En estos días a los periodistas se nos empieza a acumular la plancha
Ely del Valle
De vez en cuando hay rachas en las que la actualidad nos bombardea desde tantas direcciones al mismo tiempo que los artículos de opinión tienen más ingredientes que un pisto manchego.
14 de febrero de 2007. Los actores se suelen quejar de que su suerte va por rachas: lo mismo se pasan un montón de meses mesándose los cabellos junto al teléfono, esperando a que alguien se acuerde de ellos, que se encuentran con un atasco de guiones estupendos sobre la mesa. A los periodistas nos pasa un poco lo mismo. Hay semanas en las que las noticias se vuelven escurridizas y en las redacciones se suda tinta para conseguir un par de columnas medianamente decentes, y otras en las que los hados de la actualidad informativa se confabulan para que los ordenadores echen chispas contribuyendo a ese cambio climático que tan rentable le está saliendo a Al Gore. Ésta en la que estamos, es una de ésas; te asomas a los teletipos y, hay tanto donde elegir, que uno termina llevándose las noticias al peso y jugando con ellas a la ruleta para ver cuál de ellas consigue auparse al podio del titular. No es frecuente que en tan breve espacio de tiempo coincidan la sentencia del Supremo que ha convertido la pena impuesta a De Juana Chaos en una pena de sentencia; el inicio del juicio más esperado de los últimos tiempos contra los imputados por el 11-M; el nombramiento de un ministro que promete ser una perita en dulce para los analistas políticos; la denuncia de José Blanco acusando a las víctimas del terrorismo de hacer apología del ídem (y su inmediato derrapaje); los coletazos de la impactante muerte de la pequeña de los Ortiz-Rocasolano, y el comienzo de los carnavales.Todo junto.La vida del periodista, en estos casos, se convierte en una constante hora punta en la que hay que tirar de Wikipedia para saber qué leches es el dinitrotolueno, de archivo para actualizar el currículo de Fernández Bermejo, de esquemas para no perderse en el intrincado laberinto del banquillo del 11-M, y de mucha intuición para decidir si apuesta por la foto del barco negrero o por la de Otegi esperando con su termo de sopa en la frontera de Euskal Herria, que es por lo visto la meta que su compadre se ha propuesto cruzar antes de meterse en el cuerpo una purrusalda en condiciones para celebrar que esa Justicia que tan poco respeto le ha merecido hasta el momento, le ha rebajado la pena a la altura de una ganga de fin de temporada el mismo día -no vean la guasa que se gasta el destino- en que el acuerdo al que llegaron PSOE y PP para que los terroristas cumplan íntegramente sus condenas, cumplía cuatro años. Un calentón informativo de espanto, oigan.Luego pasa lo que pasa, que los sismógrafos se vuelven medio majaras y todos nos ponemos a disertar como locos sobre epicentros y escalas de Richter, cuando en realidad lo único que ocurre es que, ante el formidable impacto provocado por tanta noticia de peso, a este pobre país nuestro le están empezando a temblar las rodillas.
miércoles, febrero 14, 2007
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