martes 12 de febrero de 2008
La apoteosis de la ceja
Lorenzo Contreras
La precampaña electoral ha entrado en vías de frivolidad estudiada. Al zapaterismo le ha convenido que la farándula sea factor de protagonismo en el proceso político que ha de culminar el 9 de marzo. El mismo mundo del “pásalo, pásalo”, que tanta relevancia alcanzó en los días clave del 11 al 14 de marzo del 2004, acaba de ser convocado por ZP con el evidente objetivo de golpear la imaginación popular con el martillo de la ruidosa fama. La atención del electorado, en una parte sustancial, se desvía de lo importante. Es mucho lo que España se juega en estas elecciones. Y eso es precisamente lo que el zapaterismo quiere apartar de la conciencia pública. El lema de la “mirada positiva” se complementa ahora con una convocatoria a la inmersión global en la alegría. Nada probablemente más contraindicado en estos momentos desde el punto de vista de la lógica. Pero la lógica ha dejado de tener espacio y papel en el psicodrama político que se representa. Y, en consecuencia, la alegría pasa a figurar como combustible electoralista en una especie de nueva “movida”. Vayamos, pues, todos juntos por la senda del regocijo y de la fe en la felicidad que los datos concretos vienen desmintiendo o cuestionando.
El franquismo, en los tiempos más tenebrosos de la posguerra, cuando, como dijo Gironella, había estallado la paz, le puso música a la letra del Cara al Sol excitando al pobre pueblo a un “paso alegre” en la dirección de la paz prisionera. Hoy, casi de manera análoga, el zapaterismo invita a emprender una marcha equivalente. No se trata de ser un pueblo más consciente, más responsable, más exigente en torno a valores que no deben decaer, sino de asumir el papel casi carnavalesco de una especie de alegría irreflexiva. Contentos, pues, hacia delante. Desde que los padres de la Constitución de Cádiz, la gloriosa “Pepa”, exigieron que todos los españoles fueran “justos y benéficos”, nada parecido se había formulado como mensaje político y, en el caso presente, electoralista.
Alegría, pues. Y al objeto de que tal sentimiento cunda y logre el suficiente abono para crecer y arraigarse, nada mejor que encomendar a la farándula más fácilmente idolatrada la administración de los indispensables estímulos. Era preciso encontrar un símbolo capaz de “enganchar” al electorado conquistable y seducirlo de modo irreversible. Y ese símbolo no ha sido, por ejemplo, un logro diplomático, una hazaña científica, un avance social, una promesa racional y creíble de un país mejor. Nada de eso. El símbolo ha sido el arco ciliar de Zapatero. O sea, el par de cejas circunflejas que caracterizan su rostro.
Ya conocemos el espectáculo. Los ídolos de la farándula han imitado con sus respectivos dedos índice el arco triunfal de la ceja del líder. De lo ridículo a lo sublime, o al revés. Al paso alegre de la paz, los mismos que el 11-M y siguientes desfilaron por las calles de Madrid reclamando la verdad sobre lo acontecido en aquella monstruosidad terrorista, luego al grito de “qué pasó”, presto a convertirse en el eslogan “pásalo, pásalo”, arrastraron los votos necesarios para que Zapatero se convirtiera en el presidente de Gobierno más inesperado que España podía imaginar.
Hoy, con los sondeos señalando un inquietante empate electoral, el PSOE y sus comparsas subvencionados se han instalado en una nueva plataforma: una plataforma llamada PAZ (Plataforma de Apoyo a Zapatero). Y el propio ZP, sin el menor pudor, ha colocado su curvado dedo índice sobre una de sus inmortales cejas. Todo un símbolo para la historia. Churchill acuñó con sus dedos la uve de la victoria. Esta otra rúbrica gestual que ha inventado ZP, o le han inventado, completa un maravilloso recorrido personal. Veni, vidi, vici. Por ahora.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=12/02/2008&name=contreras
martes, febrero 12, 2008
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