miercoles 6 de febrero de 2008
Se desploma la confianza económica
PARA no ser una crisis económica, los datos que conocimos ayer de la economía española son extraordinariamente malos. Se está convirtiendo en costumbre tener que empezar cualquier análisis con la coletilla de «mínimo histórico». Así volvió a suceder ayer con el indicador de confianza que publica el Instituto de Crédito Oficial y con el indicador PMI de servicios. También el índice de producción industrial descendió un 2,4 por ciento, el peor dato desde junio de 2002. No es extraño que la Bolsa reaccionara, precipitándose al abismo, y cayera un 5,2 por ciento, lejos de cualquier corrección técnica y muy por encima de cualquier otro país de nuestro entorno, lastrada por un sector financiero que acusa el miedo al contagio del «efecto Société Générale» y las inmobiliarias. Es el segundo peor día desde 2001, sólo superado por el crash del pasado 21 de enero. Inversores y consumidores no parecen encontrar consuelo en las explicaciones oficiales de que la crisis es un fenómeno típicamente americano, como las primarias, que ayer vivieron su «supermartes», ni en que la economía española es fundamentalmente sólida porque se han tomado las medidas oportunas. Los datos desmienten esa sesgada interpretación.
El indicador de confianza del consumidor del ICO de enero cayó 19,7 puntos en un año, hasta situarse en 70,9, su mínimo histórico, sobre todo debido al desplome en la evaluación de la situación actual de la economía española. Si en los meses anteriores eran el entorno internacional y las perspectivas de futuro las que hacían mella en la confianza, en enero ha sido la percepción del momento. No es que los españoles teman que la economía se complique, sino que sienten que ya se ha pegado el batacazo. El PMI de servicios -un dato menos conocido, pero de más impacto entre especialistas y en los mercados financieros, porque se construye en todos los países industriales siguiendo la misma metodología de encuesta a los gerentes de compras de servicios- se aproximó al vacío y registró el peor dato en nueve años: cayó a 44,2, cuando normalmente se interpreta que por debajo de 50 significa recesión. Es un dato especialmente sensible para España, una economía de servicios donde el peso del sector en el empleo, la producción y los índices bursátiles es muy superior al de Francia o Alemania. Tiene una lectura obvia en las perspectivas de crecimiento y empleo y en las posibilidades -hoy ya casi inexistentes- de que este sector sea capaz de tomar el relevo de la construcción para facilitar un ajuste gradual.
La conclusión es inevitable: el ajuste es hoy ya brusco y puede ser cruel, por imprevisión y por el empeño en negar la realidad. La economía ha irrumpido con fuerza en la carrera electoral por méritos propios. Ya no puede el Gobierno esconderse en la tesis del patriotismo económico, en que los populares son unos carroñeros que llaman a la debacle o en un balance aseado de toda la legislatura. Hoy cobran toda su relevancia las palabras de Pizarro de que lo importante en un accidente de carretera es la velocidad de impacto, no la media desde que se inició el recorrido. Si la Dirección General de Tráfico impone su sanción por una «foto finish», los españoles habrán de sancionar al Gobierno con su voto por el estado de la economía el 9 de marzo.
El presidente Zapatero debe pensar que los españoles quieren un Gobierno como el amante del poema de Pablo Neruda: «me gusta cuando callas porque estás como ausente». Sigue perdido, sin un diagnóstico claro, ni una política económica identificable, discutiendo si sus ocurrencias fiscales son o no progresistas y si las iniciativas nacen de Moncloa o del Ministerio de Hacienda. Mientras tanto, el tiempo se nos escapa de las manos y aquella tormenta tropical del Nuevo Continente se ha convertido en un huracán que se ha llevado por delante una cuarta parte del patrimonio bursátil de más de diez millones de españoles, más de 100.000 empleos y la confianza de consumidores, industriales y gerentes. En tiempos de tormenta, los electores no necesitan un poeta al timón, sino un capitán que ofrezca credibilidad y confianza. La que en este momento no encuentran.
http://www.abc.es/20080206/opinion-editorial/desploma-confianza-economica_200802060252.html
miércoles, febrero 06, 2008
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