lunes, febrero 12, 2007

Felix Arbolí, Dictaduras y dictablandas

martes 13 de febrero de 2007
DICTADURAS Y DICTABLANDAS
Félix Arbolí

L AS Dictaduras, sean del color que sean, definen a un régimen que controla al ciudadano hasta en sus más mínimos detalles. Los poderes del Dictador son ilimitados y gozan de una total impunidad. Es una especie de severo tutor que mantiene su dominio sobre el rebaño de asustados súbditos, a base de amenazas, castigos físicos y psíquicos y toda clase de tretas y malas artes, incluso las ejecuciones a díscolos o cabecillas de los rebeldes, como medida de escarmiento a sus seguidores. El miedo, más aún, el terror que inspira su despiadada y abusiva manera de proceder es su arma más poderosa y eficiente para llevar a cabo sus sádicos planes, liberándose de posibles enemigos y problemas. Ejemplos de dictaduras hemos tenido, tenemos y tendremos muchas y de todos los signos a lo largo de la Historia de la Humanidad. El afán de dominación que en su fuero interno siente todo hombre es algo innato. Afortunadamente son minoría los que claudican a su tentación. En general, los que se dejan seducir por ese nefasto impulso son seres enfermos, ególatras en grado sumo, algo tocados en su “testa” y que han padecido abusivos comportamientos en su infancia. Intentan superar su complejo y desquitarse de lo padecido haciendo sufrir, con mayor crueldad que la empleada contra ellos, a los que las circunstancias u otras causas normalmente ilegales y no justificadas les ponen bajo su mando. Cuando en España se habla de Dictadura, se piensa rápidamente en Franco. O ignoran nuestra Historia o deliberadamente se hacen el sueco porque les conviene “reventar” a los que le defendían y aún defienden, demostrando mayor valor y convencimiento al hacerlo en los tiempos que corren. Son los que intentan no olvidar, pasen los años que pasen, que perdieron una guerra en el campo de batalla, luchando cuerpo a cuerpo y contando con los medios del gobierno y el empleo de todo el oro depositado en el Banco de España, el Erario Público de una nación a la que dejaron más esquilmada que un jugador a la salida de un bingo. Si, porque sólo se habla de la Legión Cóndor alemana y las fuerzas que nos envió Musolini, que en alguna ocasión ofrecieron la espalda al enemigo, pero no se resalta el material comprado y bien pagado a la solidaria Unión Soviética y la llegada de las Brigadas Internacionales procedentes de todos los países y que dieron ejemplo de valor y capacidad combativa en múltiples ocasiones. Unos idealistas, que no dudaron en arriesgar sus vidas y someterse a las más duras condiciones y peligros, en defensa de una democracia que consideraban amenazada. Nuestra guerra no fue una Cruzada, como intentaron ofrecérnosla en los libros de texto de nuestra época, sino una lucha despiadada y cruel por enfrentamientos de ideales totalmente opuestos. Intentaron darle esa justificación porque con ella se evitó que continuaran saqueándose y quemándose iglesias y conventos, persiguiendo y masacrando a sacerdotes y religiosos, profanándose imágenes y cadáveres de santos que exhibían momificados en las puertas de los templos como marionetas de feria y cortar de una vez la serie de abusos e imposiciones que padecían los que no estuvieran de acuerdo con sus nada recomendables métodos de gobernar un país. Los mismos altos cargos del régimen republicano tuvieron que reconocer, en más de una ocasión e incluso ya en el exilio, que el asunto se les había ido de las manos y tuvieron que adaptarse, si querían continuar en el cargo y con vida, a las exigencias de una masa desbordada, furiosa y muy difícil de controlar. Pero la República tampoco es el coco que muchos creen, porque así se lo han inculcado, sino un método de gobernar por y para el pueblo. Dentro de un orden, un respeto a la autoridad legalmente constituida y un civilizado alterne entre partidos según indiquen en las urnas la voluntad de los gobernados. Conste que no he sido nunca republicano, porque me ha dado auténtico pavor pensar en las funestas consecuencias que tuvo la implantación de ese Régimen en nuestra patria. Y veo, para mi pesar, que los aires que soplan entre los defensores de este modo de gobernar, no presagian tiempos de bonanza