lunes, febrero 18, 2008

Tomas Cuesta, La izquieda-reformista

lunes 18 de febrero de 2008
La izquierda-reformista
TOMÁS CUESTA
CUALQUIERA que haya pasado por el trance de acometer reformas y renovar la casa sabe que Benedicto XVI, cuando habla del Infierno, no exagera un ápice. El Infierno no es una añagaza metafísica ni tampoco -yendo de lo divino a lo profano- el escenario de las películas de Rambo. Con la venia del Bosco y de Quevedo, de Rimbaud y del Dante; con la aquiescencia, «of course», de los teólogos dogmáticos, el Infierno no es tal y como nos lo han descrito, sino como lo pinta una cuadrilla de rumanos. El «Vuelva usted mañana», que encocoraba a Larra, sería hoy un ejemplo de puntualidad británica. Los trabajos de Hércules, apenas una ñapa frente a la empresa hercúlea de remozar un baño. Meterse en obras puede torpedear a una familia, resquebrajar la convivencia, marchitar los abrazos. Es una pesadilla sin principio y sin fin, lo mismo que las cenas del Licenciado Cabra. Un suplicio sin tregua por el que, encima, pagas. Igual que los adeptos al látigo y el látex.
La moraleja del asunto es que en esa especie de desfalco que el ministro Bermejo ha perpetrado (de desfalco moral, no se alborote; no es preciso que azuce a los fiscales) el agravio es mayor que el despilfarro. El presupuesto, al fin y al cabo, es una suma de partidas y las partidas se reparten entre los partidarios. ¿Quién le iba a decir a Noam Chomsky que la gramática generativa degeneraría tanto? Pero tampoco es plan que le afeemos a Bermejo que deje su apellido con el pandero al aire. Hay gentes, ya se sabe, inmunes al rubor y que si alguna vez se ponen colorados es para blasonar de un pedigrí rastrero -ful de Estambul: rebuscado en El Rastro- de rojo antifranquista a juego con el cargo. Supongamos, no obstante, que es cierto que el ministro vivía un sin vivir que le desconchaba el ánimo. Que estaba rodeado de mugre y de cochambre, que era un pobre náufrago en un abismo de humedades. Y que, en definitiva, el cuarto de millón que hemos enterrado en el dichoso ático, no responde a un capricho, sino a una necesidad diáfana. Es mucho suponer, mas, sea, supongamos.
En el Primer Año Triunfal del socialismo (cuando guardar las formas aún era obligado), el camarada Guerra quiso que sus jerarcas veranearan en el agro y con el botijo a mano. Guerra, evidentemente, se conocía el paño y sabía que, al poco, el paño menestral sucumbiría ante el empuje de la seda italiana. Entonces comenzó la Larga Marcha que condujo a la izquierda al cachemir desde la pana, desde el fondo de armario a los fondillos del erario. Entonces se fraguó aquel abracadabra que abría cualquier puerta y hacía saltar la banca: ¡Que no falte de nada! Ha transcurrido ya un cuarto de siglo y en las mismas estamos: igual de aperreados y con idénticos collares. Ese chirle discurso santurrón con el que el Zapatero encandila a los incautos -el mismo que jalea sin desmayo la infame turbamulta que ha de jalar del canon- es menos «buenista» que «bobista» por mucho que pretenda estilizarlo. El señor Zapatero, el rayo que no ceja, tiene, entre ceja y ceja, redecorar las almas. En vista de lo cual, el ministro Bermejo ha metido en el lote el alma y los almarios y se ha inventado, a lo tonto, la izquierda-reformista, un hierro ideológico nuevo en esta plaza.
Pero esa es otra historia que puede acabar en drama. Volviendo al sainete del yeso y la plomada, lo que no es de recibo -ni de recibidor, ni de terraza- es que ciertos pelanas que se las dan de gobernantes ni sientan ni padezcan como el común de los mortales. Si supiesen lo duro que es conseguir que un contratista no te vacile con los precios y los plazos; si hubiesen entablado alguna vez un proceso de paz con un taladro, sabrían que el Infierno no solamente existe sino que su sentina rebosa de falsarios. Sea como sea, lo que tendría guasa es que al señor Bermejo -que es un violador del verso y un deslenguado figurón del «rap» parlamentario- le desahuciaran del pisito dentro de tres semanas. La justicia poética no claudica ante nadie.

http://www.abc.es/20080218/opinion-firmas/izquierda-reformista_200802180254.html

No hay comentarios: