lunes, febrero 05, 2007

Camacho, La bandera de la libertad

martes 6 de febrero de 2007
La bandera de la libertad

IGNACIO CAMACHO
CON lógica cabal, el Foro de Ermua ha recordado a los socialistas la sencilla manera que tienen a su alcance para evitar esa «patrimonialización» de la bandera y el himno de España que tanto parece preocuparles: usándolos en sus actos y manifestaciones como emblemas de la defensa de la libertad y la igualdad de los ciudadanos españoles. De cajón. Símbolos constitucionales para los valores de la España constitucional. Que por no ser de nadie, son de todos... de todos los que creen realmente en esos valores sobre los que se levantó nuestra refundación democrática. Ahí les duele la impostura.
Porque no hay más que ver la carita que pone Zapatero en las (escasas) ocasiones en que se ve obligado a participar en protocolos militares u oficiales con el correspondiente aparato de simbología ceremonial. Se le nota el cartón, se palpa su incomodidad, su rigidez, su engorro. Los dirigentes de este nuevo PSOE adanista -Felipe dixit- y tardoprogre tienden a creer que estas cosas de los símbolos del Estado pertenecen al pacto forzoso que la izquierda hubo de aceptar en una Transición dirigida por el franquismo residual, y que en el mejor de los casos forman parte de una parafernalia propia de los partidos de fútbol. Ellos como se sienten a gusto es bajo los compases de la Internacional y detrás de la enseña republicana, esa rancia antigualla tricolor que lucía, bien visible y a tamaño XXL, en la marcha «por la paz» del 13 de enero. Eso sí, cuando van a Cataluña se ponen firmes con mucho respeto al sonar «Els segadors», vibrante y pacifista himno en el que se insta a cortar cabezas a golpes de hoz.
Quizá el aspecto más negativo del zapaterismo sea que ha devuelto a la socialdemocracia española a la mentalidad previa al pacto de la transición, saltando por encima del pragmatismo patriótico que, con todos sus defectos, supuso la etapa gonzalista, y recayendo en lo que Lenin -otro pragmático- llamó la enfermedad infantil del izquierdismo. Esta gente considera el himno y la bandera un vergonzante asunto del facherío, como si los hubiese inventado Franco, y el mismo concepto de nación española les parece una cuestión reaccionaria, un resabio carca, una reliquia retrógrada. En esa supuesta modernidad tan pueril han disuelto la idea de la nación como garante de la igualdad, y dado cuerda a un identitarismo a la carta, un confederalismo fragmentario que prima los derechos de los territorios sobre los de los ciudadanos. Eso sí que es reaccionario, pero para saberlo hay que estudiar un poco de Historia.
Frente a ese disgregacionismo involucionista, los emblemas del Estado están ahí como símbolo del amparo de la libertad de todos. Para evitar que alguien se los apropie lo que procede no es liarse a banderazos, sino asumir y generalizar su uso sin complejos y con naturalidad cívica. Eso se llama patriotismo constitucional, y trata de algo llamado España.

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