martes 13 de febrero de 2007
Gente de sobra
MANUEL ALCÁNTARA
Cuando el combate electoral está parejo, el resultado de las votaciones lo deciden los indecisos: sobre todo los que a última hora decidieron no ir a votar. Se han admirado muchos portugueses de que después del sonoro llamamiento a la sociedad civil para que acudieran todos a las urnas, lo haya hecho menos de la mitad. La baja participación ha invalidado el 'sí' sobre la despenalización del aborto. La mañana estaba nublada y el 60 por ciento de los convocados se quedó en casita, por si llovía. Si a eso se une que un notable número de ciudadanos tiene una idea contradictoria sobre la interrupción voluntaria del embarazo, ya que sólo son partidarios de que lo hubieran practicado las madres de algunos de sus políticos, se explica el fracaso del referéndum.No existe el temor de que en España suceda algo semejante el próximo 27 de mayo. La Oficina del Censo Electoral está extrañadísima de que se hayan empadronado en numerosos municipios tantos adultos. Resulta que en muchos pueblos deciden la alcaldía un puñado de votos y urge adquirirlos por un puñado de euros. El mejor procedimiento, no obstante, es conseguir que vayan con su papeleta las personas que no han vivido jamás en la localidad. Hay que ganar «como sea», que dicen los entrenadores a sus futbolistas.En las dictaduras es habitual que las elecciones las gane el partido en el poder por un 105 por ciento, pero es menos habitual que se hagan. Si se le pregunta al pueblo lo que quiere se corre el riesgo de recibir una mala contestación. En cambio en las democracias incipientes hay siempre gente de sobra que cumple dos o tres veces con su deber ciudadano y las urnas se convierten en incubadoras. Vaya por Dios. Y vaya lo uno por lo otro.
lunes, febrero 12, 2007
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