martes 16 de octubre de 2007
Calle del Olvido
ANTONIO GARCÍA BARBEITO
Todos conocemos calles y plazas que nunca fueron pronunciadas con el nombre con el que estaban rotuladas, y no por aversión al nombre oficial sino porque la voz del pueblo es más firme y antigua que los rótulos. Hace un cuarto de siglo un alcalde llamó a un paisano para que le ayudara a renovar los nombres del callejero, que era momento -le dijo- de colocar nombres que no recordaran más la Guerra Civil. Le dijo el paisano que le parecía bien, pero que, para no ofender a nadie, rotulara las calles con los nombres por los que las conocía el pueblo. Y así lo hizo, en parte, y en el pueblo, las calles Pozo Dulce, Camino del Tren y otras lucieron en azulejos lo que ya lucían en la voz del pueblo, por más que los nombres de Franco, Mola, Queipo y compañía fueran los oficiales. Pero el pueblo iba más allá: nombraba el callejero por la referencia de algún vecino, y hay pueblos que han llevado al callejero esos nombres populares: plazoleta del Tío Bartolo, calle del Cura...
España se pelea por el callejero y por los símbolos. Pelean las memorias, de un lado y de otro. Y se señalan escudos, estatuas, cruces, nombres..., y que se coloquen otros que mañana tendrán la reprobación de otros. No se nos quita la sed escondiéndonos el agua, y la memoria de la guerra no (solo) se borra quitando nombres del callejero y derribando símbolos, ni se cura el olvido colocando ahora los nombres del olvido. ¿Qué hacemos, rotulamos las calles como si fueran matrículas de vehículos? Porque los nombres, salvo los que acuñó el pueblo, peligran. El poeta Rafael Montesinos dice en un poema «...la calle que tendrá mi nombre un día...», pero, consciente del país que habitaba, lo termina diciendo «La calle que tendrá mi olvido un día...»
¿Cuánto duraría el rótulo de Constitución en una calle si volviera otra dictadura? ¿Cuánto el nombre de España, si triunfaran los nacionalismos? ¿Qué nombre real sobreviviría a una república? El cielo nos libre de ver nuestro nombre en una calle, porque, la ponga quien la ponga, otra mano vendrá a quitarlo. Los españoles no somos capaces de vivir en paz en la calle del Olvido...
gbarbeito@telefonica.net
martes, octubre 16, 2007
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