miércoles, octubre 17, 2007

El PC chino aplaza la democracia

miercoles 17 de octubre de 2007
El PC chino aplaza la democracia
DESPUÉS de haber liderado tres décadas de transformaciones que han cambiado radicalmente la faz del país más poblado del planeta, el Partido Comunista Chino necesita cuanto antes dotarse de una legitimidad distinta de la que emana del mero ejercicio del poder, porque las reformas lo conducen a una permanente incongruencia ideológica. Por el momento, lo único que ha quedado claro de este XVII Congreso de los comunistas chinos no quieren que esa legitimidad sea la democrática: aunque todas las crónicas hayan remarcado la circunstancia de que la palabra en cuestión fuera citada no menos de sesenta veces en el discurso de Hu Jintao, han decidido que en ningún caso se pondrá en peligro la hegemonía absoluta del partido en la dirección del país. El alcance de las aspiraciones democráticas oficiales se limita al interior del partido y a los primeros escalones de la cadena de mando, y en ningún caso se ha mencionado, ni de pasada, la posibilidad de introducir mecanismos electivos para designar a las primeras autoridades del Gobierno.
Por el contrario, el congreso del Partido Comunista ha reiterado la prioridad del crecimiento económico acelerado por encima de cualquier otra consideración, al menos durante los próximos diez años. Sin tener que medir los más que evidentes problemas medioambientales que arrastra consigo esa fórmula o, lo que es más importante, sin tener en cuenta que las diferencias entre ricos y pobres aumentan a gran velocidad, los comunistas chinos pretenden seguir anclados en una fórmula que, como ellos mismos saben, no les permite ya detenerse ni volver atrás.
Por ello resulta cada vez más extravagante escuchar las lamentaciones del máximo dirigente chino, Hu Jintao, sobre los problemas que están minando la modernización del país, como las diferencias sociales, la corrupción o el deterioro del medio ambiente, sabiendo que son fruto de sus propias orientaciones políticas. El marxismo y la revolución maoísta han quedado atrás, y el comunismo es un referente agotado en todo el mundo; en China, aunque ya no se trate más que de una evocación retórica, le queda muy poco tiempo para seguir siendo el único anclaje político del poder, mucho menos como referente de su papel en el mundo.
Diga lo que diga el Partido Comunista, la democracia es una necesidad para China porque es la única receta útil para garantizar que ese desarrollo económico que se ha impuesto como objetivo se cimente sobre bases sociales sólidas. Seguir así no hará más que aumentar el número de ciudadanos que no se sienten vinculados con un crecimiento planificado a sus espaldas. Hace un cuarto de siglo, cuando los chinos no tenían para comer, la dialéctica marxista-leninista quizá tuviera algún sentido para ellos. Hoy, afortunadamente, está creciendo una dinámica clase media urbana para la que muy pronto el Partido Comunista dejará de ser una referencia.

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