lunes 18 de febrero de 20008
Terrorismo y elecciones
Germán Yanke
Si en las circunstancias actuales la política antiterrorista sigue estando en la agenda de los debates electorales, es que vivimos inmersos en una maldita enfermedad política. No se trata de defender el consenso por el consenso o el servilismo de la oposición al Gobierno, pero sí de poner en vigencia —o volver a hacerlo— instrumentos útiles y eficaces para que una “política de Estado” no deje de serlo.
En las intervenciones electorales de este fin de semana, el presidente Rodríguez Zapatero ha cifrado su patriotismo en su apoyo a José María Aznar en política antiterrorista. Visto así, el observador podía preguntarse si en la última legislatura del PP, el secretario general estaba o no de acuerdo con lo que hacía el Gobierno. Al menos para ver si el “patriotismo” del que hace gala es callar sus discrepancias o, sencillamente, coincidir con la política gubernamental. Lo fundamental de las relaciones entre Gobierno y oposición en esta materia aquellos años fue el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo que, en esencia, tenía dos contenidos fundamentales. Uno, para los terroristas: la política no iba a cambiar si cambiaba el Gobierno. Otro, para los firmantes: las modificaciones de envergadura en política antiterrorista tenían que ser pactadas previamente entre los dos grandes partidos. El patriotismo, en definitiva, no es callarse lo que se piensa o coincidir con fortuna, sino establecer instrumentos como el del Pacto. Un patriotismo, como se ve, compartido.
Si las cosas no han sido así en estos cuatro años, se debe a que el PSOE ha dado por fallecido —como un simple papel, según expresión famosa— el Pacto porque quería ensayar una política que nunca tendría el aval del otro firmante. El acuerdo entre ambos partidos para dialogar con ETA ha sido propuesto ahora por dirigentes socialistas como Rodríguez Ibarra, pero refleja más la desesperación por el fracaso del “proceso” que un proyecto positivo y que ya conocíamos: el acuerdo, en general, en materia antiterrorista.
Estando tan claro el procedimiento acertado resulta un tanto triste que, ya a punto de comenzar la campaña, siga la murga de los reproches. El último, el del presidente, que arremete contra su contrincante por haber permanecido en silencio tras la detención de los terroristas de la T-4 que permanecían huidos. El anterior, el malhadado detalle de añadir a la queja por el retraso al instar la ilegalización de ANV y el Partido Comunista de las Tierras Vascas que se había hecho mal. Todo ello síntomas de un problema político en el que la utilización de la política antiterrorista parece más un instrumento electoral que un instrumento eficaz para defender las libertades.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=18/02/2008&name=german
lunes, febrero 18, 2008
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