sabado 17 de febrero de 2007
La conversión de Piqué
M. MARTÍN FERRAND
Por M. Martín Ferrand
MARIANO Rajoy, tan dado a irse por los cerros de Úbeda, ha decidido cambiar de itinerario y la semana que viene pretende iniciar la «reconquista» de Cataluña. Ese es, para el PP, un territorio difícil. Desde que José María Aznar, en una de las frecuentes genialidades de sus últimos tiempos de poder, decidió fulminar a Aleix Vidal Quadras como representante, alma y voz de su partido en el Parlament, su presencia ha ido adelgazando y ahora, en la etapa de Josep Piqué, ya no juega en la primera división de la política catalana y, a peores, disputa la liguilla de descenso para ocupar la cola de aquel gran escenario representativo. Por otra parte, sin una notable mejora en los escenarios más adversos para el albergue político de la gaviota -Cataluña, Andalucía...- el futuro del partido que quiere ejercer la alternativa no es que sea incierto, sino que resulta seguro que será perenne oposición.
El arranque del viaje apostólico de Rajoy se producirá en el monasterio de Poblet. Está bien visto. En el siglo XII, Ahmet Ibn al Mansur, hijo del señor moro de Carlet -en la actual Ribera valenciana- y fiel seguidor de Mahoma, viajó hasta el entonces recién fundado monasterio tarraconense. Le sedujo la vida monacal, ingresó en el Cister y, por sus muchas virtudes, ha pasado a la Historia como Bernardo de Alcira. Es un caso límite, y por ello profundamente español, de «contrareconquista»: el moro que llega a santo cristiano mientras, de lanzada en mandoble, los reyes cristianos sometían a los invasores de la media luna.
Quiero decir que, por lo que a Cataluña respecta, lo que el PP necesita está más cerca de lo milagroso y esotérico que de lo estrictamente político. Frente a un nacionalismo civilizado, el de CiU, otro arriscado y con prisas, que protagoniza ERC, otro más confuso y anfibológico, tal que el del PSC, y el estrambote clorofilado del ICV solo tiene sitio, fundamento y rigor un no-nacionalismo como el que, en los días de UCD, supo organizar con éxito Adolfo Suárez. Un catalanismo «light», tibio, de gavina y sardana, no tiene sentido ni cabe en el único partido que nos queda en el ámbito nacional.
El ejemplo de Ahmet Ibn al Mansur que, seguramente se disputarán a dentelladas Eduardo Zaplana y Francisco Camps, es el que conviene a Rajoy para ganar en Cataluña los puntos electorales sin los que nunca llegará a presidente del Gobierno de España. Dado que Poblet es un enclave totémico del catalanismo, Rajoy debe renunciar allí a esa tentación y, para escenificar su desprendimiento, dejarles al abad y al prior la prenda de Piqué. Ellos, caritativos y magistrales, sabrán qué hacer con el hijo de La Vilanova i la Geltrú que, zascandileando, ha difuminado el rostro del PP en Cataluña para travestirlo en un monstruito con barreti-na. Y que san Bernardo, no confundir con otros santos del mismo nombre, nos bendiga a todos.
viernes, febrero 16, 2007
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