lunes, febrero 12, 2007

Carlos Luis Rodriguez, De la autopista al astillero

martes 13 de febrero de 2007
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
De la autopista al astillero
Alguien tendría que avisar al Estado del gran error que está cometiendo, al dejar en manos de un alto funcionario un asunto muy político. Navantia-Fene ya es más que un astillero; va camino de convertirse en un símbolo, y los símbolos son más difíciles de reconvertir que el naval. Se pegan al subconsciente colectivo de la gente, y después no hay manera de extirparlos.
Las torpezas del señor Martínez Robles están consiguiendo que de esa memoria comunitaria se borre uno de los pecados originales del nacionalismo, y aparezca una virtud desconocida. Del Autopista Non, al Astillero Sí. De la permanente reticencia a cualquier proyecto industrial, del recelo terco a toda iniciativa capitalista, del sueño de una Galicia edénica de campesinos, se pasa a un frente común de BNG, Barreras y las cajas que le echa un pulso a un Estado que, ahora, es el que dice que no.
Los superiores del presidente de la SEPI debieran repasar la historia para darse cuenta de que así fue como se perdió para la causa al capitalismo vasco y catalán. Hubo un momento en que ese dinero periférico se dio cuenta de que Madrid (el Madrid estructura) ya no le servía, y empezó a hacerle arrumacos a unos pirados que hablaban con éxtasis de Euskadi y Cataluña.
El industrial de Bilbao o Barcelona tuvo una revelación, no tan súbita como la de Constantino, pero con una señal muy parecida a la que recibió el emperador. In hoc signo vinces, con esta señal vencerás. O sea, protegiéndote con el nacionalismo, en Madrid ya no te atenderá un funcionario con administrativo desdén.
Un funcionario como Martínez Robles. Fueron funcionarios como él los que fomentaron esos nacionalismos. Por eso no es del todo exacto que Cambó y Arana sean los grandes artífices del catalanismo y el vasquismo. Lo son en lo ideológico o sentimental, pero el apoyo del capitalismo autóctono se debe a actitudes como la que ahora mantiene la SEPI, con el proyecto para privatizar el astillero de Fene.
A este nacionalismo nuestro que muchas veces se escora hacia lo pintoresco, tejiendo mandilones, corrigiendo lápidas, ajustando bandas horarias, este presidente de la Sociedad Estatal le regala una causa, le permite actuar como adulto para que deje de jugar con trenes y muñecas, y se dedique a cosas serias. Le pone el balón en el área con tanta maestría, que hasta uno empieza a dudar de si Martínez Robles no estaría metido en ERGA en su tierna juventud.
Cómo va a desaprovechar Quintana la oportunidad. Ahí lo tenemos articulando ya un discurso sobre el Estado que nos menosprecia, con referencias coloniales incluidas. Aunque haya que exagerar un poco, podría verse en la SEPI la típica actitud de la Compañía de las Indias Orientales, que jamás se dignaba en dar explicaciones a los marajás locales.
Eso que llamamos Estado es más que la SEPI, pero por alguna razón oculta, se empeña en tratar administrativamente un asunto que empieza a desbordar lo funcionarial. Martínez Robles se relaciona con el Gobierno gallego como con una empresa de la competencia o un Gobierno extranjero, a los que tiene que torear, y a quienes no puede mostrarle los entresijos del negocio.
Gracias a este señor, el nacionalismo puede gritar eureka. Tras mucho buscar la pepita de oro en el rechazo a todo o en reclamaciones chuscas, encuentra la veta en el astillero. Hubo ya varias reconversiones, pero si esto sigue así, el Estado tendrá que reconvertir lo más dificil: un símbolo.

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