leve, en ciertos municipios castigados por la orografía, serán una pena capital.
En la presentación de las medidas se dijo que con ellas se acababa en Galicia el vale todo. La sentencia requiere varios matices porque puede darse la sensación de que esto es un territorio sin ley, y no es así. Están vigentes protecciones del perímetro costero, y el Gobierno gallego tiene competencias suficientes para intervenir, como ya se ha demostrado en varios casos. O sea, que hubiera bastado con hacer cumplir las primeras y seguir ampliando las segundas, para frenar el desarrollo desorbitado. ¿Por qué no se opta por este tratamiento?
Además, se soslaya el detalle de que la desfeita no es obligatoria. Los municipios regidos por alcaldes del partido del señor presidente pudieron haber practicado un urbanismo alternativo, e incluso denegar licencias en el medio kilómetro famoso, y sin embargo algunos figuran entre los campeones del ladrillazo. Es difícil sostener el argumento de que una decisión valiente de la conselleira Caride pone fin a los atropellos de la derecha política e inmobiliaria. ¿También en Porto do Son o en Foz?
Pasar del vale todo, al no vale nada es una equivocación. Al decirlo, se corre el riesgo de quedar etiquetado como marbellí por los mismos que vieron en el sensato consejo del CES, la mano de la especulación

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