domingo 14 de octubre de 2007
Breve comentario sobre la Ley de la Memoria
Miguel Ángel García Brera
P ARECE que la Ley de la Memoria Histórica, -que ya es sandez legislar sobre la memoria, pues ni siquiera cada uno de nosotros es capaz de dominarla como para que no acabemos sufriendo de Alzheimer o, al menos de un limitado olvido- obligará a quitar de algunas iglesias las leyendas que recuerdan a los católicos masacrados durante la guerra civil. A mi no me parecería mal que los católicos del otro bando reclamaran de la Iglesia que también les pusieran a ellos en la relación de víctimas de la contienda y que los no católicos que cayeron luchando por otros ideales fueran listados en las paredes de los Ayuntamientos o en cualquier otro edificio público civil. Sin embargo, me parece totalitario y nazi exigir a la iglesia que borre de sus paredes a sus feligreses caídos. Por tal regla de tres, habría que obligar también a levantar sepulcros y estelas funerarias, de épocas antiguas o medievales, en cuyas tumbas está claro que no habitan demócratas ni socialistas, ni nadie que tenga algo que ver, sino más bien al contrario, con la ideología de los partidos que están a favor de esta curiosa Ley nemotécnica. Ignoro si la Iglesia estará sometida al Estado hasta el punto de que no pueda exhibir en sus muros las inscripciones que desee, de acuerdo con su credo: pero en todo caso, me parece aberrante que los gobiernos laicos se entrometan en cuestiones religiosas, salvo, si lo que la Iglesia u otras jerarquías religiosas, o sus miembros, hacen en un momento concreto, está tipificado en el Código Penal. He sabido también, no sé si será cierto, que entre las obligaciones de recordar que se nos van a imponer a los españoles – para la mayoría no será recordar sino aprender lo que quiera enseñarle la ley, porque quien tenga menos de 66 años no vivió nada de aquella – está la de considerar a los maquis como si fueran héroes de la democracia y la libertad. Yo puedo asegurar que tenía sólo 6 años cuando terminó la guerra, y, durante todas las cenas de aquella época, compartía al menos dos horas cada día, con una muchacha sin ideas políticas y maravillosa persona que estuvo en mi familia hasta su muerte y con su pretendiente, ayudante en mi casa, que había combatido con los republicanos y se manifestaba ateo y militante marxista, aunque no sabia muy bien lo que era eso y que era una buena persona. Pues bien, tanto la una como el otro, temblaban, y recuerdo su miedo, comentando las atrocidades de los maquis que pululaban por Reinosa y hacían verdaderas "razzias" por los pueblos, robando a los campesinos y, muchas veces, fusilando a familias enteras a las que acusaban de delatar sus latrocinios a la Guardia Civil. Luchar por la democracia, o por lo que sea, violando los derechos ajenos y segando vidas sin ley alguna, no creo que sea el ejemplo a honrar, por mucho que lo diga la Vicepresidenta del Gobierno, que, por otro lado, aunque he leído que lo ha dicho, me temo que sea un lapsus suyo o un infundio del informador.
domingo, octubre 14, 2007
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