y relajación. Tampoco me convencen con ese obligado cambio de bandera, añadiéndole esa absurda franja morada, cuando se implanta el nuevo sistema de gobierno. Ni Cuba, ni la Alemania dividida tras la segunda guerra mundial, ni Argentina, ni tantos otros países que dieron el cambio, modificaron su Símbolo nacional. Aquí o nos arrodillamos y persignamos humildemente o nos lanzamos posesos sobre el enemigo y sin el menor resquemor le cortamos la yugular. No tenemos término medio. Por eso tampoco tenemos un partido de Centro, equidistante de ambos extremos, tan necesario para evitar este encono pasional constante que nos domina y que avispados e interesados politicuchos se encargan de mantener a toda costa. . Los que después de ese duro enfrentamiento en aras de unos ideales tan contradictorios como respetados, perdieron la batalla y tuvieron que abandonar él país o sufrir revanchismos y represalias, esperan resarcirse de las duras condiciones soportadas bajo un régimen que fue su mortal enemigo. Sin pensar o considerar que esas penalidades las hubieran sufrido los vencedores, si hubieran perdido la guerra y hubieran quedado al libre albedrío de ese gobierno totalmente entregado a los dictados de la URSS, de tal forma que el embajador de este enorme conjunto de repúblicas sovietizadas, tenía en cuestiones y asuntos de vital importancia mayor mando y poder de decisión que las propias autoridades españolas de la República. Pero Dictadura en España fue también la de Primo de Rivera en tiempos de Alfonso XIII, que luego le costó el Trono al monarca y el destierro y la muerte en el exilio al dictador, a pesar de haber logrado en ese período notables avances y mejoras en la vida española, que es justo reconocer. Dictadura y de las más sanguinarias, crueles y atosigantes, le pique a quien le pique, fue la del Frente Popular. Una etapa de auténtico vandalismo y terror al que estuvo sometida España, sin que nadie fuera capaz de detener las exigencias, arbitrarias detenciones e injustificados fusilamientos en ese famoso “paseo de irás pero no volverás”, de los que estaban hacinados en esa famosas y torturadoras checas. ¿O es que eso no debe figurar en la memoria histórica?. Iglesias saqueadas, camiones cargados de desgraciados que iban hacia la muerte por el simple hecho de creer en Dios o gritar “¡Arriba España!”. Milicianos y milicianas con sus monos y mosquetones, capturando presas como auténticos depredadores, porque ese infortunado había logrado ser médico, abogado e ingeniero y vestía de traje y corbata. ¡Menuda afrenta a la moral popular!. Sin esa dictadura tan impopular, aunque aparentemente fuera el “pueblo” su artífice, (si entendemos por pueblo a esos descerebrados cegados por el odio y la sed de venganza), no se hubiera producido la guerra civil. La mecha que encendió la hoguera de esa contienda fratricida, fue el asesinato alevoso de Calvo Sotelo y la decisión inapelable de gran parte de España que se hartó de soportar esos años de salvaje convivencia, donde anarquistas, comunistas, socialistas, sindicalistas, de izquierda republicana, cenetistas, ugetistas y demás partidos y sindicatos de la izquierda, iban a su aire y se enzarzaban entre ellos en luchas y órdenes contradictorias, sin que hubiera una autoridad lo suficientemente fuerte, ecuánime y respetada, capaz de hacerles entrar en razones y mantenerlos unidos defendiendo ese ideal que debía ser unánimemente sentido por todos. Dictadura, ya fuera de España, fue la de Batista y su convivencia con la Mafia y el capital de los Estados Unidos, hasta llegar a convertir a Cuba en el casino y burdel de los americanos. Una propiedad más del dominio USA más allá de sus fronteras. Dictadura ésta que terminó felizmente para el pueblo con la llegada desde la sierra de Fidel Castro y sus uniformados y barbudos camaradas, al que recibieron como el salvador de la patria, sin saber que su aclamado líder, años más tarde ya consolidado en el poder, caería en el mismo error de su vencido predecesor, pero cambiando de óptica y sentido, inclinándose por el mundo soviético, ante el abandono de la potencia americana que no podía consentir que un pelotón de alocados milicianos les hubiera arrebatado su paradisíaca finca de recreo a tan