miercoles 17 de octubre de 2007
Siete mil años de historia Fernando González Urbaneja
Tras la entrevista en la Moncloa la posiciones siguen en el mismo punto, el uno tiene un plan y el otro le ha dicho que no hay camino, que el plan es papel mojado. Y el otro gran partido, el Popular de Rajoy, tampoco otorga la más mínima posibilidad al plan. Además de “porque no”, porque no se ajusta a la legislación vigente, como quien pudiera propiciar al plan legalidad está por hacerlo, la otra cuestión de fondo se la dijo Zapatero en público y privado al presidente del Gobierno vasco; los propios vascos no están por ese plan, la suma de votos en el Parlamento, con disciplina de voto de partido y de grupo, proporciona una mayoría exigua, que sólo sale con el apoyo de esos amigos de los terroristas a los que Ibarretxe dice dar de lado. Pretender hacer historia con semejante levedad es osado, insensato e impropio.
Pónganse ustedes de acuerdo primero, le dice Zapatero al presidente vasco. Y más aún, destierren la violencia, planten libertad y luego hablen, debatan, propongan… Pero Ibarretxe ha visto más allá, quiere ir más allá, es su proyecto, su sueño, su aportación desde hace siete años. Éste es un señor que insiste, sobre todo cuando viaja, que encabeza un pueblo con siete mil años de historia. Confundir pueblo con tierra produce esos efectos. Y puestos a confundir no son siete mil años, seguramente son millones de años los que llevan allí esos montes y laderas, esas costas y esos valles.
La leyenda de los siete mil años de historia es cuanto menos sorprendente. Ningún país o nación se remonta tan atrás y construye su futuro con semejante referencias.
Probablemente a Ibarretxe se le está dando demasiada importancia, preñado de extravagancia. Ha hablado durante dos horas con Zapatero pero no le ha escuchado. Quizá está fijando una posición imposible para luego ofrecer algún pasito atrás, para mostrarse flexible, para que los intolerantes parezcan los otros. Por eso mismo quizá conviene pasar página y no dar más espacio o escenario al de los siete mil años. Quizá convenga que quede aún más nítida la posición ante la próxima asamblea del PNV que tendría que matizar sus crónicas ambigüedades.
Con siete mil años a cuestas no hay quien pueda aguantar semejante losa, semejante artificio. Con ese argumento no se puede ni siquiera empezar a discutir. Miguel Roca decía estos días que le gusta la Constitución del 78, que no cambiaría nada por ahora. Lo que los del PNV tendrían que entender es que la autonomía vasca nace de esa Constitución imperfecta, y no de los siete mil años. Mientras el debate no entre en lo contemporáneo, en lo posible y aceptable en sociedades plurales y complejas, no merece la pena debatir, no conviene perder el tiempo.
fgu@apmadrid.es
martes, octubre 16, 2007
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