lunes 9 de abril de 2007
Los pactos con los nacionalistas
Ernesto Ladrón de Guevara
H AY que reconocerle el liderazgo y la calidad humana a Esperanza Aguirre, a quien le tengo una cierta admiración por su personalidad política. Pero lo que dijo el otro día de que el Partido Popular tendría que retomar los pactos con los nacionalistas para frenar la secesión me dejó no sólo preocupado, sino conturbado. Ya estamos de nuevo en el giro del bucle de Tánatos. No me parece admisible que se plantee un pacto con los nacionalistas para frenar el secesionismo. Yo más bien creo que es al contrario, y que esa excusa es una burda justificación de lo que es un propósito de reconfiguración de espacios; es decir, de buscar apoyos para la gobernabilidad en el supuesto de una mayoría relativa. Nadie como yo desea más echar del Gobierno a Zapatero, pero lo que se plantea no me parece otra cosa que una jugada a corto y la falta de perspectiva política a medio plazo. Hacer de los nacionalistas elemento imprescindible para el Estado es tanto como meter dentro del gallinero al zorro. Eso no es solución, más bien es el problema. La perspectiva debe estar en la reforma del marco constitucional en sentido inverso al que predican los nacionalistas y la modificación de las leyes electorales. O eso, o más de lo mismo. Pretender acercarse a partidos como el PNV porque Imaz da una imagen más moderada, es caer en una ingenuidad vergonzante con todo lo que ha llovido hasta hoy. Es no conocer a partidos como el PNV donde sus actores son simples marionetas de una estrategia sostenida en el tiempo que está mostrando una eficacia en la obtención de objetivos que no tiene parangón. Los grandes partidos no se plantean soluciones de Estado que tengan posibilidades de mejorar la situación de la estabilidad política e institucional a medio-largo plazo. Sólo se proponen ocupar la Moncloa. Como sea. Y eso tiene un coste fundamental, que es la falta de políticas de Estado, y, en consecuencia, de resolución de los problemas estructurales que tiene España, bien sea en el campo de las grandes infraestructuras, o en el de la financiación futura de los elementos de la protección y previsión social, como en el de la política hidrológica –ahora que millones de hectolitros se pierden en la desembocadura del Ebro- o el de la Educación, inmigración, financiación de la sanidad, etc etc. Y todo eso, mientras los partidos de ámbito estatal que se predican serios no pongan la carne en el asador para parar el desmembramiento de España y la imposibilidad futura de practicar actuaciones que rindan un servicio al País, no hay nada que hacer. ¿Cómo piensa la señora Aguirre que se puede gobernar con políticas de Estado con quienes condicionan y chantajean para llevarnos al redil de la ruptura de España? ¿No ha quedado eso suficientemente demostrado tanto en la abundante bibliografía ya existente como en la experiencia de estos treinta últimos años? Hay gente que desde su ingenuidad se pregunta cómo es posible que un partido como el PNV lleve casi treinta años gobernando, igualando casi en duración en el poder al que fue General de los ejércitos. Y la respuesta no es que porque es un partido aclamado por las masas, o porque su gestión es inigualable –con el Concierto Económico que evita que los vascos paguemos al Estado nuestros hiperbólicos impuestos cualquiera haría milagros-; la razón es que el PNV ha acompañado al cambio de las estructuras cognitivas de los vascos mediante el adoctrinamiento una labor de clientelismo y de disuasión de cualquier discrepancia, eso sí, con la eficaz apoyatura de los guerrilleros del que se llamaba Movimiento de Liberación Nacional Vasco. ¿Se dan cuenta de que el MLNV –ETA- no se llama últimamente así? ¿Por qué? No son tiempos para alargar el problema. Son momentos para abordarlo y resolverlo. El futuro no es de los tibios sino el de los audaces.
domingo, abril 08, 2007
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