escasos kilómetros de sus costas. Una nueva dictadura que aún perdura después de tantos años transcurridos y tantas objeciones y boicoteos empleados. Para algunos, será la dictadura del horror y del engaño; para otros, el poder del pueblo sin sometimientos a presiones y poderes extranjeros. Yo me abstengo, al desconocer personalmente el panorama reinante. Hitler y sus locuras mesiánicas y dominadoras de todo el mundo, con esa creencia disparatada de los mil años de su III Reich y el insólito y deleznable capítulo de su Holocausto. Musolini, su aliado y amigo, otro iluminado que se creyó dotado de poderes mágicos y virtudes celestiales para hacer renacer el antiguo Imperio Romano en esa “bota” un tanto desgastada. Sadan Husseim, el vejado y ajusticiado Presidente de Irak, cuya muerte ha desencadenado un auténtico polvorín entre detractores y defensores, en una guerra que está causando muertes, odios, desolación y una continua y amenazada existencia en el país, en una proporción muy superior a la existente antes de la contienda. Stalin, “el padrecito” de la Unión Soviética con sus famosas purgas, ejecuciones, exilios y destierros a Siberia., sobre cuya conciencia, si es que la tuvo alguna vez, debió pesar como una losa de mármol tantas vidas injustamente truncadas. Los de la Junta Militar Argentina, por sus detenciones, torturas, ejecuciones y desapariciones, que no han sido juzgados aún como merecen por el Tribunal de la Historia. Asimismo, el recientemente desaparecido Pinochet que se alzó en armas y hasta hizo que muriera defendiendo su dignidad y legalidad el propio Presidente de la República, Salvador Allende, que fue el que le dio el cargo y los poderes militares, aunque no con esa deplorable misión. Ho Chi Ming, en Vietnam, Mao en China, los “Jemeres Rojos” en Camboya, que eliminaron a la gran mayoría de su población, implantando una implacable dictadura que abolía todo vestigio de cultura y progreso, hasta castigar con la muerte el simple hecho de saber leer y escribir. Sin contar los numerosos sátrapas y reyes que amparados en las creencias imperantes en sus países, viven cómodamente instalados en el altar de la credulidad y la ignorancia, como si gozaran de derechos divinos y por tanto intocables. Y tantos déspotas y tiranos, que a pesar de su escasa cultura, poseen una desarrollada inteligencia y verborrea, para subirse al carro del poder y entregarse a una carrera desenfrenada hacia un dominio total e indefinido, sin importarles atropellar las libertades y las vidas de todos cuantos puedan obstaculizarles en su desmedida ambición. Dictadores son también, esos caciques que se consideran de pacotilla y propios de países subdesarrollados, que surgen de la marginación y la pobreza, pero no por ello menos dañinos para sus súbditos,(tanto los que le veneran fiados en sus mentiras, como los que le maldicen e intentan combatirlos al descubrir sus bastaras intenciones), que una vez instalados en el poder se olvidan de sus orígenes, ideales y necesidades del prójimo al que intentaba ayudar. El poder corrompe y es muy difícil gobernar sin sentir la tentación de dominar sin paliativos. Puede que parezca un contrasentido, pero hay veces que en las dictaduras, si no se utilizan procedimientos coercitivos de torturas, derramamientos de sangre y abusos de todo tipo, benefician al progreso y la economía de un país, cuando evitan que el régimen imperante lo lleve irremediablemente a su ruina y desintegración. Cuando se nota la ausencia de una autoridad firme y honesta que se esfuerce en gobernar, con cordura, moderación y buenas intenciones la nación que le han encomendado mediante las urnas, democráticamente y fiados en una serie de promesas que luego no ha hecho realidad. Este es tan dictador y enemigo de su pueblo, como el que llega al poder a través del golpe de estado, las armas o las argucias más o menos justificadas. Gobernar es olvidarse de partidismos y personales egoísmos y dedicarse por completo a procurar la mejoría económica, social, cultural y política de todos los ciudadanos sin distinción de clases, creencias, ideologías y procedencias. Algo muy difícil de poner en práctica cuando su elección ha sido compitiendo con partidos que no tienen las mismas ideas, ni idénticos