domingo, abril 08, 2007

Oscar Molina, El Oceano Mediterraneo

lunes 9 de abril de 2007
El Oceano Mediterraneo
Óscar Molina
“ESTOY ENCANTADA DE ESTAR AQUÍ EN HUELVA, A POCOS METROS DEL MEDITERRÁNEO” Carmen Calvo, Ministra de Cultura. LA Geografía Universal esta de enhorabuena, ha nacido un nuevo océano. Bueno, lo que realmente ha ocurrido es que un Mar ha absorbido a un océano, se ha abalanzado sobre él y lo ha anegado, conquistándolo. Justo donde comenzó Colón a cruzarlo, el despreocupado Atlántico ha sido objeto de una OPA salina y se encuentra en estos momentos empapaíto de Mediterráneo. La noticia ha es sin duda, una primicia que nos ha sido entregada, dada su relevancia, por boca de la más alta magistratura del Estado en cuestiones culturales: la Ministra- cuota Carmen Calvo. Desconocemos por el momento cuál será el alcance de la operación y si, como se comenta en círculos diplomáticos y científicos, la envergadura del fenómeno acabará poblando de viñedos la selva amazónica y de aceitunas las verdes praderas de Wisconsin. Pero sí parece confirmarse que los habitantes de la Península del Labrador han comenzado a vestir de faralaes y que en la Patagonia crecen palmeras. La coña, tan mediterránea, es en ocasiones el único remedio válido contra la pena, contra la congoja que produce contemplar el impresionante punto de mediocridad al que puede llegar un Estado. España es, hoy, un lugar donde Moratinos puede ser Jefe de la Diplomacia, Garzón Juez, Capello entrenador de fútbol y Carmen Calvo Ministra de Cultura. Toma castaña. Pena, penita, pena; a pesar de que no tenga yo empacho en reconocer que Doña Carmen es un chollo para cualquiera que escriba, una mina, que lo mismo te convierte el cautiverio de Cervantes en unas vacaciones pagadas, se descuelga con que comprar zapatos es un acto cultural o te dice que lo que realmente fomenta el castellano es un concierto de Rock. Y todavía hemos de darnos con un canto en los dientes, porque igual que le cayó la cartera de Cultura le pudo caer la de Educación, aunque mejor será no dar ideas. Para la Calvo ser Ministra viene a ser algo así como un sueño, no ya por constituir una ocupación que sobrepasa con creces su nivel de competencia, sino por tratarse de un lugar ideal desde el que hacer rabiar a las amigas que ven los modelitos que se gasta, la gente con la que se codea y lo mucho que la retratan cada vez que va a un sarao. Una especie de estado permanente de glamour que colma a raudales todas las ambiciones de quien, como ella, está en Política porque no servía para absolutamente nada más. Una suerte de fantasía hecha realidad que la lleva de cóctel a estreno y de exposición a concierto en las volandas de una nube de flashes y de gente que la escucha. Pero de cultura, poquito. Nada. Es más, yo creo que las patadas de Doña Carmen a la cultura general elemental podrían considerarse atentados, y por eso no la vendría mal tomarse un café con Carod Rovira; más que nada porque es bastante posible que el republicano la pudiese dar el mismo consejo que le dio a ETA en su día, y pedirla que antes de atentar mirara el mapa. Y es que la cultura no es, ni mucho menos, como el saber económico de Zapatero, no puede aprenderse en tres tardes. Pero lo que uno sí puede hacer es ir a los sitios con las cositas preparadas. Y a la Ministra no le había costado nada echar un vistazo a un Atlas antes de abrir la boca, o prestar un poquito de atención a lo que dice, aunque sea en detrimento de poner todo su afán en que la saquen superguapa e ideal de la muerte. Pero lo que es así, de cualquier manera, no se puede andar por el mundo. Porque si una no es lo que se dice un pozo de sabiduría y encima no pone interés, acaba pasando que se empalaga de luminosidad mágica, devoción rociera y paisanos marcando paquete al son de las tonadillas y suelta “Mediterráneo”. Y no; hay que fijarse más, o traer los deberes hechos de casa. A no ser, quién sabe, que lo que pretenda la Ministra sea pasar a la Historia como una adelantada a su tiempo, un perfecto ejemplo de los futuros hombres y mujeres que hoy son estudiantes y estudiantas de la Ley de Educación de Zapatero. Una precusora que no necesitó pasar por la escuela basura del da lo mismo ocho que ochenta para exhibir con desparpajo su ignorancia desde una cartera ministerial. La perfecta educada para una ciudadanía que ignora el nombre del mar con el que se moja los pies, pero que conoce a la perfección a quién ha de echar una mano con la subvención. Porque eso sí, esa parte de su función la ejecuta con precisión matemática; la de pagar favores políticos a presuntos intelectuales y “gente de la cultura” se le da de perlas. Es lo que suele ocurrir cuando se apuñala a la Excelencia, y se hace política con la cultura. Que los contribuyentes pagamos la enésima versión cinematográfica de la Guerra Civil, mientras tenemos una Ministra de la cosa más pendiente de que la ropa le quede mejor que a Esperanza Aguirre que de no hacer el ridículo cada vez que abre la boca. Y lo peor es que a veces hasta viaja a representarnos.

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