procedimientos. Pero el buen político, el gran gobernante, ese que pasará a la Historia como ejemplo de eficacia, honorabilidad y extraordinarias cualidades, debe ser un hombre excepcional, capaz de sacrificar sus impulsos personales, ideas preconcebidas y diferencias con el adversario político, por el único objetivo de que el barco donde vamos todos y él dirige, llegue felizmente a puerto y su travesía sea de continua calma chicha. Y para ello debe elegir a sus oficiales de a bordo, entre los más capacitados en la misión que han de desarrollar, sin dejarse influir por amiguismos, enchufismos, ni pagos por servicios prestados. Algo asimismo muy difícil de encontrar entre los políticos que rigen el mundo y de forma especial, por lo que nos concierne, a España. ¿Fue Franco un dictador?. Puede que si. Así al menos intentan juzgarlo. A mi personalmente no me hizo el menor daño, ni tuve el más leve tropiezo durante sus cuarenta años de mandato. Tampoco le debo nada en especial. Construyó pantanos, levantó hospitales, puso en marcha la Seguridad Social que, a los gobiernos anteriores que tanto decían defender al obrero, no se les había ocurrido. Hizo que uno pudiera ir a cualquier hora del día y de la noche y por cualquier sitio, sin miedo a ser atacado, asaltado o algo peor. He sido testigo de ello infinidad de veces en mis años de bohemia nocturna madrileña. Implantó las pagas extraordinarias, que aún seguimos gozando y nos vienen tan bien. Se preocupó para que se respetaran las creencias religiosas sentidas por la mayoría del pueblo. Asunto que aunque para algunos no sea nada significativo, para los que las sentimos, si lo es. Tuvo sus fallos, sus juicios no muy justificados y mucho menos las duras sentencias recaídas en los mismos, no podemos negarlo, pero mientras tuvo el bastón sostenido con mano firme, sin el alzheimer de sus últimos tiempos, ni le temblaba el pulso para firmar una pena de muerte, ni la ETA mataba con la frecuencia e impunidad actual, ni Marruecos se atrevió a enfrentarse contra nosotros, hasta que no estuvo en período agónico, ni Europa nos ignoraba, a pesar de que no perteneciéramos a esa Comunidad de Naciones que pocos beneficios y bastantes perjuicios nos está causando. Gracias a ella nuestras producciones van bajando, nuestros campos van limitándose, nuestros productos se encarecen desmesuradamente y hasta para ordeñar a nuestras vacas o elaborar nuestro vino, vamos atener que pedir permiso a esa Entidad que lo único que ha hecho es cambiar nuestra peseta por ese ridículo billete, más propio del “monopoly” que de un banco estatal y llenarnos de haraganes y marginados nuestras calles y plazas con esas peligrosas mafias del Este, que nos surten de prostitutas, atracadores y mendigos, en cantidades masivas. Un problema éste de la inmigración que nos está sometiendo a un hacinamiento y a una constante amenaza física en las calles, por no estar debidamente controlado. Aquí todo el que quiera pasa y hace lo que le venga en ganas y los que vivimos en casa a aguantarnos y chitón. Aparte del dinero, nada despreciable en atenderlos a su llegada, intentar repatriarlos a viajes pagados en aviones, indemnizar a sus países para que los acepten de nuevo (¿ se puede comprender mayor descaro? y si no, de vuelta a casa con esa “carga” que veremos pronto recorriendo nuestras calles, indocumentados, teniéndose que buscar la vida de la forma que sea y aceptando ese trabajo que ocupaba un español, ya que a él no tienen que pagarle papeles, seguridad social, ni el salario reglamentario. Pronto ver a un empleado español en una tienda, bar, restaurante, obra, carpintería, mensajería, etc, etc., será un auténtico hallazgo, digno de resaltarse, Ya hasta los que ofrecen las promociones de libros, nuevas líneas telefónicas y otras llamadas fáciles de desarrollar son suramericanos que, por mucha cadencia que tengan al hablar y suavidad en su exposición, no pueden compararse con la armoniosa y grata voz de una española, que era la que ocupaba antes estos quehaceres y que posiblemente se encuentre ahora en el paro. . No se qué opinarán ustedes, pero éste es mi punto de vista y el siguiente será el que marca el final del artículo.

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